«Lo mejor está por llegar a la ficción española»

«Lo mejor está por llegar a la ficción española»

El actor Eloy Azorín llega hoy al Niemeyer con 'Siete años', una función en la que comparte tablas con Carmen Ruiz, Miguel Rellán, Juan Carlos Vellido y Daniel Pérez Prada

M. F. ANTUÑA

A Eloy Azorín (Madrid, 1977) le gusta hablar, reflexionar, pensar sin tregua. Hay problemas de cobertura en su casa y comienza un debate sobre puntos energéticos, sobre por qué aquí se oye y aquí no, sobre una historia por él imaginada de una pareja que un determinado lugar en concreto se pone siempre a discutir. Le va la marcha. Le va contar historias. Le va el humor a este hijo de humorista que piensa que no hay límites para el humor, que adora las series, que le chifla el teatro y que hoy llega al Niemeyer (20.30 h) con 'Siete años', un montaje teatral que le sube a las tablas junto a Miguel Rellán, Carmen Ruiz, Juan Carlos Vellido y Daniel Pérez Prada. Juntos dan vida a una obra basada en una película original de Netflix de José Cabeza versionada y dirigida por Daniel Veronese. El argumento es el siguiente: el fisco les ha pillado y uno de ellos ha de asumir una condena de siete años de cárcel.

-Dice en su Twitter que su vida se cuenta en capítulos. Menuda de declaración de principios.

-Bueno, ya me pasó la época de 'Los Soprano', de 'Lost', de 'Breaking Bad', cuando pensamos que se acabaría el mundo, cuando me veía maratones de series, ahora soy más selectivo.

-¿Qué pasa que ya no viven su mejor momento las series?

-No. No creo que se esté bajando el nivel, pero sí que las plataformas se han dado cuenta de que el público quiere tener variedad, están haciendo series de menos capítulos, exceptuando 'Juego de tronos', que es algo que funciona siempre.

-Dice ser un espectador compulsivo. ¿Qué ve además de series?

-Casi todo son series y películas de cine, y luego todo lo que tiene que ver con Berto y Buenafuente me interesa. Me gusta el humor, la comedia, los monólogos.

-Con un padre humorista estaba cantado que le fuera la marcha.

-Sí, desde pequeño he sentido fascinación por la figura del tipo con el micro solo en el escenario hablando de sus cosas.

-Pues el humor está ahora un poco coartado. ¿Algún límite?

-Para mí el límite del humor es si te divierte o no te divierte; si es gracioso no debería haber límite. Pero esto es muy subjetivo. Sí estamos viviendo un momento de mucha susceptibilidad y eso hace que todo el mundo mida sus palabras. No sabría explicar por qué está sucediendo, me da un poco de pena porque deberíamos poder tener opiniones diferentes, encontradas, ideologías distintas sin que afecte al humor. En EE UU sucede eso, el sentido del humor marca una dinámica del país. En España hay zonas donde también se hace, Cataluña y el País Vasco son feroces con cosas que les tocan muy de cerca.

-Ya que dice que su vida son capítulos, ¿en cuál está ahora?

-Pues acabamos de presentar 'Alta mar', una serie para Netflix con José Sacristán, Jon Kortajarena, Ivana Baquero... Soy el dueño de un barco que llevo de España a Brasil, es una especie de 'Asesinato en el Orient Express'.

-¿La ficción española va seguir creciendo?

-Acabamos de empezar. Con la llegada de las producciones de Netflix y otro tipo de plataformas en las que la audiencia se mide de otra forma, se puede pensar en otros formatos, otra duración, ya no tienes que agradar a todo el mundo... Se pueden contar otras historias. Lo mejor está por llegar, queda un punto más, esa es mi sensación.

-Y con tanta serie ¿nos va a quedar tiempo para ver teatro?

-Espero que sí. Ir al teatro implica un movimiento, tienes que desplazarte y eso es impagable, es una experiencia única. Se podran acabar las plataformas, pero el teatro va a seguir estando.

-Precisamente 'Siete años' surge a partir de una peli de Netflix.

-Sí, esta función fue la primera película de Netflix en España, mantiene todo el espíritu de la cinta, pero la gente que ha ido a verla se ha sorprendido, es diferente. La función es más eléctrica, dura poco, todo sucede muy rápido, no da tiempo a pensar que estás en el teatro. Por culpa de los móviles, hemos perdido capacidad de atención, cada 15 o 20 minutos tenemos el cosquilleo de sacarlo. Por eso el teatro es como una especie de meditación, te hace desconectar sin remedio...

-Pues mucha gente no desconecta el móvil en el teatro.

-Suena algún móvil, sí, pero yo tengo menos reparo a que suenen a ver pantallas encendidas, eso me cabrea muchísimo.

-Volviendo a la función. ¿Usted por qué o por quién cumpliría pena de cárcel?

-Por la familia, sin dudarlo, y a lo mejor por algún amigo.

-¿Qué aprendizaje se lleva de esta obra?

-Que todo el mundo tiene un precio, aunque no sea dinero.

-¿Si viera la obra alguno de nuestros ilustres vecinos de Soto del Real se reconocerían en ella?

-La verdad es que no estoy seguro. Siempre me he preguntado si los Simpson vieran los Simpson se reconocerían. El tema de la función es absolutamente cercano, pero también hay un borrado de conciencia general, suceden tantas cosas todos los días que hemos normalizado la corrupción, nos hemos inmunizado ante este tipo de noticias. Tenemos demasiada información, es como si nos tiraran cien pelotas en la cara pero solo pudiéramos recoger una.

-¿El cine cómo está?

-No sé si tendrá que encontrar otro tipo de huecos u otro tipo de vías. Los mejores directores, como Cuarón, ya han hecho una película para que la veamos en casa. 'Roma' es increíble,una película en blanco y negro, en los años 70, la vida en una asistenta, posiblemente no hubiera tenido cobertura antes, pero sin embargo en una plataforma como Netflix tiene una repercusión del copón. Eso es muy bueno. Y si tenemos la opción de ver una película en el cine y en casa, pues mejor.