«Están desmantelando el teatro, aquí todo lo chupan la Laboral y el Niemeyer»

Miguel Rojo, Paz de Alvear, María de Álvaro, Etelvino Vázquez, Cristina Lorenzo, Lucía Falcón y Diego Medrano, en el Club de Tenis de Oviedo, antes del encuentro. / FOTOS: MARIO ROJAS
Miguel Rojo, Paz de Alvear, María de Álvaro, Etelvino Vázquez, Cristina Lorenzo, Lucía Falcón y Diego Medrano, en el Club de Tenis de Oviedo, antes del encuentro. / FOTOS: MARIO ROJAS

Los Encuentros de EL COMERCIO Etelvino Vázquez, actor y director teatral | Imprescindible de la escena hecha en Asturias, reivindica el papel social de la cultura y critica con dureza la política del Principado

DIEGO MEDRANO OVIEDO.

Etelvino Vázquez (Lugones, 1950), histórico de las artes escénicas asturianas, lleva décadas a sus espaldas dedicado a la profesión en grupos ya míticos, Caterva o Margen, hasta el actual Teatro del Norte, aventura esta última con la que cumple en este 2018 los 33 años y con la que está de gira, este fin de semana en Extremadura, con 'La gaviota' de Chéjov. Antes, fue protagonista de una nueva edición de los Encuentros de EL COMERCIO en Oviedo, celebrada como en anteriores ocasiones en el Club de Tenis. Allí habló de su vida, de teatro y de cultura, que en su caso viene a ser lo mismo, sin ahorrarse un ápice de críticas hacia el Principado, en plena polémica por el «desmantelamiento de la red de teatro profesional».

«Felipe González y Borrell pensaron que apoyar al teatro era poner ladrillos»

«Todo fueron pinitos hasta que descubrí a Javier Villanueva y su teatro político, vinculado a ateneos y centros sociales. Nuestro 'Ubú Rey', al final del franquismo, fue histórico. Ahí fue cuando empecé a pensar como un profesional. Ese teatro de Villanueva era político, fresco y nuevo, recuerdo las obras sobre la Revolución del 34, por ejemplo. En los años 80 me influye mucho el teatro argentino, la actuación es pura fuerza, no hay concepto de escenario y el público rodea a los actores en cualquier tipo de plataforma. El teatro no es cuestión de espacios físicos, sino de construir espacios mentales. El problema es que en España eso no lo entendimos a tiempo. Cuando llegó el PSOE al Gobierno, Felipe González y Borrell pensaron que apoyar al teatro era poner ladrillos, y todavía hoy pagamos las consecuencias de aquello, que ha generado un auditorio pasivo».

«La precariedad va siempre con nosotros, pero es una de nuestras fortalezas»

«La precariedad va siempre con nosotros, pero al final pienso que esa es una de nuestras fortalezas. Te das cuenta de que con muy poco puedes hacer mucho. El problema es que el teatro es una artesanía y como tal necesita tiempo. Eso es lo que no hay ahora. Las condiciones del teatro siempre han sido malas, pero ahora además te piden cosas de un día para otro. Luego está el cómo está distribuido el negocio. En Madrid, por ejemplo, compañías como Pentación controlan tres teatros y buena parte de lo que se hace fuera. Aquí gana dinero el que tiene mucho dinero para invertir, y no dejan espacio para que entren nuevos. Eugenio Barba decía que lo nuestro era el tercer teatro, como del tercer mundo, y tenía razón. Otro problema es la falta de público; no se hace teatro para jóvenes y, por tanto, el público no se renueva. En buena medida también es culpa del profesorado, especialmente de Secundaria, que ni tiene formación teatral ni provoca el interés de sus alumnos. Tenemos algo que no tiene nadie alrededor, ningún país, tenemos a Lorca y a Valle-Inclán. Pero parece que da igual. Tampoco hay estudios específicos de crítica teatral en España y los dramaturgos se meten a dirigir, lo que es siempre un error, porque alguien debe separar el texto y añadir lejanía».

«El PSOE está desmantelando el circuito de teatro profesional asturiano»

«¿Hablamos claro respecto a Asturias? Aquí todo lo chupan la Laboral y el Niemeyer. A lo más que se llegó de presupuesto público en esta región para el teatro fueron 125.000 euros anuales y Jorge Fernández León, que se fue de rositas, lo redujo a 54.000. Eso para repartir entre todas las compañías. Una miseria. Otros institutos nacionales te ayudan a girar por España, pero nada más. Si tu comunidad no te ayuda, solo te queda irte al extranjero. Gobiernan el teatro con la ley en una mano y el BOPA en la otra, y este no es un sector como los demás, pero ni el consejero ni el viceconsejero de Cultura, Genaro Alonso y Vicente Domínguez, lo entienden. No hay ninguna sensibilidad. Por ejemplo, si te presentaste a las ayudas durante tres años no puedes optar el cuarto. Y eso provoca que no haya continuidad de nada. El circuito de teatro asturiano se muere. Se lo están cargando. Hay que recordar que fue el PP el que lo creó y actualmente el PSOE lo desmantela. Parece increíble».

