Mieres y su generación se reencuentran

'Para que estalle el drama', de Orlando Pelayo. /
'Para que estalle el drama', de Orlando Pelayo.

Esculturas de Navascués, pinturas de Orlando Pelayo y Suárez, legados de Camín y Vaquero Turcios envuelven su obra en una exposición El pintor fallecido en febrero comparte paredes con los grandes de su tiempo, todos ya desaparecidos

PACHÉ MERAYO GIJÓN.

Antes de entrar en la sala, en la misma calle, asoma sus misterios uno de los impresionantes pilotos de madera de José María Navascués (Madrid, 1934-Oviedo, 1979). Sus curvas brillantes, los secretos de su tratamiento -que hacen imperecederos los nudos del pino báltico que utilizaba-, narran el relato de un tiempo, de un genio y de una generación de maestros. Asoma el piloto con sus engranajes también tallados a la luna de la izquierda. En la de la derecha, una obra de Joaquín Vaquero Turcios (Madrid, 1933 - Santander, 2010). Una de sus abstracciones sobre arenas policromadas. En el medio, la puerta. La puerta de cristal de Aurora Vigil-Escalera. Y tras ellas, el primer Mieres. Una delicada acuarela de su serie azul. Él es el centro de atención, porque a él, que gobierna desde el fondo la estancia, se dedica esta muestra, pero todos son protagonistas. También Orlando Pelayo (Gijón, 1920 - Oviedo, 1990), Antonio Suárez (Gijón, 1923 - Madrid, 2013) y Joaquín Rubio Camín (Gijón, 1929 - 2007) . Todos desaparecidos. Alejandro Mieres (Astudillo, Palencia, 1927 - Gijón, 2018), el último de ellos. Murió en febrero y desde entonces la galerista Aurora Vigil-Escalera ha estado buscando la manera de rendirle homenaje. «Un homenaje íntimo, nada pretencioso». Lo dice mirando la gran pieza azul, el óleo sobre madera que ha rescatado de una colección privada para presidir todo el conjunto.

Mieres está unido desde siempre a la galerista. Fue artista de cabecera en la veterana y hoy desaparecida sala Van Dyck, regentada por sus padres y dirigida por ella. En sus paredes mostraba cada año, especialmente desde 2005, su obra recién salida del estudio. Hoy vuelve con ella, pero a su nuevo espacio en calle Capua, cerca del mar que tanto paseaba el pintor.

'Desde aquellos tiempo'

'Alejandro Mieres. Desde aquellos tiempos' se titula este reencuentro con el pintor, que queda abrazado por una lista de notables del siglo XX asturiano, miembros de su generación, de aquel grupo de activos pintores y escultores, que se encontró en Asturias cuando la vida le trajo aquí como profesor de dibujo. Y entre ellos, uno de los genios mayores, José María Navascués, del que Mieres fue gran amigo y del que contaba que era un hombre atormentado, que su último día de vida se asomó a la azotea donde encontró la muerte porque creía que podía volar.

De Navascués se exhiben dos esculturas de su etapa negra. El mencionado 'Piloto' impresiona tanto con sus ensamblajes cerrados como con sus formas desplegadas en una bicefalia brillante. La segunda, colocada en mitad de la sala con toda su potencia, es 'Eros', obra gemela de otra del mismo nombre que custodia el Museo de Bellas Artes de Asturias.

De Camín ha reunido una deliciosa colección de maquetas policromadas, dos volúmenes escultóricos ('Escultura o Ingenio' y 'Monumento'), y un impresionante bajorrelieve, titulado 'Paisaje', que comparte la pared frontal con tres impresionantes piezas del propio Mieres.

Orlando Pelayo aparece representado en la magnífica tela 'Para que estalle el drama', catalogada entre sus obras mayores y situada entre dos pinturas de Antonio Suárez. Mirando a la calle, un bronce tallado y otra pequeña pintura del genial gijonés. Suárez, el único que acude al encuentro solo con pintura, regresa con cuadros de los años 60, su mejor etapa. Cierra el conjunto, Vaquero Turcios, también con dos lienzos de esa época, en que fue más figurativo, otras dos telas en las que se mostraba atraído por la abstracción, así como un pequeño volumen.

La exposición, que abrirá sus puertas formalmente el próximo día 10 de agosto, aguarda solo las últimas luces.

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