«Vivimos tiempos propicios para practicar la literatura del absurdo»

Antonio Paniagua, escritor y periodista. /
Antonio Paniagua, escritor y periodista.

El escritor y periodista Antonio Paniagua publica 'Un abrigo con hombreras', un sorprendente y divertido libro de relatos que navega entre el realismo autobiográfico y el surrealismo absurdo

ROSARIO GONZÁLEZMadrid

Antonio Paniagua (Madrid, 1966), escritor y periodista de la agencia Colpisa, demuestra con su tercer trabajo que lo suyo es amor por el lenguaje. En 'Un abrigo con hombreras' (Baile del Sol), su primer libro de relatos después de dos novelas, se nota ese respeto por las palabras, que se traduce en un volumen dotado de musicalidad y ritmo para un autor que se define como «palabrero», «verboso» y «barroco». «Ahora se lleva el minimalismo pero creo que las palabras dan alegría; no me gusta la prosa desnutrida y no estoy tan seguro de que menos sea más», defiende el escritor.

El resultado es un trabajo sorprendente y divertido, que navega entre el realismo autobiográfico y el surrealismo absurdo, y que Paniagua divide en tres partes. Una primera, tierna y cruda a la vez, de tintes autobiográficos, que aborda la infancia, la adolescencia y la primera juventud del protagonista y por ende del autor. La historia arranca en los años 70 en Ciudad Pegaso, en el extrarradio madrileño, en un barrio obrero cruzado por calles bautizadas con nombres rimbombantes como la Quinta Avenida y donde vivieron personajes imprescindibles de la Movida madrileña como Fabio McNamara.

Un entorno donde el protagonista, Paco, afronta la tragedia de la vida diaria en una familia formada por una madre omnipresente y firme -«aunque también vulnerable y víctima de sí misma»-, un padre ausente y abstraído y una hermana con síndrome de Down. «En el libro prefiero hablar de mongolismo en lugar de síndrome de Down, que es una vaina que vino después porque en aquella época no había esa sensibilidad por los discapacitados», recuerda Paniagua.

El relato, en primera persona, sorprende por la capacidad del autor de retroceder en el tiempo, meterse en la cabeza de un adolescente y transmitir con naturalidad el asombro y el drama de su vida diaria, así como el lenguaje de la adolescencia. Una habilidad quizá heredada de la querencia del autor por novelas de iniciación como 'David Copperfield' o 'El guardián entre el centeno'. «En este libro hay una revisión de la infancia, la adolescencia y la primera juventud vistas desde el perdón de la madurez y la indulgencia; todos pasamos momentos traumáticos en la adolescencia porque la vivimos como una tragedia, pero acabamos siendo compasivos y amamos a nuestros padres a pesar de todo».

Humor surrealista

En la segunda parte del libro, más gamberra, Paniagua despliega su dominio de la técnica literaria y de un humor surrealista y absurdo, para tomar una escena habitual y darle la vuelta hasta que pierde -o cobra- sentido. Se trata de momentos siempre interpretadas por «personajes delirantes y desquiciados». Unos relatos que, según señala, se inscriben en la «literatura experimental» y cuya inspiración le llegó con la crisis económica que arrancó en 2008. «Aunque a veces parezcan cuentos incomprensibles, la realidad que vivimos carece de sentido y creo que los tiempos en los que vivimos, tan dislocados, son muy propicios para practicar esta literatura del absurdo».

Cierra el volumen una tercera parte en la que la protagonista es la violencia, a veces evidente y otras más soterrada, pero siempre «presente en las relaciones sociales, en la vida de pareja, en el trabajo y en todas las formas de convivencia».