«En Perú tienen muchos prejuicios con la literatura»

Jeremías Gamboa, el martes, en el Reconquista. /
Jeremías Gamboa, el martes, en el Reconquista.

El escritor, apadrinado por Vargas Llosa, rompe con los cánones marcados por la prosa de su país en su primera novela

JESSICA M. PUGA OVIEDO.

La trayectoria profesional de Jeremías Gamboa (Lima, 1975) ha estado siempre del lado de las letras. Estudió Ciencias de la Comunicación en la Universidad de Lima gracias a una beca por rendimiento académico; a los 19 años comenzó a escribir en la revista 'Caretas' y, con el tiempo, su rúbrica ha llegado a figurar en el diario 'El Comercio', de Perú. El periodismo fue seguido de la literatura, a la que dedica ahora su vida. En 2007 se inició publicando un libro de cuentos, y en 2013, la novela 'Contarlo todo', por la que el pasado martes se alzó con el Premio Tigre Juan 2014.

'Contarlo todo' es una novela de superación y de empeño por lograr los objetivos marcados. Valores todos ellos destacados por el jurado del Premio Tigre Juan, del que es ganador, enhorabuena.

Gracias. 'Contarlo todo' es una novela en la que trabajé cinco años, algo que me regalé cuando oscilaba entre la literatura y el periodismo. En ella quise recuperar la Lima de los años 90 y primeros años del siglo XXI y escribir sobre todas las dificultades que tuve yo para convertirme en escritor. El protagonista es un chico que recorre el mundo en pos de su vocación, ser el autor de la novela de su vida.

¿Le fue muy complicado dedicarse a la literatura?

Cuando empecé a escribir lo más difícil fue asumir la vocación y decidirme a hacerlo en un país como el mío, en el que no hay muchas editoriales.

Dicen que su prosa recuerda a la de Vargas Llosa...

Claro que hay influencia, pero al tiempo hay cosas que nos separan. Por ejemplo, en 'Contarlo todo' hay presencia de 'El pez en el agua', La tía Julia y el escribidor' y 'Conversación en la catedral'; pero sus personajes están construidos sobre una carga moral muy fuerte, mientras que los míos están condicionados por sentimientos, algo que me acercaría más a la obra de Alfredo Bryce.

Vargas Llosa ha sido su padrino.

Fue un lector importantísimo, de las personas que más ayudaron a afirmarme en el mundo de la narrativa. Le gustó mucho 'Punto de fuga' y desde entonces fue como mi asesor.

¿Qué queda de aquel sueño suyo de ser escritor que ahora se ha cumplido?

Queda la fé, la ilusión y la candidez. Hay que creerse que tus palabras pueden importar. Estos premios son como anclas que te hacen creer que tu sueño puede ser real.

En Perú le critican por no seguir los temas recurrentes, como el de Sendero Luminoso.

En Perú hay una visión muy ideológica, dan mucha importancia al componente moral y tienen muchos prejuicios. Un escritor como Bryce, que escribe también sobre sentimentalismos, ha sido menos criticado que yo porque soy escritor mestizo, hijo de ayacuchanos. Todo esto es un lastre y hay que trabajar para mostrar que la literatura tiene varios carriles y que se puede elegir sobre qué escribir.

¿Estos prejuicios están desapareciendo o la situación no avanza?

Sí, cada vez está mejor. Novelas como la mía o el trabajo de Carlos Yushimito son la prueba. Cuando hablan de gran novela peruana, están pensando en la novela que habla de Perú; pero si yo quisiera hablar de Perú escribiría un ensayo totalizante o de psicología social. Mi objetivo es escribir de ser humano y por eso, mi literatura no se adscribe a lo que debe ser en América Latina.

¿Cómo está el panorama literario en Perú?

Está cada vez mejor, creciendo a un ritmo constante aunque lento. Hay una clase media emergente, que es locontrario de lo que pasa en España, donde el mercado se está contrayendo. Por ejemplo, mi libro se recibió muy bien, con cifras de venta de 15.000 ejemplares, que para Perú es una barbaridad.