Menéndez Pidal y su retrato escondido

Raquel Huergo, Carmen Moriyón, Juan Carlos Villaverde, a la izquierda del retrato de Menéndez Pidal. Al otro lado, Juaco López y Montserrat López. /  AURELIO FLÓREZ
Raquel Huergo, Carmen Moriyón, Juan Carlos Villaverde, a la izquierda del retrato de Menéndez Pidal. Al otro lado, Juaco López y Montserrat López. / AURELIO FLÓREZ

Gijón conmemora el 50 aniversario de la muerte del intelectual con una exposición en el Antiguo Instituto

M. F. ANTUÑA GIJÓN.

Le faltaron poco menos de cuatro meses para cumplir los cien años a Ramón Menéndez Pidal, ese asturiano nacido en La Coruña en 1869 -su madre era de Villaviciosa y su padre de Lena- que moría en 1968 en Madrid dejando un amplio legado en el conocimiento de la lengua española y también de la asturiana. A él se rinde tributo estos días en el Centro de Cultura Antiguo Instituto de Gijón, que presenta en su sala 3 una pequeña exposición titulada 'A la memoria de Ramón Menéndez Pidal en el 50 aniversario de su fallecimiento' y que incluye un óleo inédito del intelectual y 14 fotografías del archivo de 'La Voz de Asturias'.

La razón del homenaje está en la efeméride y también en el hecho de que el Museo del Pueblo de Asturias se haya hecho con un retrato suyo obra del pintor húngaro Emeric Tausz Torday realizado en 1956 y que ha sido donado por Eva Tausz Szücs, hija del artista, junto a otro retrato de Gerardo Diego que se expone estos días en el Museo Casa Natal de Jovellanos.

Se incorpora esta obra a la iconoteca del Museo del Pueblo de Asturias, compuesta por un sinfín de retratos, en su mayoría fotografías, aunque también hay grabados, de personalidades asturianas de distintos ámbitos: de Jovellanos a Feijoo, pasando por Riego o Campomanes, por citar solo algunas. Esta iconoteca se presenta como la única existente en Asturias tras la desaparición, en octubre de 1934, de la que atesoraba la Universidad de Oviedo. Son pocos los óleos, pues no es pictórica la vocación del museo, aunque existen algunos.

Este que ahora se expone tiene una historia muy particular. Llega a Asturias casi de manera casual, después de que Eva Tausz lo conservara en su casa de Majadahonda. Ella, que había vivido en Londres y trabajaba en Madrid en el Corte Inglés, recibió la visita de su padre a mitad del siglo pasado y este, en el ánimo de hacer mercado pictórico en el Madrid de la época, retrató a algunos intelectuales como Menéndez Pidal y Gerardo Diego. Su voluntad de donar los óleos se concretó tras una visita de Juaco López a Madrid. Las obras son ya parte del patrimonio cultural de Gijón, que se hace así con el primer retrato que existe en Asturias del intelectual.

Fue precisamente el patrimonio lingüístico español y también el asturiano el que estudió a fondo Ramón Menéndez Pidal, y del que habló ayer con profusión, en la inauguración de la muestra, el profesor de la Universidad de Oviedo Juan Carlos Villaverde. Destacó su dimensión humana, rememoró su amor por Asturias y habló de sus trabajos lingüísticos vinculados con esta tierra: «Él individualiza por primera vez el dominio asturleonés y lo distingue del español y el gallego», apunta. Y añade que su preocupación por el asturiano «fue constante» y que incluso hizo en 1910 una encuesta dialectal que permanece inédita y que se publicará el próximo año. De hecho, recordó que fue en Asturias, su paraíso perdido, donde nació su vocación por las letras.

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