El desembarco pudo ser en Gijón

Informe de la playa de Gijón ante una posible operación de desembarco inglesa. /
Informe de la playa de Gijón ante una posible operación de desembarco inglesa.

Los ingleses planearon entrar por Asturias para defender España si los nazis cruzaban los Pirineos

JESSICA M. PUGA GIJÓN.

La II Guerra Mundial se ganó en el campo de batalla. Contiendas como la de Berlín o las Ardenas inclinaron la balanza definitivamente en favor de los Aliados tras seis años de conflicto. En la victoria del bloque liderado por Gran Bretaña, Francia y los Estados Unidos fue clave la estrategia bélica pero también las labores de espionaje que tomaron a España -un país en teoría declarado no beligerante- como centro básico de operaciones. Nadie sabía que estaban ahí, pero las actuaciones de los espías españoles que trabajaron codo con codo con los ingleses para acabar con Hitler y Franco fueron muchas, y determinantes. Por eso José Antonio Landera y José Luis Cervero han pasado los últimos siete años trabajando en el libro 'El tercer ruido. Espionaje en España durante la Segunda Guerra Mundial' que hoy, 19.30 horas, Landera presenta en el Ateneo Jovellanos de Gijón.

En sus páginas dan cuenta de las dos redes de espionaje que se formaron en España, de quiénes formaron parte de la organización, cómo operaban e incluyen hechos históricos clave e impresiones de familiares de implicados. «La red del norte fue la más importante al incluir a 67 agentes y 83 colaboradores mientras que la del sur, que incluía Cataluña, Levante y Andalucía apenas llegó a la treintena», apunta Landera, guardia civil leonés asentado en Gijón desde 2003. El también leonés Lorenzo San Miguel dirigía el grupo norte y hasta gestionó un desembarco de los ingleses en Asturias que nunca se llegó a realizar: «Pidieron a los colaboradores asturianos información de la zona y que frenaran al otro bando. No se hizo porque los alemanes no traspasaron los Pirineos», explica el coautor. Entre la información enviada destacan los datos de mareas, profundidades y hasta la localización de los faros, así como la actividad de las grandes industrias de la zona y los movimientos sospechosos de la región. La información se gestionaba en pisos francos y se enviaba a León, desde donde se transmitía a los ingleses.

«No hay duda de que la red del norte cambió el devenir de la guerra. Lo hizo cuando descubrió que los alemanes tenían dos bases de submarinos en Vigo y Ferrol. El descubrimiento se comunicó a los ingleses y ellos optaron por sabotearlas. Así que la red se infiltró en Ferrol y la hizo explotar el 22 de junio de 1943», explica Landera para destacar la importancia de este hecho, que dejó libre las Azores, cortó el suministro alemán y permitió a los ingleses tomar ventaja. «Este acontecimiento fue clave para el desembarco de Normandía y todo lo que devino de él», explica.

En este grupo del norte colaboró Manuel Grande Covián, hermano del catedrático nutricionista asturiano y capitán de intervención del ejército destinado en Marruecos aunque en esta época se encontraba de permiso en la península.

La región fue también testigo de las consecuencias negativas del espionaje a raíz de los fusilamientos de cuatro hombres acaecidos en el cementerio ovetense de El Salvador el 23 de mayo de 1944. Perdieron la vida César Quiñones Rodríguez, Manuel Rivero, Juan Martínez Riestra y Miguel Mauro Estévez García. «Lo que son las cosas, que 70 años después del suceso ni su propia familia sabía qué ocurrió», advierte el guardia civil, pues fueron él y Cervero quienes, en su trabajo de investigación, comunicaron a la hija gijonesa de uno de ellos por qué un día se llevaron preso a su padre. «Además, la mujer de Juan Martínez, al ser amiga de una criada de Carmen Polo -la mujer de Franco-, viajó a El Pardo para pedir clemencia para su marido, ya preso. La recibió y le dijo que volviese a Gijón porque a su marido no le iba a pasar nada. Cuando vuelve, le fusilan», recuerda Landera. También cuenta anécdotas sobre el funcionamiento de las redes de espionaje. «En 1943 mataron a Lorenzo San Miguel en León acusado de espionaje. Fue la suya una muerte ocasionada por un tema de celos pues el langreano Florentino Arias, obrero de Duro Felguera y lugarteniente de Lorenzo en la organización, descubrió que su jefe había mantenido una relación sentimental con su esposa y le denunció», argumenta.

Tras revisar más de 11.000 documentos tanto en España como en Londres, el material recopilado por estos dos guardias civiles -Cervero ya en la reserva- es propio de una película. Pero aún queda historia, así que cuentan con publicar una segunda parte.

 

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