Vidas paralelas, pasión por el color

De izquierda a derecha, Inmaculada D'Ocón, Luis Feás, Marisa Ponga, Otilia Requejo, Alfonso Palacio, con Ana Doldán y Francisco Baena (comisarios), ayer, durante la presentación de la muestra 'Guerrero / Vicente' en el Museo de Bellas Artes. /  FOTOS: DAMIÁN ARIENZA
De izquierda a derecha, Inmaculada D'Ocón, Luis Feás, Marisa Ponga, Otilia Requejo, Alfonso Palacio, con Ana Doldán y Francisco Baena (comisarios), ayer, durante la presentación de la muestra 'Guerrero / Vicente' en el Museo de Bellas Artes. / FOTOS: DAMIÁN ARIENZA

La pinacoteca inaugura una muestra con más de 60 obras de los dos únicos representantes españoles del expresionismo abstracto americano El Bellas Artes reúne por vez primera la pintura de José Guerrero y Esteban Vicente

A. VILLACORTAOVIEDO.

Los primeros visitantes que ayer franquearon las puertas del Edificio Ampliación de Museo de Bellas Artes de Asturias para asistir a la inauguración de la muestra 'Guerrero / Vicente' se encontraron con una explosión de amarillos, azules y rojos, verdes, naranjas y negros, una suerte de antídoto frente al gris reinante en el exterior. Porque, a pesar de las diferencias estilísticas entre José Guerrero (Granada, 1914 - Barcelona, 1991) y Esteban Vicente (Segovia, 1903 - Nueva York, 2001), ambos tuvieron «una preocupación común por el color», que estalla ante los ojos en las más de sesenta obras de ambos artistas procedentes de más de una veintena de museos y colecciones que podrán disfrutarse hasta el próximo 22 de septiembre en la gran pinacoteca asturiana.

Su director, Alfonso Palacio, no ocultaba su satisfacción por haber conseguido, «por vez primera, poner a dialogar a estos dos artistas, los únicos españoles que formaron parte del movimiento pictórico más importante de la segunda mitad del siglo XX: el expresionismo abstracto americano». Una corriente en la que se incluyen nombres de la talla de Pollock, De Kooning o Rothko.

Cuándo y dónde
Hasta el 22 de septiembre, en la Planta -1 del Edificio Ampliación del Museo de Bellas Artes de Asturias.
La muestra
La exposición, que aglutina más de sesenta obras de más de veinte colecciones y museos, propone un recorrido por las trayectorias de José Guerrero y Esteban Vicente. Además, se muestran dos documentales.
Organizadores
Acción Cultural Española, Centro José Guerrero (Granada) y Museo de Arte Contemporáneo Esteban Vicente (Segovia), en colaboración con la gran pinacoteca asturiana.

Los dos creadores hicieron gala de una personalidad artística muy marcada, casi férrea, lo que explicaría que sus obras no se hubiesen entrelazado hasta ahora y que solo los coleccionistas los vinculasen con buen criterio. O lo que es lo mismo: «Aunque parezca mentira, sus trayectorias habían sido tratadas siempre de manera individual, así que el objetivo de esta muestra es evidenciar sus puntos en común, porque son muchas las similitudes existentes entre dos artistas que vivían a diez minutos en metro en Nueva York, pero que apenas tenían relación», contó Palacio.

Empezando porque los dos estudiaron en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando de Madrid y, tras una primera formación de corte académico, ambos partieron a la capital francesa, que por aquel entonces era el hervidero de la vanguardia en Europa, sintiéndose especialmente atraídos por la obra de Matisse, así como por el cubismo y la Escuela de París.

Otro de los nexos de unión son sus matrimonios, ya que tanto Vicente como Guerrero se casaron con norteamericanas, lo que los movió a trasladarse a Estados Unidos. Eso sí: con la guerra civil entre ambas partidas. En el caso de Esteban Vicente, como «refugiado del bando republicano» en 1936, mientras que José Guerrero no partiría hasta 1949, aunque «en su caso se fue como en una especie de exilio cultural, porque la España de posguerra le asfixiaba. Buscaba la modernidad», explicó Francisco Baena, director del centro granadino que lleva su nombre y uno de los comisarios de la muestra junto con Ana Doldán, directora conservadora del Museo de Arte Contemporáneo Esteban Vicente, en tierras segovianas.

Ha sido precisamente la unión de estos dos centros y Acción Cultural Española, en colaboración con el Bellas Artes, la que ha hecho posible esta exposición itinerante que ya se vio en Segovia, ahora llega a Asturias y que a partir de octubre se trasladará a Granada. Y es que, como afirmó Doldán, «en esta época en la que la cultura no goza de bonanza económica, es importante aglutinar esfuerzos».

«Estamos ante un gran acontecimiento que se llevaba acariciando muchos años». Un viejo «anhelo» artístico cumplido que, además de acompañarse de dos documentales, se ha estructurado en tres fases, comenzando por sus inicios pictóricos en clave figurativa, de la década de los años veinte a los cincuenta, con una selección de sus paisajes respectivos, que fue el género que más desarrollaron: escenas urbanas y rurales que empiezan a diluirse para atisbarse en ellos una progresiva inclinación hacia lo abstracto.

La segunda, ya a partir de mediados de siglo, es la de su inmersión plena, decidida y sin marcha atrás en la abstracción, en la que fue determinante la exploración plástica que llevaron a cabo en papel: Vicente con el collage, Guerrero con el grabado.

Y, finalmente, su etapa de esplendor y gloria, porque en los setenta ya habían alcanzado su plena madurez tras haber agotado cada uno a su manera las enseñanzas del expresionismo abstracto, al que aportaron obras de gran envergadura, y haber destilado una voz propia, siempre alrededor de los campos de color.

«Un relato, una fábula de la modernidad nunca antes vista en Asturias», porque, aunque el Bellas Artes sí atesoraba obra de Vicente, Guerrero estaba entre sus asignaturas pendientes, saldada ahora con creces y plasmada en un vibrante catálogo.