Severo Ochoa, en bronce por su aniversario

Escultura. La obra de Sara Iglesias Poli en su fase preparatoria, aún en barro. Sus formas serán fundidas finalmente en bronce. / S. I. P.
Escultura. La obra de Sara Iglesias Poli en su fase preparatoria, aún en barro. Sus formas serán fundidas finalmente en bronce. / S. I. P.

La artista ovetense Sara Iglesias ha recreado la figura del científico, que se situará a pie de calle en conmemoración de los 25 años de su muerteEl Premio Nobel tendrá una escultura en su Luarca natal, donde dará nombre a una calle

PACHÉ MERAYO GIJÓN.

Alto, como era él, de cuerpo erguido y planta señorial. Con el gesto tan serio como sereno, la mirada tranquila, sin elevarla sobre nada ni sobre nadie. Así observa en el recuerdo Sara Iglesias Poli a Severo Ochoa y así lo ha reproducido con sus manos, primero en barro, luego en bronce a la cera perdida, para convertirlo en una escultura. Una figura que alcanza casi dos metros, algo más de lo que se elevaba su planta, para mantener las leyes que exige la escultura cuando el retrato es de cuerpo entero y voluntad natural. Una figura que dentro de unos días se confundirá con los paseantes en Luarca, pues será instalada a pie de acera para devolver al Premio Nobel a las calles donde creció y nació hace ahora 113 años. Pero sobre todo donde fue enterrado un cuarto de siglo atrás. Y es que se cumplen este primero de noviembre 25 años de la muerte del bioquímico asturiano (Luarca, 1905- Madrid, 1993).

Una efeméride que servirá para volver a poner la mirada en su legado y que el Ayuntamiento de Valdés celebrará con una serie de actos institucionales, entre los que está, precisamente, la inauguración de esta escultura tocada de americana y corbata, «algo aflojada en el cuello», según su autora, «para mantener cierta compostura informal», dado que el ilustre asturiano va a pasar el resto de su existencia esculpida compartiendo tardes y mañanas con sus vecinos, como si fuera uno más.

Todo está previsto para el 15 de noviembre, 14 días después del aniversario. Por la mañana, antes de inaugurar la escultura, se descubrirá una placa en su memoria, que se prodrá leer en la calle que llevará a partir de ahora su nombre. Un lugar que se une a los muchos que le recuerdan en su Luarca natal. Un centro con una exposición permanente que recorre su vida y su obra, un instituto de Educación Secundaria también con su nombre y el de su mujer, la gijonesa Carmen García Cobián. Igual que la plaza que luce las dos identidades en mitad de camino del puerto al Ayuntamiento.

La calle que ahora se suma a todos esos reconocimientos da su identidad al trayecto que une la que fue su casa familiar, su hogar de infancia, y la carretera que lleva el faro de Luarca, en San Juan de Villar.

Y con la escultura, la calle y la placa, la Semana de la Ciencia que lleva ya más de dos décadas subrayando su legado y el cariño de sus vecinos y que en la inminente edición contará con una de sus discípulas más queridas, la eminente científica Margarita Salas, que nunca falta a la cita cuando se trata de poner en valor el valor de quien trabajó con ella en los Estados Unidos en sus primeros años de investigación.

Un hombre, cinco sellos

El hombre que logró en 1959 (tenía 54 años) el Premio Nobel de Medicina, el científico que creía que «el amor es física y química», pues don Severo era capaz de llevar la ciencia a todos los territorios, también prestará su rostro a un sello conmemorativo. Y todo dentro del proyecto 'Luarca, villa de Nobel', que tiene voluntad de ir más allá de este 2018. Por lo que respecta al sello no será el primero, sino el quinto que se le dedique, algo totalmente extraordinario. El primero se realizó cuando se cumplió el primer año de su muerte, en 1994. Nueve años después, en 2003, al celebrarse el décimo aniversario sin él entre los vivos, su rostro fue impreso nuevamente. Esta vez con participación no solo de Correos español, sino también de la agencia postal sueca.

En 2011 llegó el tercero y su destino fue muy diferente. Con su impresión pasó a formar parte de una colección especial dedicada a los científicos americanos en los Estados Unidos. El último, hasta este que se editará ahora, está fechado en 2016. Ese año, por cierto, se cumplieron 30 de la muerte de su esposa, que fue, para muchos el final de su vida, en la que se mantuvo solo cuatro años más.

Un legado para Gijón

Aquel 2016 Gijón también hizo memoria pública. Pero ya no de una muerte, sino de una herencia. Al fallecimiendo de su querida Carmen, don Severo legó a Gijón, al Museo Casa Natal de Jovellanos, toda la colección de arte y objetos adquiridos en sus muchísimos viajes por el mundo. Fue el mismo año en que Carmen se iba, en 1986, por lo que en 2016 la pinacoteca municipal celebró las tres décadas transcurridas desde la recepción de dicha donación. Lo hizo con una exposición, que excedió el espacio que dentro del museo lleva para siempre el nombre de la pareja.

Bajo los focos, los objetos y piezas de arte más singulares de las que le recuerdan. Entre ellas, una extraordinaria obra de Dalí, dedicada al investigador en forma y fondo. Titulada 'El ácido Ribonucleico y la escalera de Jacob', fue un regalo del genio catalán, del que el Nobel se sentía más que orgulloso.

Entre los regalos que Ochoa hizo a Gijón también destaca una serie de estampas de Goya. 'Pobrecillas', 'Dios la perdona: y era madre', 'Ni así la distingue' y 'Tanto y más' son sus títulos. En el conjunto están, asimismo, tres retratos. Uno que le hizo en plena juventud el polaco Efraim Racker, el famoso de Juan Antonio Morales y un tercero de Cristóbal Toral, uno de sus pintores favoritos, como Benjamín Palencia, del que legó varias obras a Gijón. Pero no todo son pinturas y grabados. También hay esculturas, una de Sebastián Miranda, y especialmente piezas de cultura rusa y japonesa. No faltan los objetos decorativos ni tampoco piezas de cierta antiguedad.

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