Muere la leyenda de Hollywood Doris Day

Muere la leyenda de Hollywood Doris Day

Fue una de las actrices más taquilleras del Hollywood de su época, y también una exitosa cantante, reconocida por la mítica canción «Que será, será»

Oskar Belategui
OSKAR BELATEGUI

El músico y actor Oscar Levant dijo de ella: «Conocí a Doris Day antes de que fuera virgen». Ninguna actriz encarnó mejor la América luminosa a través de papeles de mujeres cándidas y castas hasta caer en la cursilería. Nunca fue una 'femme fatale', una amenaza sexual para los hombres, aunque Hitchcock jugó a enturbiar su halo virginal en una de sus películas más recordadas, 'El hombre que sabía demasiado', donde la actriz canturreaba 'Qué será, será'.

Doris Day ha muerto hoy lunes a los 97 años en su casa de Carmel, el bellísimo pueblo costero de California que gobernó su vecino Clint Eastwood. Deja a Kirk Douglas como la última leyenda viva de Hollywood. La actriz siempre había sostenido que nació en 1924, aunque hace dos años la agencia Asociated Press desenterró su partida de nacimiento, dejando al descubierto que en realidad vino al mundo en 1922. La protagonista de 'Pijama para dos' se lo tomó con humor. «Los deseos de Doris fueron que no tendría un funeral ni un velatorio y no habría una lápida en su tumba», ha precisado su fundación.

Day llevaba retirada del cine desde 1968, cuando tras atravesar una mala etapa personal que la hundió en el alcoholismo decidió pasarse a la televisión, donde condujo 'El show de Doris Day' hasta 1973. Desde entonces, abandonó la vida pública y sus apariciones fueron contadas, como cuando recibió la Medalla de la Libertad de la Casa Blanca por sus logros artísticos y su frenética actividad en defensa de los animales: presidió asociaciones benéficas y creó hospitales y guarderías para mascotas. Además, junto a su único hijo, Terry Melcher, regentó un lujoso hotel en Carmel.

Doris Day conquistó con su simpatía y su aire pizpireto y bondadoso al público estadounidense de posguerra, que ansiaba comedias amables en luminoso technicolor y la veía como la vecina de al lado. Valga como prueba de su fama mundial que el western bufo de David Butler 'Calamity Jane' se tituló en España 'Doris Day en el Oeste'. A los 14 años, la joven Doris Kappelhoff ya bailaba en su Cincinatti natal hasta que un accidente de coche acabó con sus sueños de bailarina. A los 17, tras escuchar a Ella Fitzgerald por la radio y recibir clases de canto, cambia de vocación y acaba en Hollywood, donde tiene su primer papel de importancia en 'Romanza en alta mar' (1948).

Doris Day junto a Rock Hudson, Tony Curtis y James Stewart, con quien protagonizó 'El hombre que sabái demasiado', de Alfred Hitchcock.

La felicidad que irradiaba en pantalla no se correspondió con una vida complicada, revelada en una autobiografía publicada en 1976 en la que echaba por tierra la imagen que se tenía de ella a través de sus personajes. Su primer marido, el trombonista Al Jorden, la pegaba y el matrimonio duró dos años. Tras el divorcio, éste se suicidó. Otro de sus cuatro esposos, Martin Melcher, la estafó tras malgastar sus ganancias durante años. Su primer agente, Al Levy, la violó y su hijo Terry, reputado productor musical, heredó su alcoholismo y murió de cáncer en 2004.

Trabajó en la radio con Bob Hope y Frank Sinatra y disfrutó de un contrato con la Warner que la convirtió en una de las estrellas mejor pagadas de la época. Junto a Rock Hudson formó una inolvidable pareja en 'Confidencias a medianoche' (por la que recibió el Globo de Oro y su única nominación al Oscar), 'Pijama para dos' y 'No me mandes flores'. También fue pareja de Jack Lemmon ('La indómita y el millonario') y Cary Grant ('Suave como el visón'). Su 'Qué será, será' de 'El hombre que sabía demasiado' acabó ganando elOscar a la mejor canción. En 1968 rodó su última película, 'El novio de mamá'. Siguió sacando discos hasta 2011 y rechazó un Oscar honorífico. El pasado 3 de abril celebró su 97 cumpleaños en Carmel junto a unos 300 fans.

«Cuando más estudio a los seres humanos, más amo a los animales», era una de las frases más repetidas de la actriz y cantante, que, mal aconsejada, rechazó un papel que podría haber iniciado la segunda parte de su carrera: el de Mrs. Robinson en 'El graduado', que acabaría haciendo Anne Bancroft. Tras la revolución sexual de los 60, la novia de América ya no tenía cabida en un Hollywood sacudido de arriba a abajo que decía adiós a las comedias con cócteles en el jardín.