Memoria de mina y cultura

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Armando Menéndez recupera las pinturas sobre el carbón de Mariano Moré para ilustrar un cuento reivindicativo | 'Pin y el misteriu de Llampaces' recuerda el pasado industrial de Asturias para apuntalar un futuro «que no podemos seguir esperando»

MARÍA DE ÁLVARO

Armando Menéndez, médico, escritor y hombre inquieto y comprometido, quiso un día animar a un amigo que, emigrante en Nueva York, echaba de menos su casa. Le escribió «un cuentín», la historia de un guaje, Pin, que encontró un jeroglífico en una cueva de la Cuenca y, sin saberlo, el sentido de las cosas y el valor de la cultura: gracias a esos trazos y a la sabiduría de su padre, mineru y casi analfabeto. La peripecia del chaval, relatada a modo de fábula, reivindica el pasado industrial de «la Asturias que fuimos», cuando la luz eléctrica llegó antes al «pueblín de El Condado» que a Madrid, y clama por recuperar «la autoestima y la historia», por un futuro «que no podemos seguir esperando», porque «la Asturias que somos es fruto de olvidar nuestro potencial». La casualidad, puede que el destino, hizo el resto. Resultó que su amigo era Mauro García-Oliva, «que hoy disfruta de los paxarinos parlleros que también viven en Central Park», hijo de Vicente García-Oliva, escritor y académico de la Llingua. Fue él quien vio en aquel texto enviado una noche por correo electrónico un libro.

Y eso es hoy, editado por la Fundación DAF, con la que el propio Armando realiza trabajos de cooperación vinculados con la educación en medio mundo. Pero no es el pequeño Pin el único protagonista de esta historia, porque el texto llega acompañado de una colección de pinturas de Mariano Moré, algunas inéditas por pertenecer a los fondos de la familia del pintor y todas vinculadas a la mina, unas imágenes que más que completar el texto casi hasta lo explican, con esa capacidad de Moré para «denunciar el dolor a través del arte, una obligación con las víctimas y las futuras generaciones».

Completa el círculo para cerrarlo un emocionante texto de Covadonga Valdés Moré, nieta del pintor, que le recuerda de niña pintando como si fuera «un mago» y plasmando «la belleza del día a día». Y, para abrocharlo todo, imágenes de los escenarios reales en los que se ambienta el cuento, la vieja mina de Llampaces, en las montañas de Laviana.

'Pin y el misteriu de Llampaces' se titula esta pequeña obra de arte para niños de «hasta 90 años», puede que más, publicada simultáneamente en castellano, asturiano e inglés, y aderezada con los testimonios de quienes compartieron con su autor «recuerdos de una vida muy dura que forjó a los hombres y mujeres de esos valles, ahora abandonados por los jóvenes».