Juan Tamargo: «Severo Ochoa aprendió a investigar con Juan Negrín»
El doctor ingresó este martes en el Ridea con un discurso sobre la formación del Nobel asturiano en la Universidad Central
El Real Instituto de Estudios Asturianos (Ridea) acogía este martes como miembro de honor al doctor Juan Tamargo Menéndez (Posada de Llanera, 1946). Licenciado ... en Medicina con Premio Extraordinario y médico especialista en Farmacología Clínica, ha sido Catedrático de Farmacología de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid y director del Instituto de Farmacología y Toxicología (UCM-CSIC).
Antes del acto solemne, el nuevo miembro de la institución hablaba con este diario sobre su discurso de ingreso: 'Severo Ochoa de Albornoz, alumno, becario, profesor y maestro del Departamento de Fisiología de la Universidad Central (1923-1936)'. «Tenía claro que debía hablar de un médico que hubiera tenido relevancia y, tras analizarlo, decidí hacerlo de Ochoa. Llevo 50 años trabajando en la Complutense, que es la antigua Universidad Central, y fue ahí entre 1923 y 1936 donde él aprendió a investigar con su mentor, Juan Negrín, que le enseñó lo que era un laboratorio, le mandó a los mejores centros del mundo, y donde fue también profesor. Me parecía que debía recordar que esos 13-14 años fueron un periodo clave para Severo Ochoa» explicaba el doctor Tamargo.
Ahondando en ese terreno, el farmacólogo confesaba ser «consciente de que ha habido mucha gente que ha hablado de Ochoa, y siempre me llamó la atención que todos los que escriben sobre él son bioquímicos o biólogos nucleares que fueron sus alumnos en Estados Unidos y, cuando volvieron, estaban en la Universidad Autónoma o en el CSIC y desviaban la atención hacia esas instituciones. Y, qué casualidad, se les olvida que Severo Ochoa fue primero un fisiólogo y luego un bioquímico». Para Tamargo, su discurso de ingreso en el Ridea era la oportunidad para poner el foco en esa parte de la biografía del Premio Nobel español.
En ese sentido, recuerda que en segundo de carrera Ochoa se encontró con Negrín, quien lo tomó como ayudante, lo metió a trabajar en su laboratorio de la Residencia de Estudiantes y, después, con la Junta de Ampliación de Estudios, «lo manda con dos Premios Nobel: Meyerhof, en Alemania, y Dale, en Londres, a aprender a investigar y a publicar». La dedicación de su mentor a la política le aparta de su laboratorio, pero éste nunca olvidaría a su brillante alumno y en la guerra civil le facilitaría un salvoconducto para salir de España.
Tamargo afirma que «tenía esa espinita clavada» y su discurso alumbrará esa parte clave de Ochoa, «un asturiano universal».
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