Piñole alza el telón para la Filarmónica

Geometrías. La inmensidad del cielo y el mar rodean a un violinista y las escalas se representan con escaleras. /  MUSEO NICANOR PIÑOLE
Geometrías. La inmensidad del cielo y el mar rodean a un violinista y las escalas se representan con escaleras. / MUSEO NICANOR PIÑOLE

La exposición se podrá ver desde mañana hasta el 30 de septiembre en la pinacoteca gijonesa que lleva el nombre del artista 'El otro lado del velo' muestra los bocetos del decorado que pintó para los recitales de la sociedad

AZAHARA VILLACORTA GIJÓN.

Nicanor Piñole (Gijón, 1878-1978) amaba la música. Una fascinación que quedó reflejada en muchos de sus cuadros -de 'Un concierto' a 'Nocturno'- y en su vida, ya que el maestro del post-impresionismo fue socio de número de la Filarmónica de Gijón desde su misma fundación, en 1908, como recuerda su presidente, Ramón Avello.

Así que la fusión de su arte pictórico con el arte sonoro era solo una cuestión de tiempo y el diseño de una escenografía para los conciertos de la sociedad, una idea largamente meditada por Piñole que acabaría cuajando en un decorado móvil inaugurado en el Teatro Dindurra (hoy Jovellanos) el 25 de octubre de 1933 con ocasión del concierto del trío formado por el flautista Manuel Garijo, el violonchelista Santos Gandía y el arpista Nicanor Zabaleta.

De aquel telón se conservan los bocetos después de que un incendio arrasase el Dindurra en 1937. Unos bosquejos que, a partir de mañana, 85 años después de ser estrenado y coincidiendo con la celebración de los 110 de la Filarmónica, se mostrarán en la pinacoteca gijonesa que lleva el nombre del artista.

La exposición, que permanecerá en las paredes del antiguo Asilo Pola hasta el 30 de septiembre bajo el título 'El otro lado del velo', muestra a un Piñole inusual, alejado un tanto de la concepción clásica de la pintura que siempre le caracterizó.

El conjunto, que se expone al público por primera vez, responde, según los especialistas del Museo Piñole, a «un trabajo de reflexión, por el que los elementos figurativos iniciales se van depurando en aras de una concepción geométrica y abstracta».

Así que tal vez el pintor, «con sus decorados sólidamente geométricos, nos indicaba la frontera, la puerta en donde empezaba el otro lado del velo, un mundo de sonidos y sugerencias en el que cada oyente podía entrar en cada concierto».

Pero de aquel decorado también se conserva la reproducción fotográfica que hicieron EL COMERCIO, 'La Prensa' y 'El Noroeste'. Y, de hecho, en la portada de este decano de la prensa asturiana del viernes 27 de octubre de 1933 se muestra su parte central, en la que, «tras unas severas y clásicas columnas», Piñole dibuja «las dos inmensidades eternas, cielo y mar», según escribe un socio de la Filarmónica. Un «moderno decorado de conciertos», anota el melómano, que, en uno de sus laterales, representaba las escalas musicales, dispuestas a modo de escaleras con «un trazo decidido y tan valiente de color que nos hace ver en él simbolizadas las grandiosas sonoridades de Beethoven o de una obertura wagneriana», mientras que el otro bastidor remite -opina- más «a Claudio Debussy».

Una primera página en la que se da cuenta también del complejo momento político que atraviesa el país en un editorial que se pregunta 'Pero ¿habrá elecciones?' y que recuerda que «el máximo órgano de los socialistas aconseja a Azaña y a Domingo que formen un verdadero y único partido de izquierdas si quieren merecer confianza y beligerancia». Casualidades de la historia.

 

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