La sidra champagne expone su historia

La sidra champagne expone su historia

El Antiguo Instituto inaugura 'Patria de sidra', una exposición que recopila el trabajo investigador de 30 años

M. F. ANTUÑA GIJÓN.

Treinta años. Nada más y nada menos que treinta años lleva Manuel Crabiffosse, con la ayuda de sus hermanos, indagando en el universo de la sidra champagne, una industria que generó a su alrededor no solo empleo y dinero, sino también belleza y arte, el que las litografías de antaño lograron extraer de sus etiquetas y carteles publicitarios.

El Centro de Cultura Antiguo Instituto de Gijón inauguró ayer 'Patria de sidra', una magna muestra que recorre el camino andado por esa industria desde que Tomás Zarracina elaboró la primera sidra espumosa hasta los tiempos actuales, en que apenas son media docena las empresas productoras en la región, muchas menos que en Argentina, donde la bebida se convirtió en emblema.

De narrar todo ese camino con etiquetas, carteles, con fotografías, con óleos, con dibujos de Evaristo Valle y de Legazpi y hasta un bronce de Antón, con botellas y con revistas y otro tipo de publicaciones se ha encargado Manuel Crabiffosse, que ha reunido 702 piezas, la mayoría procentes del Museo del Pueblo de Asturias (el 70%) y la Casa Natal de Jovellanos. «El sector fue fruto del tercer proceso industrializador de la fabricación de sidra en Asturias», introduce el estudioso, que firma también un libro ad hoc que se presentará la semana próxima. En 1857 se produce la primera sidra espumosa de la mano de Tomás Zarracina. El proceso consistía en la champanización de la sidra natural, pero en realidad el término sidra champagne se reserva para la bebida gasificada de forma artificial. Y eso llegó después, de la mano del llagarero de Colloto José Cima, que había emigrado a Cuba, había vuelto, e ideó después de muchas pruebas la forma de gasificar en 1884. Lo bautizó como la Real Sidra Asturiana. «Curiosamente él nunca empleó la denominación de sidra champagne», anota.

Reúne 702 piezas, desde carteles y etiquetas a dibujos, óleos y hasta un bronce de Antón

Fue a finales del XIX cuando se dio una suerte de frenesí en el sector. Y el papel de los emigrantes de ultramar fue clave para que la bebida se hiciera poderosa. «A raíz de la Real Sidra Asturiana, comienzan a surgir empresas champaneras que van a tener gran éxito en el mercado exportando masivamente al resto de la península, América y Filipinas».

Ya entonces tanto en España como en América comienza el proceso de identificación de Asturias con su sidra. Y es entonces también cuando en países como Argentina, México o Cuba, la sidra adquiere carta de naturaleza propia. «En América la asturiana se impuso a la competencia de otras sidras inglesas o alemanas, los cronistas de la época lo califican como un producto de gran calidad y excelente presentación, que emulaba al champán, que era entonces la bebida prestigiosa», subraya Manuel Crabiffosse.

El boom fue sobresaliente. La industria vivió una época dorada que se prolongó hasta la guerra civil (40 empresas se documentaron desde 1884 a 1936 ). De forma paralela se creaba toda una iconografía en torno a la bebida. Las litografías ponían en su lugar toda la excelencia de la sidra champagne con notabilísimos y hermosos diseños gráficos. «La industria tuvo un efecto multiplicador en la economía asturiana, desde el campo, en el que miles de familias suministraban la materia prima, hasta en las artes gráficas, porque uno de los éxitos del producto fue su lujosa presentación», añade.

Claro que aquellos tiempos de gloria fueron desinflándose hasta llegar a un hoy en el que la industria es más boyante en Argentina que en Asturias. Explica Crabiffosse que en el país austral la sidra fue hasta un elemento utilizado por el peronismo. «Allí la tradición en Navidad es regalar el panetone y la sidra achampanada y, haciéndose eco de esa tradición, el peronismo lo institucionalizó regalando a las familias pobres la botella y el pan dulce», revela.

Buque insignia

El caso es que ahora mismo, tras la última gran crisis que comenzó en 2010, en Asturias existen El Gaitero, «el buque insignia del sector», Mayador, la Viuda de Angelón, Miravalles y algún llagar más que elabora este tipo de producto. «En Argentina hay del orden de 18 champaneras, bajo el peronismo se aplicó una política de proteccionismo que hizo que se redujeran las exportaciones asturianas al país y paralelamente surgió una industria local muy potente que habían iniciado asturianos», revela.

La exposición que ayer abrió sus puertas da buena cuenta de toda esta aventura dividida en tres apartados. El primero está dedicado al cultivo de la manzana y la elaboración tradicional de sidra, así como la sociología de la bebida vinculada al chigre, las espichas, los juegos populares...; el segundo, a la sidra espumosa y champagne; y finalmente se presentan las industrias champaneras ordenadas por concejos y por antigüedad.

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