«Me siento muy orgulloso de mis excesos en los 80»

Pedro Almodóvar estrena el 22 demarzo 'Dolor y gloria', un filme repleto de elementos autobiográficos./nico bustos
Pedro Almodóvar estrena el 22 demarzo 'Dolor y gloria', un filme repleto de elementos autobiográficos. / nico bustos

«La libertad de expresión corre más peligro que hace 40 años», dice el cineasta, que se abre en canal en 'Dolor y gloria'

OSKAR BELATEGUIMADRID

En el despacho de Pedro Almodóvar el lienzo original de Ceesepe para el póster de 'La ley de deseo' comparte espacio con fotos en las que aparece con BillyWilder y Penélope Cruz. Los recuerdos de una vida que el director nunca había expuesto con la sinceridad y crudeza que exhibe en 'Dolor y gloria', la película que estrena el próximo viernes. La protagoniza un director de cine (Antonio Banderas, con el peinado y la ropa del propio Almodóvar) sumido en una crisis creativa y amargado por mil padecimientos físicos. Su ajuste de cuentas con el pasado pivota sobre dos personajes: la madre, a la que evoca en el pueblo en la mísera España de los 50 (Penélope Cruz), y un antiguo amor con quien vivió las noches salvajes del Madrid de los 80 (Leonardo Sbaraglia).

–¿Se puso límites a la hora de abrirse en canal?

–'Dolor y gloria' no es mi autobiografía, pero es la película que más me representa íntimamente. Hubo un momento en que sentí vértigo. Soy muy pudoroso, tanto en las entrevistas como con mis amigos cercanos. Pero no pude evitar que salieran partes de mi vida que quería mantener en secreto. La escena de la mortaja de la madre es real, por ejemplo. Mi madre se la encargó a mi hermana y es tal cual se rodó. Pertenece a la cultura de la muerte manchega, más femenina que masculina.

–Dolores de espalda, cefaleas, fotofobia, acúfenos... ¿Usted está tan mal como el protagonista?

–No. En absoluto. A mí me han fijado la parte lumbar con hierros, por estenosis de canal. Tu espalda se comporta de otro modo desde la operación, se contractura porque tiene que compensar que hay una mitad inmóvil. Es un gran cambio que los médicos no te dicen y que te deja en manos de fisios de por vida. Conozco los dolores del protagonista, pero no tengo derecho a quejarme con el dolor que hay en el mundo. El personaje de Antonio no va de víctima, y yo mucho menos.

–¿Ha tomado heroína para aliviar sus males como el personaje?

–Nunca he tomado caballo. He estado rodeado de él, por eso lo conozco muy bien. Se me ocurrió contar la historia de alguien que recurre al gran analgésico. Localicé en una antigua agenda a un 'dealer' de toda la vida, muy amigo mío, aunque hacía veinte años que no le veía. Fui a su casa y nos bebimos sendas botellas de agua. Nos pusimos al tanto de los 80, de la gente que había muerto y de la que no.

–¿Hoy podría rodar sus primeras películas, tan libres y desvergonzadas?

–Creo que las que hice en los 80 me hubiera atrevido a hacerlas ahora, pero también estoy seguro de que tendrían muchos problemas que no tuvieron entonces, cuando fueron muy celebradas. Distribuidores y exhibidores pondrían serias trabas para estrenarlas. Vivimos en un país absolutamente distinto. Nunca hubiera pensado que cuarenta años después estaríamos así. La libertad de expresión peligra más que entonces.

–Hay una tendencia a desmitificar la Movida, a rebajar la trascendencia de su contracultura.

–No me arrepiento en absoluto de lo que hice en los 80. Me siento muy orgulloso de las películas y del tipo de vida de excesos que llevé. Una vida muy explosiva, porque acabábamos de salir de una dictadura. Tenía la suerte de ser joven en un momento en que podíamos gozar de libertades inéditas hasta entonces, que afectaban a todos los terrenos de tu vida.

–Sobrevivió.

–Había muchos riesgos, cierto. Para aquella generación que descubríamos las drogas a finales de los 70, la heroína fue nuestro Vietnam, una guerra donde cayó mucha gente. Yo tuve suerte. No creo que haya vivido peligrosamente. Me rodeaban bastantes peligros, pero siempre me salvó ser disciplinado. Salía y me acostaba muy tarde, pero a las siete menos cuarto me levantaba para ir a la Telefónica a trabajar.

–En 'Dolor y gloria', una madre descubre que su hijo es diferente en la España de los años 50.

–Sí. La película empieza en una piscina, con el protagonista flotando ingrávido, un momento placentero que yo siempre experimento. Y del agua de la piscina pasamos a la corriente de un río. Agustín (su hermano y productor) y yo íbamos al río con nuestra madre. Esas lavanderas son uno de los momentos más felices de mi infancia. A pesar de su duro trabajo, cantaban y hablaban de las cosas del pueblo. Una fiesta. Quería una imagen feliz del personaje de la madre, porque después la muestro viviendo en una cueva en Paterna, como una madre de posguerra que luchar contra todo para sobrevivir. Ya es otra Penélope más grave y sombría, no esplendorosa como al principio.

–Elecciones el próximo 28 de abril.

–No quiero hablar de ese tema. Tengo ideas sobre las elecciones, del juicio al 'procés' y de la aparición de la ultraderecha. Pero estoy en mi propia campaña: hablar de la película. Estos temas fagocitarían todo lo que hemos hablado. Solo digo que la gente vaya masivamente a votar. Cuanta más gente vote, el resultado será más democrático.