«¿Qué programación hay en Asturias? Ninguna, la desidia es completa. Con el cambio legal de la Consejería de Cultura los ayuntamientos, que antes nos contrataban al 50% junto al Principado, no saben qué hacer, porque ahora se supone que todo tiene que ir vía subvención. Institucionalmente, se puede pedir algo más, mucho más. Italia es un desastre como país, pero cada municipio apoya su teatro. En todo el mundo se dan ayudas y se rechaza la desidia municipal. En Portugal, otro desastre nacional, las compañías son estables, tienen su sede y una programación».

«Aquí también es lamentable, por ejemplo, que un teatro como el Jovellanos de Gijón esté medio arruinado, con una deuda tremenda a cuestas de manera que la inmensa mayoría de las obras tienen que jugársela a taquilla en exclusiva. En Oviedo para qué hablar, aquí solo hay lírica y conciertos, o conciertinos».

«A quienes critican las ayudas les diría que viajen y vean lo que se hace por ahí»

«A quienes critican las ayudas a la cultura les diría que viajen por medio mundo y que me digan dónde el teatro no es subvencionado. ¿Francia, Italia, Portugal? Todos los países de nuestro entorno lo hacen porque nuestra rentabilidad nunca es económica. Hoy todos los actores son menores de cincuenta años. ¿Sabéis qué quiere decir eso? Que los mayores de esa edad han desaparecido, han tirado la toalla, lo han dejado».

«La enseñanza es muy teórica, nosotros nos forjamos en vivo»

«La escuela está muy bien, pero los alumnos desconocen el teatro en activo. Estudian esos cuatro años de forma muy teórica, como pudieran estudiar Medicina. La escuela depende de la universidad, pero no es universidad, algo que no se entiende. De hecho, los profesores cobran como uno de instituto. Los estudiantes acaban y se van para Madrid porque aquí no hay futuro. Y allí se encuentran con un nuevo timo, el de los cursos-casting, donde les obligan a pagar por participar con la promesa de coger a algunos».

«Nosotros solo tuvimos los libros y nos forjamos en el teatro en vivo. Ahora un licenciado de Ciencias Políticas, sin saber nada de teatro, puede llegar a dar clase en la ESAD. Tengo algo muy claro: si un actor trabaja toda su vida, al final va a ser bueno. Si estás cinco años junto a Peter Brook vas a aprender algo. Pero aquí no hay dónde trabajar y los cursos llega un momento que se tienen que acabar para subir a escena. Para nosotros el trabajo fue el mejor meritoriaje. Pero en España todo es muy cañí: algunos seguimos vinculados en la Seguridad Social al régimen de artistas y toreros. Nadie lo quiere cambiar».

«He recorrido medio mundo sin haber salido de Lugones, es un compromiso»

« En buena medida, he recorrido medio mundo sin haber salido de Lugones. Yo vengo de una generación educada en los principios éticos y a mí me parece que si quieres montar una compañía de teatro, o lo que sea, tiene sentido hacerlo en el lugar en el que vives y no irte fuera. Podría ser una especie de militancia, sí, pero lo describiría más como un compromiso con tu tierra y con tus vecinos. No hay que olvidar que el teatro es un arte muy nacionalista, siempre muy pegado a la tierra en la que se crea, no le pasa eso a la danza, que es universal».

«Reconozco que voy poco al teatro últimamente porque me aburro mucho»

«Reconozco que últimamente voy poco al teatro, porque me aburro mucho. Un ciego no puede ir al cine y sin embargo sí puede ir a una obra de teatro, porque el teatro no es imagen, es palabra, pero eso ahora parece que gusta menos. Con todo, es incomparable. El cine solo son trampas. El teatro es una labor social y no necesariamente esto implica un mensaje social, eso se lo debemos a Bertold Brecht, y el teatro cambia a aquel que lo hace, algo que aprendimos de Artaud, de Grotowski. No hay más».

La última producción: 'El rector'

«Tuvo muchas cosas buenas. El teatro se llenó, la verdad es que la promoción fue muy intensa, y cuando se anuncian las cosas, el público responde. La publicidad es importantísima. El caso es que al margen del éxito de público, Oviedo le debía algo al rector Alas, al que asesinaron con total impunidad. Le dimos un aire muy dialogado al texto y lo hicimos con bastantes medios, pero veo imposible repetir más funciones, la verdad. Fue algo muy específico, muy concreto».

«Treinta y tres años después, seguimos vivos. Esa es la mejor noticia»

Conviene mirar hacia adelante, ni a los pintores ni a los escritores les sale todo igual, así que estoy más orgulloso de unos montajes que de otros, pero sigo adelante. Son pocos los que van a ver teatro, pero muchos menos, hay que tenerlo siempre presente, los que jamás verán una obra en su vida. Así que a eso tenemos que aferrarnos. Espero que en mayo, después de las elecciones, llegue una nueva legislación y podamos respirar un poco. Treinta años con el mismo interlocutor cansa. Sería genial que se crease un Centro Dramático Asturiano y la Fábrica de Gas de Oviedo podría ser un gran sitio. Ojalá haya voluntad. En Teatro del Norte, además, estamos trabajando para tratar de ser compañía residente en el nuevo centro cultural polivalente de Lugones. Proyectos no nos faltan y ganas, tampoco. Lo importante es resistir, como nos recuerda Chéjov. La vocación es una cruz y hay que saber llevarla y tener fe. No sentirse solo en esto es crucial, y las conexiones no tienen por qué estar cerca, pueden venir de muy lejos».

 

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