El Prado restaura y cuelga el retrato de Madrazo que regaló Alicia Koplowitz

Falomir, director del Prado; Almudena Ros, conservadora de la Colección Koplowitz; Pérez-Llorca, presidente del Patronato del Museo, y Javier Barón, jefe de Pintura del Siglo XIX. / EFE
Falomir, director del Prado; Almudena Ros, conservadora de la Colección Koplowitz; Pérez-Llorca, presidente del Patronato del Museo, y Javier Barón, jefe de Pintura del Siglo XIX. / EFE

El asturiano Javier Barón, conservador jefe de pintura del XIX en el museo, presentó la obra por la que la empresaria pagó 300.000 euros

P. M. GIJÓN.

Contaba Miguel Falomir en estas mismas páginas hace solo unas semanas que una de las mayores alegrías de su entonces recién estrenado cargo al frente del Museo del Prado había sido el regalo de Alicia Koplowitz, un retrato de la marquesa de Espeja Josefa del Águila Ceballos realizado por Federico de Madrazo que la empresaria y coleccionista adquirió por 300.000 euros. Ayer, por fin, la enorme tela se mostraba al público en el edificio de Villanueva, tras ser restaurada. Se encargaban de hacer las presentaciones el propio Falomir y con él el asturiano que dirige el departamento de pintura del siglo XIX, Javier Barón, que ha unido a la marquesa con otros retratos también de Madrazo. Juntos constituyen una de las primeras actividades encaminadas a conmemorar el bicentenario del museo, que culminará en 2019.

La marquesa de Espeja «era uno de los objetivos prioritarios para el enriquecimiento de las colecciones del museo», advertía Barón, recordando que estas carecían de un retrato femenino de cuerpo entero en exterior de la década de 1850 del pintor, a la que pertenece este cuadro. Calificada como «obra sobresaliente», por Barón, el cuadro llegó al conocimiento de la empresaria cuando se intentó vender fuera de España, operación que se canceló porque fue declarada inexportable. De todos modos, gracias a su operación de compra y posterior donación, este Madrazo es ya patrimonio público. En palabras de Javier Barón, uno de los puntos de máximo interés es la mirada, que, tras la restauración impone cierta lejanía y ya no mira fijamente al espectador.

 

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