«Con Rajoy hubiésemos perdido la Reconquista»

José Javier Esparza, rodeado de algunos de sus libros. /
José Javier Esparza, rodeado de algunos de sus libros.

José Javier Esparza Escritor

AZAHARA VILLACORTA GIJÓN.

José Javier Esparza (Valencia, 1963) lleva toda la vida ejerciendo el periodismo, faceta que ha compaginado con la de analista político y crítico de televisión y cultura. Formado en las redacciones de 'ABC' y 'Ya', en 2010 pasó a formar parte del Grupo Intereconomía, donde continúa a día de hoy mientras alumbra sus novelas históricas. Esparza presentará la última, 'Los demonios del mar', este martes, 19 de abril, a las 19.30 horas, en la Librería Central de Gijón (San Bernardo, 31), un relato que narra el primer ataque de los vikingos a las costas españolas, en el siglo IX. Corre el «año 844 de Nuestro Señor. Ciñen la corona Ramiro I en Oviedo y Abderramán II en Córdoba. El Reino de Asturias está en paz. Después de haber sometido Irlanda y media Inglaterra, asolar Francia y sojuzgar nada menos que París y Nantes, los normandos son avistados en las tranquilas tierras gijonesas».

-Todo sucedió en verano.

-Efectivamente. El 30 de junio se produjo la primera invasión normanda en las costas españolas y la primera tierra que tocan es Gijón, que entonces era apenas la península de Cimadevilla, y el litoral aledaño. La punta de Rodiles o Villaviciosa, quizá.

-Ha escrito también sobre La Reconquista. ¿Por qué un valenciano tiene tanto interés por Asturias?

-Porque asturianos somos todos.

-Los catalanes no pensarán eso.

-Los catalanes también. Hay tal cruce entre reinos que todos podemos reivindicar un mismo linaje.

-Estaban los astures construyendo los monumentos del Naranco cuando llegaron los vikingos.

-Llevan unos 50 años más o menos saqueando las Islas Británicas, además de Irlanda o París, y, por algún motivo que desconocemos, deciden atacar en las costas españolas. Concretamente, la Torre de Hércules, en La Coruña. Pero, por el camino, paran en Gijón. Y bien sea que lo que ven no les llama demasiado la atención o que van claramente a por el objetivo de Crunia, como se llamaba entonces La Coruña, siguen camino.

-¿Qué ocurre entonces?

-Que no encuentran el tesoro que esperaban en el faro de Hércules. Desembarcan, entran por las rías y entonces Ramiro I tiene que hacer frente a un enemigo que no se esperaba.

-Se acabó así la paz en Asturias.

-Asturias estaba en paz relativamente. Porque las habituales campañas musulmanas sobre la frontera habían quedado ya muy reducidas por los problemas internos que tenían ya en ese momento en Córdoba y porque Ramiro I había conseguido asentar su poder de forma bastante sólida. Pero, de repente, le aparece ese desafío y te puedes imaginar lo que pasaría por la cabeza de aquella gente.

-¿Qué pensarían aquellos astures?

-Pues aparecen unos tipos con una lengua que no habían oído, con un aspecto horroroso y combatiendo como jamás habían visto a nadie. Tuvo que ser un choque formidable.

-De ahí 'Los demonios del mar'.

-Tú imagínate que ves aparecer un barco con forma de dragón en una época en la que los dragones formaban parte de la cultura cotidiana. En Asturias, los cuélebres. Y, además, por lo que conocemos por las crónicas que se escribieron en los monasterios cristianos de Bretaña, la imagen que inspiraban era eso: de demonios.

-Eran los piratas de la época.

-Sí. Piratería ha habido siempre. También hoy. Aunque hoy es de cuello blanco y los piratas están en Panamá. Lo que ocurre es que, hasta el siglo XV, había muy poca diferencia entre el comercio y el oficio de corsario. Los vikingos empezaron a salir de Escandinavia fundamentalmente por necesidad. Porque necesitaban lugares donde cultivar y donde encontrar recursos para vivir.

