Un paseo por la historia bajo el sombrero

Ros de gala. /
Ros de gala.

El Museo del Pueblo de Asturias recorre un siglo a través de 80 tocados y recuerda la industria del sector en una exposición Desde los años 70 del siglo XX, este complemento apenas se usa como prenda de vestir habitual

ANA RANERAGIJÓN.

Los sombreros no eran solo un complemento, revelaban clases sociales y formas de entender la vida. Durante siglos se consideraron una muestra de poder y de estatus, diferenciaban profesiones, clanes, etnias y religiones. También fueron el sustento de muchos gijoneses, gracias a la fábrica de La Calzada, que se mantuvo activa durante medio siglo, o a sombrererías como La Americana, en la calle Corrida. Por eso, el museo del Pueblo de Asturias ha hecho un recorrido por la historia a través de esta prenda con su exposición 'Para quitarse el sombrero', que comenzó ayer y continuará abierta hasta finales de año.

La exposición se divide en tres partes: 'Tocados para la vida', 'Tocados para la historia' y 'Sombreros que identifican'. La primera recoge los sombreros que se utilizaban en el bautizo, la comunión y la boda, y, es precisamente en estas ceremonias, donde ha pervivido la costumbre de cubrirse la cabeza, mientras que en el resto de ámbitos se ha ido perdidendo con el paso del tiempo.

La sección 'Tocados para la historia' hace un recorrido por cien años de sombreros; los masculinos apenas han variado, pero los femeninos han servido para reflejar el papel de la mujer en la sociedad. A comienzos del siglo XIX, utilizaban pequeños casquetes que colocaban sobre los voluminosos peinados, mientras que, en el Modernismo, los diseños extravagantes causaron sensación. En los años veinte, tras la Primera Guerra Mundial, se percibe en ellos la incorporación de la mujer al mundo laboral, se ponen de moda los cloches, las grandes capelinas y los turbantes, pues la sencillez y la comodidad eran fundamentales. En las décadas de los 30 y los 40 del siglo XX tuvo gran influencia el 'crack' del 29: los sombreros se fabricaban con materiales más baratos e imitaban a los que lucían las admiradas actrices de Hollywood. La posguerra dejó también su huella. La Iglesia incrementó su poder y, junto con la Sección Femenina, impusieron el recato en las prendas. Además, el racionamiento provocó que los materiales escasearan, así que las mujeres empezaron a prescindir de este complemento en favor de los tupés. Pero tras la carestía, volvió el lujo y con este llegó el influjo de la alta costura, así que los complementos recuperaron su importancia para las mujeres de clase alta.

Los setenta supusieron el fin de los sombreros, fueron quedando relegados a las celebraciones y, en el día a día, las mujeres apostaban por la sencillez y la comodidad en un mundo cada vez más unisex. La sección dedicada a los 'Sombreros que identifican', por último, agrupa aquellos que se relacionan con profesiones o los que confieren jerarquía, como ocurre en la Iglesia o el Ejército, instituciones en las que los símbolos son muy importantes.

Elena Pérez Morán, responsable de fondos del museo, reivindicó en la inauguración, a la que asistió el concejal de Cultura, Alberto Ferrao, el regreso de esta prenda: «Nos merecemos seguir recorriendo la historia a través de cascos, tocados, mantillas, gorras, tricornios y turbantes y dar trabajo a los sombrereros».