Muere Stanley Donen, leyenda del cine clásico

Stanley Donen recibió en 2004 el León de Oro por toda su carrera de manos de Sofía Loren. /  AFP
Stanley Donen recibió en 2004 el León de Oro por toda su carrera de manos de Sofía Loren. / AFP

O. BELATEGUI

Cuando en 1998 Stanley Donen recibió el Oscar honorífico que Hollywood le negaba de manos de Martin Scorsese, dio unos pasos de baile y cantó 'Cheek to Cheek' con su característico sentido del humor. Genio y figura. Aunque parezca increíble, el director de 'Cantando bajo la lluvia', 'Siete novias para siete hermanos', 'Charada' y 'Dos en la carretera' nunca había sido nominado. Con su muerte, ayer a los 94 años, se va el último director del Hollywood dorado.

«No ruedo para reflexionar sobre el mundo», decía humilde y modesto un cineasta legendario para quien hacer cine era «como enamorarse».

Nacido en Carolina del Sur en 1924, su infancia había sido solitaria, infeliz y repleta de insultos y abusos por parte de sus compañeros de clase, lo que le llevó a refugiarse en el cine. Con nueve años vio 'Volando hacia Río' y Fred Astaire le cambió la vida. A los diez, ya bailaba claqué. «El de los musicales era un mundo fantástico, donde todo era fácil y maravilloso», decía antes de recibir el Oscar.

Debutó con 'Un día en Nueva York', con los marineros Frank Sinatra, Gene Kelly -con quien formó una de las parejas artísticas más destacadas del séptimo arte- y Jules Munshin apurando su día de permiso. Tres años más tarde, firmó con Kelly 'Cantando bajo la lluvia', divertidísima comedia sobre el paso del cine mudo al sonoro y un luminoso canto a la alegría de vivir que culmina el celéberrimo baile de su protagonista sobre los charcos. Con 'Siete novias para siete hermanos' traslada la leyenda del rapto de las sabinas al Lejano Oeste y hace del secuestro un espectáculo optimista y sin estrellas en su reparto.

Se pasó a la comedia sofisticada con 'Indiscreta', con Cary Grant e Ingrid Bergman, e inisitió con 'Charada', de nuevo con Cary Grant y Audrey Hepburn, y 'Arabesco'. En 1967, firma su última obra maestra: 'Dos en la carretera'. El filme, que coincide con el tercero de sus cinco divorcios, es el más ácido y amargo retrato del matrimonio jamás surgido de Hollywood.

«Dirigir es como el sexo. Cuando es bueno, es muy bueno; pero, cuando es malo, aún es bueno», dijo quien pensaba que la fórmula del éxito del director era rodearse de los mejores en cada campo y «no entrometerse».