El Campoamor despide a Montserrat Caballé

La escenografía de 'Il turco in Italia' recrea el Nápoles de mediados del siglo XX. / FOTOS: IVÁN MARTÍNEZ / ÓPERA DE OVIEDO
La escenografía de 'Il turco in Italia' recrea el Nápoles de mediados del siglo XX. / FOTOS: IVÁN MARTÍNEZ / ÓPERA DE OVIEDO

La Ópera de Oviedo dedica 'Il turco in Italia' a la cantante y al director de orquesta Alberto Zedda | El público, que llenó el teatro, apludió mucho y salió encantado en el estreno de esta obra elegante, con vis cómica y una bella musicalidad

RAMÓN AVELLO OVIEDO.

La Ópera de Oviedo se despidió ayer de Montserrat Caballé, fallecida el pasado sábado. El Teatro Campoamor acogió el estreno de 'Il turco in Italia', una función, como las cuatro que llegarán esta semana, que estuvo dedicada a la genial cantante, que actuó siete veces en este coliseo con títulos como 'Tosca' y 'Norma'. Un homenaje en el que también se incluyó a Alberto Zeeda, director de orquesta y musicólogo que hizo las principales revisiones musicales de las óperas de Rossini, muy vinculado a Oviedo y que falleció el pasado año.

Fue el momento más serio de una velada chispeante, graciosa, divertida y de una ágil musicalidad en la que no faltó la división de opiniones cuando la megafonía se dirigió al público en asturiano.

'Il turco in Italia' es una ópera de una concepción teatral un tanto pirandelliana, de teatro dentro del teatro, subrayada especialmente en esta nueva coproducción de la Ópera de Oviedo, el Teatro Municipal de Santiago de Chile y el Teatro del Capitolio de Toulouse. Emilio Sagi traslada la escena del Nápoles liberal de finales del XVIII, a un Nápoles de mediados del siglo XX que nos es familiar por las películas de Victorio de Sica como 'El oro de Nápoles'. Sin embargo, frente al neorrealismo italiano, el realismo de Sagi posee un carácter soñador. La escena única, diseñada por Dani Bianco es un trozo de ese Nápoles lleno de luz y color sobre el que se mueven los personajes de la acción. Sobre un mismo escenario en los dos actos, Emilio Sagi pinta un trozo de vida urbana con un tranvía, bicicletas, siempre en una concepción realista, pero con encanto poético. Los personajes se mueven con naturalidad, algo muy difícil de conseguir en una ópera de numerosos conjuntos.

La obertura de 'Il turco in Italia', sin ser tan conocida como otras de Rossini, posee un atractivo sinfónico de primer orden. Iván López Reinoso, al frente de Oviedo Filarmonía, mostró ya en esta obertura una voluntad interpretativa fiel a Rossini. El director se mostró totalmente 'rossiniano': acelerando al final de algunas escenas, con sentido de la dinámica y un color tímbrico, sobre todo en los instrumentos de viento, muy acusado. Fue muy aplaudido.

Una peculiaridad de 'Il turco in Italia' es que es una ópera de conjuntos, especialmente dúos, tríos y quintetos, con numerosas intervenciones corales que subrayan la comicidad. El Coro de la Ópera de Oviedo se mostró como un conjunto 'actuante'. Baila, se mueve y canta con una afinación y un empaste muy bien logrado. Además, es un coro 'concertante', que arropa y contrasta con intervenciones de los solistas.

Los personajes

De los personajes de la ópera, en primer lugar hay que destacar a Simón Orfila en el papel de Selim. Es un bajo rotundo con una voz muy bien timbrada, fuerza, sentido de los matices y con esa vis cómica que caracteriza el papel del príncipe turco. Su cavatina 'Bella Italia, al fin te miro' y los duetos con Geronio y Fiorilla fueron algunos de esos momentos inolvidables de una gran voz grave, pero que además posee ligereza y sentido de la ornamentación melódica.

Sabina Puértolas fue una Fiorilla que va ganando peso vocal en el segundo acto. Dramáticamente, hizo un papel muy atractivo, lleno de esa gracia pizpireta teñida al final de cierto acento sentimental. En el primer acto tuvo alguna dificultad con los agudos. En el segundo, vocalmente estuvo perfecta.

Alessandro Corbelli es un barítono experimentado en el arte bufo e hizo un Don Geronio muy característico de los maridos engañados de Rossini y con gran solvencia dramática. Vocalmente, se reservó para el final.

Manel Esteve, como el poeta que mueve y conduce la acción, estuvo muy dinámico, con claridad en los recitativos. David Alegret, como Narciso, es un tenor con una buena voz lírica. De sus dos arias estuvo un poco inseguro en los agudos de la primera y correcto en la segunda.

Laura Vila, en el papel de Zaida, le dio gracia, color y cierta fuerza expresiva a su personaje. Finalmente, David Astorga como Albazar, pese a ser un papel corto, lo llevó con gracia, incluso se lució en esa pequeña aria del segundo acto.

El público aplaudió mucho y salió del teatro encantado en este turco elegante, realista, chispeante, con vis cómic y una bella musicalidad.