-¿Y qué encontraron en Europa?

-Pues, fundamentalmente, lugares sin vigilancia: monasterios. Debieron pensar que esto era una bicoca. Y, además, tierras más fértiles, con un clima mucho más amable que el suyo. No es descabellado pensar que valorasen la posibilidad de quedarse en España. Si no hubo aquí una colonia normanda, fue porque no hubo posibilidad de que se asentaran.

-¿Por qué?

-Porque aquí, a diferencia de en el resto de Europa, todo el mundo estaba en guerra: los cristianos del Norte contra los moros del Sur. Aquí, a diferencia de en Francia, encuentran ejércitos dignos de ese nombre.

-¿Las mesnadas de Ramiro I eran aguerridas?

-Mucho. Porque, además, los campesinos también guerreaban. En España La Reconquista había impuesto unas condiciones muy particulares, como que el campesino que repoblaba se tenía que defender. Ahí surge la hidalguía.

-Y de hidalgos a burgueses. Eso es lo que ha dicho de Rajoy: que es el mejor ejemplo de burgués español.

-Yo solo puedo dar gracias a Dios porque en la España del año 844 estuviera Ramiro I y no Mariano Rajoy, con el que nos habría ido de otra manera. Incluso antes: habríamos perdido La Reconquista. Hay unos principios de defensa de la unidad nacional, de la libertad de las personas, de impuestos bajos, de no machacar a las familias... y Rajoy ha hecho totalmente lo contrario de lo que dijo.

-¿Qué le está pasando a este país?

-Ni los políticos lo entienden. Nuestra democracia tiene un gran problema: que se ha construido sobre la base del consenso entre los partidos desde el principio. De tal forma que los protagonistas de la democracia no somos los españoles ni el interés nacional, sino que los protagonistas son los partidos. Y los partidos se mueven solo por su propio interés y no por el interés general. Esta crisis es un perfecto ejemplo de esto: todos van a lo suyo y les importa un bledo el interés del conjunto. Es la mejor demostración de que hemos llegado al final de una etapa y de que hay que abrir otra como sea pero ya.

-¿Hay que cambiar la Constitución?

-Es imprescindible dibujar un proyecto de identidad nacional porque todo el mundo ha aceptado que España, como realidad histórica, se disuelva en el magma mundialista del gran mercado global y el resultado es que el pueblo pierde de vista quién lo manda. Y eso es terrible.

-¿La Ley de Memoria Histórica no sirvió para nada?

-Solo ha servido para que un problema que la mayor parte de los españoles había cerrado ya se vuelva a abrir en una generación que no había vivido ese drama. Así que me parece un dislate absoluto.

-¿Qué pasará con Cataluña?

-Si la nación de todos sigue obstinada en renunciar a afirmarse a sí misma y su propia unidad, no solo pasará en Cataluña: cualquier otra comunidad tendrá vía libre para emprender su propio proyecto. Y poco importará que sea una locura desde el punto de vista económico, un dislate desde el punto de vista histórico o un trauma desde el punto de vista social como ya lo está siendo.

-¿Resistirá la monarquía con la infanta en el banquillo?

-Con la infanta en el banquillo y con la Reina en Podemos, como dice Peñafiel. O, bueno, su tía. Bueno, eso es una broma de periodistas. No: el problema de la república es que no se ve como una forma de gobierno, sino como la experiencia de la Segunda República, que objetivamente fue desastrosa. Entonces, el debate queda contaminado. En España, la monarquía ha cometido los suficientes errores como para llevarnos a todos a una situación de incertidumbre absoluta y de falta de expectativas y de horizonte. Si hoy hace falta, como hace falta, una afirmación de la propia identidad histórica para que democracia no se rompa, la monarquía ha de ser la primera que tire del carro. Y eso el Rey también lo sabe.