La oscura intimidad de la medusa

A veces eres luz, a veces piedra;

a veces tiburón y otras erizo.

El viaje de los sueños en las nubes,

las alas del dragón y de Mercurio.

La humanidad de Batman y el temblor

de todo lo animal y lo divino.

Los oídos de Ulises y los párpados

conscientes y obstinados de Penélope.

El gigante más grande en Liliputh,

los molinos de viento imaginados.

El camino del bosque que descarta

Caperucita Roja y lleva al lobo.

El interés del gato en la ratita,

el sueño en siete camas o en Totoro.

Eres el pie que no entra en el zapato,

las mentiras piadosas del espejo,

la voz de la sirena y la espuma.

Eres el héroe muerto y sobrevives

al paso de la lluvia y sus arrugas.

Las paredes de Dogville, la escritura

de Sócrates, la playa de Invernalia.

La piel de los guepardos y sus garras,

el tacto de los labios del león

marino y la sonrisa del insecto.

La elegancia del vuelo transparente

de la libélula, la silenciosa

proximidad de la serpiente hembra.

El caracol en su húmedo abrazo,

la secreta voracidad del pez.

La espera impertérrita del perro,

el ladrido en el aire de los cuervos.

El hígado del pato al explotar,

la oscura intimidad de la medusa.

El honor del elefante, la astucia

de la zorra y de las uvas, el hambre

que a todos nos define y nos enfrenta.

La duna tras la tormenta de arena,

la mano que dibuja un arcoíris.

La distancia creciente entre galaxias

destinadas para siempre al olvido.

La estrella ignorante de su nombre,

el río que nace cerca de casa,

el cielo de esta tarde de noviembre.

El árbol que hospeda en su tronco

los cuerpos -¿y las almas?- desdentados

de los bebés toraja que murieron.

Ventana en el palacio y en la escuela,

ventana en hospitales y en la cárcel.

La espada sin hombre y sin romance,

el caballo que vuelve sin jinete,

la fiebre de la noche en cada guerra,

la luna de la luna y su sentido.

El viento insoportable del que duda,

la libertad del sueño y su esperanza.

El roce de la cuerda en la garganta,

la rama rota en el acantilado.

La fuerza misteriosa y convencida

que da vida y expande el tumor.

El silencio después de la pregunta,

las vías cuando ya ha pasado el tren.

La herida que no sangra y sin embargo

se despierta contigo cada día.

Tu carne sabe a historias y a animal.

Eres sólo real; sólo inventado.

Eres el que condena, el condenado

y la condena; la magia y el truco,

el mago, el conejo y el sombrero.

El equilibrio y todos sus contrarios.

El corazón que late y el latido,

el primer parpadeo y el último.

Eres el navegante, eres el náufrago,

el mapa, el navío, el iceberg.

A veces eres tú y otras veces...

te mudas de pronombre personal,

despiertas en lo propio y en lo ajeno.

Eres quien crees ser, quien desconoces;

eres quien creo y quien desconozco.

A veces quien escribe, otras quien lee

y otras, como ahora, el poema.

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