Dos Príncipes de las Artes para un Princesa

Un gran atrio protege la fachada del Salón de Reinos, cuyas balconadas se recuperan y en cuya cubierta se crea un nuevo espacio de exposiciones. El proyecto de Norman Foster prevé ganar 2.500 metros para mostrar obras de arte. / MUSEO DEL PRADO
Un gran atrio protege la fachada del Salón de Reinos, cuyas balconadas se recuperan y en cuya cubierta se crea un nuevo espacio de exposiciones. El proyecto de Norman Foster prevé ganar 2.500 metros para mostrar obras de arte. / MUSEO DEL PRADO

El proyecto del Salón de Reinos creará 2.500 metros cuadrados dedicados a espacio expositivo y completará el campus museístico Rafael Moneo firmó la primera gran ampliación del Prado y Norman Foster la que está por venir

M. F. ANTUÑA GIJÓN.

Flamante Princesa de Comunicación y Humanidades y rebosante de arte por todos sus recovecos, el Museo del Prado puede presumir además de sus magníficos contenidos, de sus goyas, velázquez y tizianos, de un continente con el sello de dos grandes nombres de la arquitectura universal: Rafael Moneo y Norman Foster. Los dos se subieron ya al escenario del Teatro Campoamor de Oviedo para recoger su escultura de Joan Miró. Son los dos Príncipes de un Princesa, son también ambos Pritzker de arquitectura, el máximo galardón mundial del gremio.

La ampliación ideada por Rafael Moneo se inauguró en el año 2007 y consistió fundamentalmente en reformar y unir el claustro de los Jerónimos con el edificio de Juan de Villanueva. Ya hacía tiempo que se quedaba pequeño el museo cuando, en los noventa, comenzó la tarea de buscar espacios para hacerlo crecer. En 1994 se perfiló un plan de necesidades, el Congreso alcanzó un acuerdo poco después y comenzó el largo camino de la ampliación, con un concurso incluido que ganó Moneo. Y con él ganó la sobriedad, esa belleza infinita del ladrillo exterior, de la arquitectura sin estridencias para dar protagonismo a lo que está dentro, con toda la hermosura del claustro, y dejar brillar fuera las espectaculares puertas de la escultora Cristina Iglesias. La nueva cara del Museo del Prado en el siglo XXI se estrenó tras seis largos años de obras.

Pero la cosa no se queda ahí. Debe continuar, aunque las crisis y la falta de presupuestos no lo pongan fácil. Aquí entra en juego Norman Foster. El arquitecto mancuniano, junto al español Carlos Rubio, ha diseñado la rehabilitación del Salón de Reinos, un edificio del siglo XVII a poca distancia del inmueble principal. Cuarenta millones de euros son necesarios para dar un nuevo aspecto a uno de los únicos edificios aún en pie del Palacio Real del Buen Retiro, erigido por el rey Felipe IV como segunda residencia, y anterior a la apertura del Museo del Prado en 1819. La idea es que en 2022 hayan concluido las obras, aunque los plazos en estas macro obras suelen estar para incumplirlos. Ya se ha incumplido, sin ir más lejos, la fecha prevista de inicio: 2018.

Antigua sede del Museo del Ejército, el inmueble fue adquirido por el Prado con el objetivo de ampliar su espacio para exhibiciones. 'Traza oculta' es el lema empleado por los arquitectos, que han ideado un gran atrio de acceso en la fachada sur. Sería un espacio semiabierto que haría de protección de la fachada original del Salón de Reinos, en la que se recuperan sus huecos y balconadas. Sobre la fachada emerge la prolongación de un gran espacio expositivo en la planta tercera, con mayor altura libre y anchura que el actual, formando la cubierta del atrio.

El proyecto es ambicioso y busca hacer crecer en 2.500 metros cuadrados el espacio para mostrar obras de arte al tiempo que se peatonalizará la calle Felipe IV, conectando el Paseo del Prado con el Retiro y cerrando el campus del museo que conforman Villanueva, los Jerónimos, el Casón del Buen Retiro y el Salón de Reinos. Pero aún los trabajos no han empezado a la espera de pecunio. En pleno bicentario la única obra que se ejecuta es la de las fachadas del edificio Villanueva, vestidas con obras maestras en las lonas que tapan los andamios en plena celebración.