Un viaje en el tiempo por vía férrea y aérea

Cristina Fernández Bustamante explica el recorrido de las imágenes. /  JOAQUÍN PAÑEDA
Cristina Fernández Bustamante explica el recorrido de las imágenes. / JOAQUÍN PAÑEDA

El Museo del Ferrocarril inaugura una exposición con fotografías aéreas de la Asturias de 1958 halladas en un almacén de Adif

M. F. ANTUÑAGIJÓN.

Un viaje en el espacio y en tiempo y por doble vía: aérea y férrea. La exposición que ayer abrió sus puertas en el Museo del Ferrocarril revela una Asturias ya desaparecida, la de mediados del siglo XX, a través de una colección de fotografías aéreas que son un auténtico tesoro y que como tal aparecieron olvidadas en un archivo de la antigua Feve (Adif) en Oviedo. 'Siguiendo la vía' es el título de la muestra, que exhibe copias originales de 1958 de 1x1 de tamaño que recorren todo el trazado del Ferrocarril Vasco Asturiano desde Collanzo hasta San Esteban y a través del ramal a Oviedo, kilómetros de traviesas que aportan toneladas de información y que se convierten en un documento trascendental para los geógrafos.

En 1958 la compañía férrea encargó a una empresa madrileña las imágenes aéreas que ahora se cuelgan de las paredes protegidas por un material especial y colocadas mediante imanes para, solapadas unas sobre otras, seguir la vía y permitir así que el visitante se asome a una ventanilla cargadita de sorpresas: Ribera de Arriba sin la térmica, las vegas asturianas repletas de maíz cuando aún no se había instalado el paisaje ganadero, las tramas urbanas de ciudades como Mieres u Oviedo antes del desarrollismo...

Cada una de las imágenes, decía ayer Felipe Fernández, catedrático de Geografía de la Universidad de Oviedo y director del Observatorio del Territorio, que ha comisariado la muestra, valen su peso en oro por múltiples razones, pero por dos fundamentales. La primera son esos paisajes que se desvelan: la minería de montaña, los portuarios de tráfico carbonero y de cabotaje, los primeros paisajes industriales de factorías como las de Mieres, Trubia o la Fábrica de Armas de Oviedo; la otra, que es también un testimonio de gran valor documental sobre la historia de la fotografía aérea, que nació en el siglo XIX con fines militares, que tuvo un papel crucial en las dos grandes contiendas europeas, en la guerra civil, en la Revolución del 34 y en la Guerra Fría, y que precisamente en el momento en el que, en julio y noviembre de 1958 se toman las imágenes, comienza a tener un importante uso civil.

Los geógrafos siguen estudiando al detalle unas fotos que acabarán conformando un libro

Tal es el valor de todo lo dicho que, pese a que la muestra abrió ayer sus puertas, en la Universidad de Oviedo y en el Museo del Ferrocarril prosigue la investigación y trabajan ya con la idea de editar un libro que haga acopio de todo ello. Mientras tanto, en el equipamiento cultural se trabaja en la puesta en marcha de visitas guiadas que podrán adentrarse y detenerse en el análisis de distintas temáticas.

La alegría era enorme en la apertura de una exposición que tiene tras de sí muchísimas horas de esfuerzo en todos los ámbitos, también en el puramente museográfico, pues no fue fácil dar con la forma en la que mostrar ese trazado, explorando al milímetro la colocación de cada fotografía para que todas las piezas del puzle encajaran. Y en ese proceso, y en los anteriores, el papel de Nuria Vila, Sara García y Cristina Fernández Bustamante ha sido absolutamente relevante. Fue la última quien guió una visita a la muestra con una notabilísima presencia de público, en la que tomaron parte el concejal de Cultura del Ayuntamiento de Gijón, Alberto Ferrao, y el recién estrenado director de la Fundación Municipal de Cultura, Miguel Barrero. Ejerciendo como anfitrión, Javier Fernández, director del museo y una de las tres personas que dio un buen día con el cofre del tesoro: un mueble de madera, que también se expone, donde aparecieron las instantáneas que hoy son exposición.