La comisión de la memoria histórica insta a la Iglesia a retirar las placas franquistas

Soldado haciendo guardia. El grabado hecho por un combatiente republicano en San Miguel de Lillo./
Soldado haciendo guardia. El grabado hecho por un combatiente republicano en San Miguel de Lillo.

El título de rector honorario concedido a Franco por la Universidad y los colegios Gesta y Elisburu, en el punto de mira de los expertos

AZAHARA VILLACORTA GIJÓN.

Con la exhumación de los restos de Franco en el punto de mira del Ejecutivo de Pedro Sánchez, los especialistas que forman parte de la comisión de la memoria histórica -que, a instancias del Gobierno del Principado, elabora desde hace meses un catálogo de vestigios, lugares y huellas de la guerra civil y la represión franquista en Asturias- acaban de instar al Arzobispado de Oviedo «a que elimine las placas de exaltación de la contienda y la dictadura de las iglesias asturianas», tal y como confirmó ayer a EL COMERCIO la historiadora Carmen García.

«No se trata de eliminar los nombres de los fallecidos en la guerra civil, sino que se recomienda a la Iglesia que suprima expresiones como 'Caídos por Dios y por España', 'José Antonio, presente' o 'Mártires de la barbarie roja'» de los templos y cementerios de la región.

Pero, mientras la respuesta de la Diócesis llega, los trabajos de una comisión en la que están presentes la Universidad, el Archivo Histórico y la Federación Asturiana de Concejos no se detienen y ya están identificados más de un centenar de símbolos a los que acaban de incorporarse dos grafitis sacados a la luz durante las obras de restauración en San Miguel de Lillo y el Monasterio de Cornellana. Dos hallazgos que «se conservarán en los muros donde fueron realizados», apunta la profesora de Historia Contemporánea, quien no descarta «que esos trabajos nos deparen nuevas sorpresas».

En el caso de Cornellana, los investigadores han encontrado «una caricatura de Azaña junto a inscripciones que indican que fueron realizadas por presos del bando de los sublevados, ya que el lugar fue utilizado como cárcel por los republicanos primero y por las tropas franquistas más tarde».

En cuanto a la inscripción descubierta en el segundo piso de San Miguel de Lillo, García precisa que «probablemente fue realizada con una navaja por un soldado republicano para entretener las horas muertas» y reza: «J. Ar Haciendo guardia con motivo del levantamiento fascista en la noche del 28 a 29 de julio de 1936».

El otro frente de batalla de la comisión está en la propia Universidad. Porque, como resume la historiadora tirando de refranero, «en casa del herrero, cuchillo de palo». Y es que la institución cuenta con varios símbolos franquistas en su Edificio Histórico, además de mantener el nombramiento como rector honorario de Franco, que tuvo lugar en 1939.

Historiadores como Francisco Erice ya se habían pronunciado sobre lo «razonable de quitarle esa distinción» al dictador, ya que, de lo contrario, «sería como si en Italia la tuviera Mussolini o en Alemania, Hitler». Y ahora la comisión recomienda que se haga más pronto que tarde mientras que el rector se ha comprometido a llevar el asunto a la próxima reunión del claustro universitario, que tendrá lugar a finales del verano.

Y, sin salir del terreno educativo, los expertos aconsejan «el cambio de nombres del colegio público gijonés Julián Gómez Elisburu, insigne falangista, uno de los más activos de Gijón», y del colegio Gesta, en Oviedo, «que conmemora la sublevación franquista», aunque, en ambos casos, «la decisión final corresponde a la Consejería de Educación».

Además de hacer recomendaciones en este sentido, los expertos que velan por el cumplimiento de la ley de memoria histórica pretenden también asegurar la conservación de elementos como las placas del Instituto Nacional de la Vivienda en las que aparecen el yugo y las flechas y que «muchas veces son sustituidas por las comunidades de vecinos a la hora de hacer reformas cuando deberían mantenerse, porque son indicadores indispensables para estudiar el urbanismo de las ciudades». Y, en el caso de los vestigios de la contienda y la dictadura ya retirados como bustos y retratos de Franco, plantean «la creación de un museo de la guerra civil».

 

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