Memorias de un luchador

Luis Felipe Capellín estrena hoy en el Antiguo Instituto el documental ‘A mí me llamaban Libertario’, que recoge la historia del republicano Ángel Díaz Ramos

Ángel Díaz Ramos, que acaba de cumplir 94 años, huyó de Asturias durante la guerra civil.
Ángel Díaz Ramos, que acaba de cumplir 94 años, huyó de Asturias durante la guerra civil. / E. C.
Jessica M. Puga
JESSICA M. PUGAGijón

«Una cosa es contarlo y otra muy distinta, vivirlo», advierte Ángel Díaz Ramos, gijonés de El Llano de la quinta del 24, a Luis Felipe Capellín. Su historia, la que el director de cine ha grabado y presenta esta tarde (19 horas) en forma de documental en el salón de actos del Antiguo Instituto de Gijón, es la de un niño que con diez años vio cambiar su mundo para siempre debido a una guerra.

En el documental, titulado ‘A mí me llamaban Libertario’, cuenta cómo fue testigo de asesinatos y encarcelamientos de amigos, chavales como él, y cómo su familia, anarquista confesa, optó por escapar por El Musel a Francia. «Se fue con su madre y su abuela en 1937 en el mismo barco que Eleuterio Quintanilla, y llegó a Burdeos, desde donde volvió a entrar a España por Cataluña», adelanta Capellín, quien alaba la buena voluntad de los catalanas al acoger y preocuparse por los miles de refugiados asturianos que llegaron buscando ayuda.

Ángel Díaz Ramos, Libertario, destaca en su relato dos nombres: Pepo y el Chileno, ambos compañeros suyos de las Juventudes Libertarias. Al primero, vio cómo lo mataron cuando salía de su casa en 1934. Libertario solo tenía diez años, pero ese hecho marcó su infancia y fue una de las primeras desgracias que tuvo que soportar. Después llegarían el hambre, la miseria y los desdenes del bando golpista. Al Chileno le perdió la pista después de que le acusaran de robar en la fábrica de tabacos de Gijón. Quiso el destino que se encontraran en Burdeos. Terminada la guerra, el Chileno se fue a México y ahí formó una familia, reconocida, pues su hija es OlvidoGara, Alaska. En el documental de Capellín, de hecho, aparecen dos fotografías de la cantante.

Luis Felipe Capellín con Libertario, durante el rodaje del documental.
Luis Felipe Capellín con Libertario, durante el rodaje del documental. / E. C.

La siguiente parada de Libertario, que había sido alumno de Eleuterio Quintanilla cuando –dice– ya estaba demasiado ocupado y preocupado, fue Zaragoza. «Ahí llegó con su abuela y, cuando pudieron juntar algo de dinero cogieron un tren para regresar a casa, pero antes, pasaron 15 días durmiendo en la estación», rememora Capellín de la conversación mantenida con Díaz Ramos. «Grabé unas cinco horas y fue después, cuando ya estaba listo el documental, que me contó cómo en la estación maña, mientras su abuela dormía en un banco y él lo hacía en el suelo, los soldados alemanes le pisoteaban», cuenta el cineasta y colaborador de EL COMERCIO.

Al volver a Gijón, se encontró con una ciudad que muy poco tenía que ver con la que había dejado atrás dos años antes. La historia de Libertario tiene un final feliz. Él, que vive en Laviana y esta semana cumplió 94 años, estará hoy presente en el estreno del documental que cuenta su historia. Contará, por ejemplo, cómo sus padres, su abuela y él volvieron a reunirse.

«Mi abuela fue una auténtica mártir, una anarquista», acaba diciendo Ángel Díaz. Por eso, Capellín eligió para cerrar su trabajo el tema ‘A las mujeres’, que acompaña la sucesión de fotografías de medio centenar de féminas, reconocidas o no, que han jugado un papel fundamental.

 

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