«Jesucristo es el personaje de personajes, el único del que se puede decir que sigue vivo»

Ignacio Arroyo, Miguel Aranguren y Fidel García, en la Antigua Escuela de Comercio. /  JOAQUÍN PAÑEDA
Ignacio Arroyo, Miguel Aranguren y Fidel García, en la Antigua Escuela de Comercio. / JOAQUÍN PAÑEDA

Miguel Aranguren presentó ayer su novela 'J. C. El sueño de Dios' en un acto del Ateneo Jovellanos apoyado por el Aula de Cultura

PABLO A. MARÍN ESTRADAGIJÓN.

Un laborioso e intenso trabajo de siete años y un «vértigo constante que compensaba al otro lado de la balanza la fascinación», así ha descrito el novelista Miguel Aranguren el proceso de creación de su última obra: 'J. C. El sueño de Dios' (Homo Legens), que ayer presentó en un acto del Ateneo Jovellanos en colaboración con el Aula de Cultura de EL COMERCIO. No podía ser de otra manera ante su novela más ambiciosa y cuyo protagonista, Jesús de Nazaret, es «el personaje de los personajes» para cualquier escritor y «el único real del que podemos decir con seguridad que está vivo», aseguró su autor, que estuvo arropado por su amigo el periodista Ignacio Arroyo y por el secretario de la institución jovellanista, Fidel García.

En un ameno diálogo con Arroyo el escritor fue desvelando algunas de las claves que le llevaron a acometer este libro, definido previamente por el representante del Ateneo como «una obra que no es ni un tratado de teología, ni una historia piadosa, sino un relato de ficción». Un encuentro casual con un sacerdote en Valencia con quien conversó acerca de «las nuevas generaciones en las que Dios no está presente, y sin embargo lo buscan», y la visita del Papa Benedicto XVI al Madrid del 15-M («en el que medio millón de jóvenes fueron a ver a aquel anciano, con el rechazo de los acampados en Sol»), impulsaron su decisión de comenzar la novela. Su propósito inicial era abordar la vida de Cristo, pero le abrió los ojos el pasaje final del Evangelio de San Juan: «No cabrían en la Tierra todos los libros capaces de contener todo lo que este hombre dijo e hizo» y resolvió centrarse en los años menos conocidos de Jesús, antes de su vida adulta y en algunos pocos de esta. De su experiencia en el acercamiento al personaje principal de 'J.C. El sueño de Dios', obtuvo la convicción de que «Cristo tiene un mensaje privado para cada ser humano» y de que «Dios solo sabe pensar en singular: en ti y en mí».

A lo largo de la elaboración de su historia, Aranguren afirmó que siempre tuvo claro que no quería presentar ni a Jesús ni a ningún otro personaje «con azúcar», sino «bien anclados en la historia, de carne y hueso». Sobre varios de ellos se extendió, alentado por sus compañeros de mesa. De San Juan Bautista desveló que «casi nada se cuenta de él y de su vida complicada: entró en la mía y me pidió un lugar principal en la novela». Su María «no se pasea con corona, como en la imaginería, es una muchacha que vive de su trabajo manual en un barrio pobre y que despierta en sus vecinos reacciones contradictorias, algo común a todas las personas santas». De José, manifestó que «podría ser cada uno de nosotros. Entra en la historia de las historias de refilón y es indispensable para su resolución». Y de Satanás expresó que «sabe que es el perdedor de la historia y en la novela tiene un papel fundamental».

Al final, un asistente le exhortó a su propia autodefinición: «Un pobre hombre, un tipo feliz, lleno de dudas que quiere hacer el mundo un poco mejor a través sus habilidades, que son las que son», concluyó.