'Tempus fugit' en Bea Villamarín

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'Agosto'.

El artista coruñés ha trabajado durante cinco años en 'El veloz transcurso del tiempo', que podrá verse del 22 de marzo al 2 de mayo Xurxo Gómez-Chao expone en la galería gijonesa tres series fotográficas

A. VILLACORTA GIJÓN.

La obra de Xurxo Gómez-Chao (La Coruña, 1960) se debate, según él mismo ha explicado, en «una eterna confrontación entre lo racional y lo visceral, entre lo material y lo onírico, entre el constructivismo y el pictorismo, entre la ingenuidad y el escepticismo». Una búsqueda eterna y fugaz al tiempo que ha plasmado durante los últimos cinco años en tres series fotográficas que podrán verse del 22 de marzo al 2 de mayo en la galería gijonesa Bea Villamarín agrupadas bajo el título 'El veloz transcurso del tiempo'. Un territorio de frontera en el que «quizás pretenda representar sueños, o quizá no; quizás solo pretenda representar realidades. Quizá pretenda escenificar laberínticamente universos simbólicos, que bullen en su consciencia, o quizá pretenda, simplemente, sorprendernos con sus cuidadas composiciones», en palabras de Silvia Longueira, directora de la Fundación Luis Seoane.

Lo único cierto es que sus obras «son delicados sistemas planetarios en los que flotan y actúan todo tipo de objetos: muñecos, flores, hojas, tijeras, cintas de escribir a máquina..., en absurdos 'totum revolutum' de impactante resultado y convincente efecto estético, obras luminosas, coloristas, sugerentes y siempre sorprendentes, que invitan a su contemplación y a la reflexión». Y, en esta ocasión, estas tres series fotográficas tienen una vinculación directa con el paso del tiempo y con la voluntad de crear, nuevamente, el pasado.

La primera de ellas es 'Hotel Eagle', llena de «atmósferas ligeras de composición pero plenas de intención», mientras que la segunda, 'Tempus fugit', se estructura «en imágenes sobrias y contrapuestas entre la vida y la muerte», con el mito de Narciso en diferentes escenarios. Y, finalmente, 'Paisaxe difusa', que bebe de las dos series anteriores, retrata «el tránsito espacial que acontece en un momento concreto del transcurrir del tiempo. Ese lugar mágico que sucede en un preciso instante».

Aquí, concretamente, surge de la observación de la transformación paulatina de una ciudad (Valencia). Y, exactamente, «cuando abandona su morfología de urbe dando paso al campo y a los huertos que la circundan». Una naturaleza «que sirve de apoyo a la descripción de lo efímero y de los fronterizo de la vida». Y, al final, al dilema entre elección y azar.