El Gobierno diseñará un plan contra el suicidio con las ONG

D. CHIAPPE MADRID.

Cada día diez personas se suicidan en España. 3.569 en 2016, último año que recoge el INE. La cuarta parte, mujeres. Ese año, doce niños con catorce o menos años también se quitaron la vida. La forma de suicidio depende del entorno en que viven. En el rural, se ahorcan (1.653); en la ciudad, se precipitan desde lugares elevados (904). Son menos los que se envenenan o ahogan. La tasa es de 7,6 por cada 100.000 habitantes. Hasta aquí las estadísticas y las cifras.

«La causa es un sufrimiento psicológico intolerable, mezclado con desesperanza», explica el psicólogo Javier Jiménez. Los factores de riesgo suelen ser las enfermedades psicológicas graves (trastorno bipolar, depresión), adicciones, desestructuración familiar, antecedente de abuso sexual y ausencia de apoyo social. Pero el mayor factor de riesgo es el intento previo.

Entre las escasas iniciativas públicas para enfrentar este problema de salud pública que cada año se cobra más vidas que los accidentes de tráfico se encuentra el Plan de Prevención del Suicidio y Manejo de la Conducta Suicida, puesto en marcha el año pasado en Valencia, con el objetivo de reducirlos en un 10%. Según cifras de la Conselleria de Sanidad, la detección de conductas suicidas se ha triplicado. De 100 casos al mes se ha pasado a 350 en Atención Primaria. En el 25% de esos casos se activa el «código suicidio», para dar respuesta rápida a esa persona: en menos de 72 horas y con seguimiento telefónico de expertos. Sin embargo, al carecer de una extendida red pública de prevención y asistencia, esas tareas están en manos de unas ONG que «trabajan con total precariedad», a juicio de Jiménez, y que han sido invitadas por la ministra de Sanidad, Carmen Montón, a participar en el diseño de un plan de prevención. En el cónclave, ocurrido el viernes, la docena de representantes tanto médicos como «sobrevivientes», como se califica a los familiares (y no a quien intenta matarse sin éxito), presentaron sus resultados. Aunque de momento no hay siquiera un borrador del plan, la evaluación de los asistentes es positiva. «Nunca antes las autoridades políticas y sanitarias se habían preocupado por estas muertes», dijo Jiménez. El telón de silencio empieza a levantarse.

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