«El mercado está asfixiando a los artistas»

Adriana Suárez, a la ventana de su casa de Gijón, ante la plaza del Parchís. / ARNALDO GARCÍA
Adriana Suárez, a la ventana de su casa de Gijón, ante la plaza del Parchís. / ARNALDO GARCÍA

La experta en arte, que empieza a colaborar con EL COMERCIO, alerta de que se exige demasiada producción a los pintores «y eso se nota en la calidad de sus cuadros»

MIGUEL ROJO GIJÓN.

Podría decirse que Adriana Suárez (Gijón, 1973) nació entre cuadros y bastidores, rodeada de las conversaciones de la Galería Altamira que dirigía su padre, Eduardo. Ella misma, con sus hermanos Diego y Lucas, se pondría años después al frente y, desde entonces, el arte ha sido siempre el centro de su vida. Primero en ATM Contemporary, en Deva, después con la galería que bautizó con su nombre y, ahora, dedicada a la asesoría artística y a la tasación, reservando la organización de exposiciones para las ocasiones especiales. A partir de la próxima semana empezará también a colaborar con EL COMERCIO, escribiendo, claro, sobre arte.

-¿El amor por el arte es hereditario?

-Me crié en la galería, rodeada de artistas y exposiciones, había coloquios en mi casa con gente muy interesante y, los domingos, mi padre nos llevaba a Oviedo al Museo de Bellas Artes o a cualquier otro museo. En nuestra casa no se hablaba de fútbol, ni se iba nunca. Solo de arte, de música, de literatura... Hasta el último día, mi padre siguió en relación con sus artistas, sobre todo con Aurelio Suárez, que estaba casi a diario con nosotros. Aprendí de él a mantener la calma ante los fracasos y a tener una mirada propia sobre el arte.

-Acabamos de elegir Gobierno en Asturias. ¿Qué políticas deberían seguirse en materia artística?

-Cualquier negocio cultural, una librería, una galería de arte, es tan frágil que necesita apoyo. Quien está al frente de ellos es por algo vocacional, si no, no se podría. Yo creo que la mejor es la política cultural que aplicó Holland en París, protegiendo a todos estos negocios, incluidos los anticuarios, las tiendas de música... Lo hizo ofreciendo ayudas a quienes contratasen a licenciados en humanidades, dándoles grandes facilidades fiscales. Se podría hacer aquí y generaría empleo para los que estudian letras.

-¿Cuál es el estado de salud del mercado del arte?

-Hay tres niveles. En el internacional hay una liquidez increíble, sobre todo por los compradores asiáticos y árabes. En Madrid y Barcelona también va bien. Pero en el resto de España y en Asturias la crisis es absoluta. Las casas de subastas han ocupado el lugar de las galerías, ofreciendo lotes a precios ridículos en Madrid. Si un cuadro de Aurelio Suárez cuesta en Gijón 9.000 euros, allí se compra por 5.000. Y lo hacen con todos, nos afecta a todos.

-¿Y cómo se sale de esta?

-La única forma es viajar fuera para vender arte, a ferias. Un buen mercado para nosotros es México, Perú, no solo por el idioma, sino porque les interesa mucho lo que tenemos en España. México se convertirá pronto en la quinta economía del mundo, según dicen, y, cuando la economía crece, hay buen mercado para el arte.

-¿Hay alguna medida para que puedan mejorar aquí las cosas?

-Es indispensable una buena ley de mecenazgo y que haya un Ministerio de Cultura que tome las riendas. Se podría favorecer que Hacienda aceptase obras de arte como dación en pago... La cultura es siempre la hermana menor, no somos empresas como las demás, tenemos unas características especiales. A nivel local tengo una gran esperanza en que se haga un proyecto con cabeza en Tabacalera, que sea el gran museo de Gijón. Y que se revisen los museos locales, que parecen estar aletargados.

-En Oviedo, el Bellas Artes parece ir viento en popa.

-Es el motor del arte en Asturias. Alfonso Palacio, su director, tiene una gran formación, un gran criterio, y puede decirse que creció en el museo. La gente se fía de él y consigue cosas muy importantes. En el otro extremo, tenemos a Laboral Centro de Arte, con una persona muy preparada, muy profesional, al frente de una carcasa vacía.

-¿A qué artista asturiano no podemos quitarle el ojo?

-El artista asturiano del siglo XX con más proyección internacional es de Gijón y se llama Aurelio Suárez. No es un autor regionalista, como Valle o Piñole. Tiene una visión personal del mundo que gusta cuando la explicas, y cualquier coleccionista te lo compra.

-¿Por qué no acaban de calar en el mercado los nuevos formatos audiovisuales?

-Quienes mandan son los asiáticos, y a ellos no les gusta ni lo audiovisual ni la fotografía, porque es muy fácil de copiar. A veces no hay rigor sobre cuántas copias puede haber de una fotografía, o de si se van a hacer más. No quieren que haya una máquina que pueda replicar su obra de arte, quieren a personas detrás de ellas. El problema es que, por esa razón, el mercado del arte estropea a los artistas, los asfixia.

-¿Cómo es eso?

-Se les exige tanta producción que se nota en la calidad de su obra. Les piden un gran número de cuadros, les fuerzan a trabajar para ganar dinero. El artista debería tener un sueldo u otra actividad que le permitiese ser libre creativamente. En realidad, los grandes pintores que triunfaron en la historia no vendían un cuadro en su vida. El arte necesita tiempo para surgir. Por eso es tan importante la ley de mecenazgo.

-¿Qué papel tienen los medios de comunicación en la promoción del arte?

-Son importantísimos. Uno de los motivos por los que me encanta escribir, y a partir de ahora quiero hacerlo en EL COMERCIO, es porque el papel de la prensa supone un apoyo impagable para las galerías locales. Este periódico siempre apoyó a los artistas y es indispensable para la promoción de los artistas en Gijón. Siempre quise escribir aquí.