Muere José Legazpi, el escultor asturiano enamorado de la madera

El artista asturiano José Legazpi (d), durante la visita guiada por una exposición./EFE
El artista asturiano José Legazpi (d), durante la visita guiada por una exposición. / EFE

El autor de la serie 'Perra vida', creador de ingeniosas máquinas sin uso concreto, deja tras de sí una amplia trayectoria en la que también brilló en la pintura, el estudio y la conversación

Miguel Rojo
MIGUEL ROJOGijón

Ha muerto a los 76 años José Legazpi, el escultor que creó originales ingenios y cachivaches, el de la serie 'Perra vida', en la que reflejaba todo tipo de personajes de las clases sociales más bajas, el viejo maestro artesano de la madera. El conversador inteligente y vehemente que sus amigos describen como un apasionado de la palabra pausada. José Manuel Martínez Legazpi nació en Bres (Taramundi), el 20 de febrero de 1943, en casa de sus abuelos maternos, descendientes de gentes vascas vinculadas a la industria tradicional del hierro y fundadores de una herrería hidráulica. Fue el mayor de los tres hijos de Manuel Martínez Vijande, original de Vegadeo, villa donde estableció la residencia familiar, y de Purificación Legazpi Rodríguez. Allí transcurrió la infancia del artista hasta los diez años, cuando influenciado por la fuerte religiosidad de su familia ingresa en el Seminario Metropolitano de Oviedo, donde permanece diez años cursando estudios de Filosofía y Teología. De esa infancia quedaron marcados en su ADN los golpes de los martillos sobre el hierro en la fragua y una profunda inquietud intelectual y cultural. En el seminario descubrió el arte de vanguardia y comenzó a dibujar, desde recuerdos de sus viajes a piezas de cerámica, siempre desde un punto de vista académico. Tras dejar el seminario decidió dedicarse a la pintura y fijó su estudio en una vieja carpintería del barrio ovetense de Fozaneldi. Aunque ya había expuesto en Vegadeo en 1960 y durante su estancia en Jerusalén en 1965, sería en la segunda parte de esa década cuando entra en contacto con los artistas asturianos -en especial con Carlos Sierra, con quien compartió después taller en La Argañosa- y su obra empieza a ser conocida, sobre todo gracias a dos exposiciones clave, una en el Palacio Conde de Toreno (1967) y otra en la sala de la Caja de Ahorros de Asturias (1969).

En los primeros años 70, recoge Soledad Álvarez en el capítulo dedicado a Legazpi en 'Artistas Asturianos', su lenguaje artístico es duro, agresivo y de fuerte expresionismo en todos los

aspectos, siempre con la problemática humana en su punto de mira. En 1971, después de cumplir el Servicio Militar, el artista viviría cinco años en Tenerife, donde su trabajo daría un giro estético y empieza a interesarse por el volumen. Aquellos años expone en Tenerife y Oviedo y participa en varias muestras colectivas en España, Estados Unidos, Dinamarca e Italia. Muchas de aquellas obras tienen la luz de las Canarias en vez de la oscuridad asturiana en sus lienzos. En 1975 se casa con Alicia Fuenteseca, con quien tendría un hijo, Diego, y establece su residencia en Tapia de Casariego e inicia una nueva serie pictórica. Las figuras humanas aisladas de la etapa precedente son sustituidas por representaciones de muertos y despojos humanos, alusivos a los estados de violencia, opresión, angustia y desesperanza que entonces se vivían. Una vez llegada la democracia, suaviza su discurso e inicia en 1978 un breve periodo de ensayos puramente plásticos que expone en la galería Tassili de Oviedo, recurriendo a la fibra de vidrio como soporte y creando relieves de poliéster, acercándose a la abstracción. Una vía que pronto abandonó. En aquellos años expuso habitualmente por toda Asturias, y se hizo con el premio al mejor pintor asturiano en el Concurso Astur-Leonés de Pintura (1975) y el Primer Premio en el VIII Certamen Nacional de Pintura de Luarca, en 1977.

Fue al establecer su residencia en San Esteban de las Dorigas (Salas) en 1979, cuando se restaura la casa familiar de su mujer y tras pasar algunos años en Tapia y Castropol cuando se mete de lleno en el aprendizaje de las viejas técnicas artesanales de la madera y la piedra. Y es precisamente en ese ámbito donde inicia una nueva fase creativa que refleja quizá mejor que ninguna anterior la complejidad y profundidad de la obra de este artista. La

madera, que el artista convierte en materia preferida y recurrente y que le une a sus raíces, a la tierra que le vio nacer. Utilizando formones y azuelas –que en ocasiones él mismo fabrica- parte en cada pieza en busca de cortes elementales, cercanos a lo artesanal. Esporádicamente incorpora piedra y hierro a sus creaciones. Su interés etnográfico y cultural le llevan a publicar varios libros sobre esa temática: 'La Patefa' (1980), 'El llagar y la sidra' (1982), 'Ingenios de madera' (1991), 'Sidra y manzana en Asturias' (1993), 'Carpinteros de ribera y pesca de litoral'... A partir de sus estudios de teoría de la forma y con el referente de los ingenios y las

tradiciones artesanales, Legazpi crea sus ingenios, piezas desposeídas de función, salvo la puramente estética. Las primeras series escultóricas planteadas según tales supuestos son las 'Carracas' y las 'Matracas', realizadas entre 1985 y 1989 y presentadas en el Museo de Bellas Artes de Asturias ese último año. Se trata de esculturas que, entendidas como ingenios mecánicos, requieren la intervención de un agente externo de origen natural como el viento o el agua. Todas ellas alcanzan considerable tamaño y volumen. Después llegarían los 'Mojones', donde exploraría también la piedra y la de las 'Boyas', esculturas ligadas al agua en las que utiliza la madera, el cuero, el hierro y cuerdas y que seguiría trabajando hasta 2002, cuando incluye dos boyas en la exposición 'Confluencias' celebrada en el Edificio Histórico de la Universidad de Oviedo. Fue quizás una de las más importantes junto a la antológica celebrada en el Palacio de Revillagigedo de Gijón en la primavera de 1995, en la que expuso todas las vertientes de la producción realizada durante treinta años de actividad artística. También estuvieron sus obras presentes en las salas del Arenal de la Exposición Universal de Sevilla (1992), así como de las colectivas 'Pintores Asturianos nacidos las décadas 40 y 50' y 'Escultores Asturianos nacidos en las décadas 40 y 50' del Museo Barloja de Gijón (1996 y 1997), además de otras muestras como 'La Escultura en Norte'.

(Salas, 2000 y 2003), el 'Occidente Próximo' (itinerante, 2001) y la mencionada de 'Confluencias 2002'. En su etapa más reciente, Legazpi cruza fronteras, y convierte sus esculturas en pinturas o sus cuadros en relieves. Aunque el periodo de maduración de los 'Pasmados' se remonta a varios años atrás, las primeras piezas de la nueva serie datan del año 2000, en los que vuelve a la figuración. Así evolucionaría hasta llegar a su serie de 'Perra vida', un grupo de anónimos personajes que viven en los márgenes de la sociedad que se pudieron ver en Cornión en 2017, una de sus salas de cabecera, y que también fueron expuestas en la Junta General del Principado. Una galería de retratos pictórica y escultural, una fusión de sus dos vertientes artísticas en las que un marcado realismo y un dominio excelente de la técnica son muestra y resumen de la obra de este original artista.