«Decir que Asturias es España y lo demás tierra conquistada me parece desfasado»

El medievalista David Arbesú. /  E. C.
El medievalista David Arbesú. / E. C.

El medievalista David Arbesú habló en Oviedo de los paralelismos históricos y legendarios entre las batallas de Covadonga y Poitiers

PABLO A. MARÍN ESTRADA OVIEDO.

Profesor de literatura medieval española en la Universidad de South Florida, el asturiano David Arbesú estuvo ayer en Oviedo, invitado por Foro Asturias, para hablar de 'Covadonga y Poitiers: Paralelismos Historiográficos y legendarios'. Hoy estará en El Manglar para disertar a las 19 horas del mismo hecho desde las fuentes árabes.

-¿Qué paralelismos hay entre Covadonga y Poitiers?

-Están los históricos: coinciden en la misma época, hay un ejército árabe que se acerca al norte, pero sobre todo los legendarios. Las batallas descritas en las crónicas se componen con modelos bíblicos y son relatos usados para legitimar monarquías. En la crónica de Alfonso III los autores no lo esconden, se usan las historias de Moisés y de Judas Macabeo, gobernantes del pueblo elegido. En Poiteirs sucede lo mismo, el propio nombre de Carlos Martel está tomado de Macabeos.

-¿En qué difieren de las fuentes árabes?

-En todo. Hablan de 300 cristianos que se encastillaron en una cueva y como los árabes no podían llegar a ellos, los dejaron morir de hambre. Cuando solo quedaban 30, se fueron. En crónicas posteriores, cuando ya han perdido ciudades como Córdoba, se lamentan del error de no haber apagado aquella chispa de rebelión. En estas crónicas también hay milagros, sueños, profecías al relatar las propias victorias y minimizar las que pierden. En eso no difieren.

-Los hechos en todo caso sucedieron...

-Es indudable que algo pasó y por eso está en todas las crónicas, como la figura de Pelayo y su origen noble. Pero no todo es blanco o negro como cree la gente, había alianzas y manejos entre unos y otros. ¿Hubo batalla? Seguramente no fue ni tanto ni tan poco. Probablemente los árabes se retiraron porque no tenían experiencia en luchar en las montañas y consideraron que debían concentrar sus esfuerzos en otro lado. Otro hecho es que a partir de ahí se configura el Reino de Asturias.

-¿Con rigor se puede hablar de cuna de la Reconquista?

-Si se hace una concatenación de hechos, sí. Fue la primera vez que los árabes se echaron atrás, se creó ese reino, se fue luchando contra ellos y echándoles cada vez más abajo. En ese sentido se puede decir que ahí empezó la reconquista, aunque las crónicas no hablan de eso. Y decir hoy que «Asturias es España y lo demás tierra conquistada», me parece muy desfasado.

-Hubo otros núcleos...

-Claro, en zonas montañosas como los Pirineos. Ahí surgen Navarra, Aragón... todos ellos también basan su mito fundacional en similares elementos: una cueva con simbolismo religioso, la derrota de un gran ejército árabe por un pequeño grupo cristiano, un milagro. Es su manera de legitimarse para no ser súbditos de Asturias. Castilla acepta Covadonga, pero legitima su proyecto en que Alfonso II no tuvo hijos y en los jueces castellanos, otro modelo bíblico.

-¿Qué lectura cabría hacer hoy?

-En Asturias hay gente que se toma muy en serio estas cosas y parece que no puedes decir nada porque creen que realmente hubo algo sobrenatural: Covadonga y Pelayo son cosas sagradas. Me gustaría que se entendiese el sentido legitimista de las crónicas y se pensase en ellas de manera crítica.

-¿Se siente cómodo enseñando literatura española en el país de Trump?

-Las condiciones profesionales son muy buenas en las universidades norteamericanas. Otro asunto es mi especialidad, que no despierta mucho interés en una sociedad muy apegada a lo práctico. El español es una lengua de segunda en Estados Unidos, los propios hispanos si pueden lo evitan para hablar en inglés, que da prestigio: ocurre con mis alumnos. Con Trump la situación ha empeorado, pero la xenofobia y el racismo ya estaban ahí: ahora simplemente se sienten envalentonados.