«La asesina dictadura de Franco no fue fascista»

Joan Maria Thomàs./
Joan Maria Thomàs.

"El franquismo no fue tan monolítico como se suele creer", sostiene Joan Maria Thomàs en su ensayo 'Franquistas contra franquistas'

MIGUEL LORENCIMadrid

«La dictadura franquista fue cruel y asesina, pero ni fue un régimen fascista ni tan monolítico como se suele creer». Así lo sostiene el historiador Joan Maria Thomàs (Palma, 1953), que en su ensayo 'Franquistas contra franquistas' (Debate) desvela cómo muchos de los sectores que apoyaron la rebelión franquista y lucharon en su bando no tardaron en ponerle la proa. Falangistas, carlistas, militares, banqueros y prelados pugnaron por el poder y fueron el enemigo en casa. «Unidos en su afán antidemócrata, contra la izquierda y el nacionalismo periférico, en su oposición a las leyes laicas de la República, nunca estuvieron de acuerdo con respecto a lo que querían construir tras ganar la guerra» plantea el historiador.

El primer franquismo era una amalgama «que conformaban una coalición más destructiva que constructiva», según Thomàs. Cuando los vencedores debían diseñar un sistema «estallaron las tensiones y las luchas por el poder», dice el historiador, que estudia los primeros años del régimen, del 39 al 42. Es la 'etapa azul' y más fascista «cuando parecía que Alemania e Italia ganarían la guerra y las expectativas del partido único, y dentro de él de los sectores más radicales, falangistas y fascistas, querían acaparar todo el poder para y hacer de España un régimen fascista homologable a los nazis».

Pero no fue así. «Estoy convencido de que la dictadura no fue un régimen fascista. Fue más 'fascistizante' que fascista», sostiene Thomàs, profesor de la universidad Rovira i Virgili. Consciente de que su afirmación puede herir u ofender sensiblidades, aclara que «decir que no fue propiamente fascista no rebaja un ápice su nivel de maldad». «La dictadura de Franco fue mucho más agresiva y letal que las de Hitler o Mussollini antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial», acota. «Fueron capaces de matar a mucha más gente, pero, desde el punto de vista científico y académico, ni Franco fue un líder fascista ni el partido tuvo poder que acapararon los nazis o los fascistas italianos», resume este experto en el fascismo y el falangismo. «Algunos historiadores utilizamos el adjetivo 'fascistizado' para destacar que tuvo su componente fascista, porque siempre hubo un partido fascista, la Falange, y el Movimiento Nacional no se disolvió hasta dos meses antes de las primeras elecciones democráticas. Pero no fue un régimen como el de los alemanes y los italianos», dice.

Contra la visión de Franco como un incompetente político, Thomàs dice que «fue una suerte de malabarista que acertó a hacer equilibrios con los 13 gobiernos que conformó en 39 años». En el frente político tuvo a los fascistas de Falange, a los monárquicos conservadores y partidarios de Alfonso XIII, a los del rey carlista, y a los sectores provenientes de la CEDA que querían un régimen monárquico. En el plano social se enfrentaba a poderosos sectores del dinero, la banca y la patronal. También se enfrentaba a instituciones como la Iglesia y el Ejército, «que se consideraban los protagonistas de la victoria en la guerra civil y que veían en la Falange una amenaza a su posición».

«Franco fue aprendiendo. En sus gobiernos siempre hubo representantes de todos los sectores. Jugaba con las proporciones y en momentos clave, como en 1945, al final de la Segunda Guerra Mundial, el régimen teme por su futuro, esconde su cara fascista y falangista y propicia la llegada el gobierno del presidente de Acción Católica, jugando la carta de la defensa de la Iglesia», explica el historiador y autor de ensayos como 'Los fascismos españoles'.

«Hay que reconocerle cierta habilidad en ese sentido. Y la prueba es que se mantuvo casi 40 años en el poder. Murió en la cama. No lo derribó de la oposición democrática de la oposición interna», destaca Thomàs.

Entre sus primeras víctimas políticas, Manuel Hedilla, «jefe de la Falange que Franco unificó y se incautó», y Gerardo Salvador Merino, delegado Nacional de Sindicatos, y constructor la estructura del sindicato vertical entre 1939 y 1941. «Construir el poder dentro del franquismo hizo que sectores empresariales y militares se sintieran amenazados e hicieran una maniobra brutal para apartarlo», explica Thomàs que ha accedido a su archivo personal. Condenado a dos años y un día, Salvador Merino no llegó a entrar en prisión pero fue inhabilitado.