De munición, tinta y papel

Los policías Alejandro M. Gallo y Ricargo Magaz, ayer en el recinto de la Semana Negra./
Los policías Alejandro M. Gallo y Ricargo Magaz, ayer en el recinto de la Semana Negra.

Son policías, jueces, abogados, criminólogos... y, además, escritores. La Semana Negra reúne a un buen puñado de autores que reflejan en sus páginas realidades que no les son nada ajenas: viven el crimen cada día

PACHÉ MERAYOGijón

La novela negra está casi tan llena de agentes, comisarios, jueces y abogados dentro de sus páginas, como al otro lado de la mesa que las maneja. Gobernándolas, dándoles órdenes, inventándose otra dimensión, inyectando ficción a la verdad o sencillamente estampando la realidad como denuncia, hay, de siempre, agentes de la ley y el orden. Y muchos están aquí. La Semana Negra pasea cada verano no solo a los que llevan toga o revolver literarios, sino también a los que cuelgan cada día sobre su cuerpo de carne y hueso uniformes magistrados y policiales. La lista de los primeros es imposible de contar. La de los segundos, la de los que utilizan munición de tinta y papel, cuando dejan las leyes y las armas lejos del escritorio, la abrió ayer el autor y profesor de criminología leonés Ricardo Magaz, que antes de presentar su compendio de relatos 'Perro no come perro', se presenta a sí mismo: «Soy madero. Lo llevo siendo 40 años». A la sentencia añade una sonrisa cómplice y un convencimiento: «La vida es novela negra, que nadie piense lo contrario». A Magaz, que sostiene su nuevo libro entre sus manos -«el primero narrativo después de dos ensayos sobre criminología»-, le seguirán otros escritores que tienen cada día butaca de primera fila ante escenarios sin ley. Es el caso de la jueza Graziella Moreno Graupera, que debutó en el género con 'Juegos de maldad', y viene a la XXIX Semana con 'El bosque de los inocentes', novela protagonizada por una abogada envuelta en una investigación criminal. Caso extraordinario es también el del magistrado conocido como el Robin Hood de Vilagarcía, José Antonio Vázquez Taín, instructor, entre otras causas, del terrible caso 'Asunta', uno de esos en los que la verdad supera a la ficción «de lejos», como dice el escritor, policía y criminólogo leonés.

Vázquez Taín también reconocido escritor presenta en Gijón dos historias a falta de una. 'Matar no es fácil' y 'El mar sin fondo'.

Al programa se incorporan mañana mismo Carlos Quílez, periodista, narrador y director de análisis de la Oficina Antifraude de Cataluña. Buen conocedor de lo que la perversión y la corrupción pueden hacer con el ser humano, acude con 'Sigue la mala vida', «siete historias de crímenes y criminales que han marcado toda una época de la delincuencia en nuestro país». Clare Mackintosh, comisaria durante 12 años de Policía en Scotland Yard, y Fernando López, que fue juez en Argentina y hoy es abogado y autor, copan también el cartel de mañana con sus nuevas publicaciones. 'Te deje ir', de la inglesa, y 'La suerte tiene sus planes', firmada por el americano, que está convencido, como ha confesado alguna vez, de que «el género negro permite entrar en otras capas de la sociedad».

Entre medias, sin libro, pero con palabras para narrar verdades que parecen literatura de género, estará en la Semana la catalana Cristina Manresa, jefa del Área Básica Policial (ABP) del distrito de Sants-Montjuïc de Barcelona o lo que es lo mismo, la primera mujer que dirige los Mossos de Escuadra.

Sí viene con volumen recién salido del horno el encargado de cerrar el viernes el catálogo de novelistas con vocación de poner orden, Alejandro M. Gallo, el jefe de la Policía Local de Gijón. Su verbo policíaco queda vertido esta vez en 'La muerte abrió la leyenda'. Un libro en el que, como hizo en los anteriores, se «cuida mucho de no hacer crónica negra, sino narración». Es importante «saber distinguir. La crónica es para los medios de comunicación. Los escritores lo que hacemos o, al menos lo que debemos hacer, es novelar y por eso no hay que alimentarse demasiado de lo que la verdad nos da como argumento. Desde luego para mí la realidad no es alimento básico».

Gallo, que recupera al comisario Gorgonio lucido en estas páginas de EL COMERCIO, relata esta vez cómo su agente vuelve a sus orígenes. «A su primer caso». Y ante una muerte «disfrazada de accidente de tráfico», descubre no solo que hubo voluntad de matar, sino que la víctima no es quien parece. «Bajo la identidad de un ingeniero chileno se escondía, en realidad, Amado Granell, un excombatiente republicano español que participó también en la Segunda Guerra Mundial, donde alcanzó la condición de héroe».

Hablaba Gallo así de las pesquisas de su comisario segundos antes de centrar su atención en otro policía escritor. Su compañero de letras y placa, Ricardo Magaz. El autor de Gorgonio y, entre otras novelas de 'Asesinato de un trotskista', fue ayer el encargado de presentar 'Perro no come a perro', la veintena de historias negras «e inquietantes» en las que Magaz no sacude ni un átomo de la maldad del ser humano. «Esa maldad a la que tendemos por puro instinto», dice. Un instinto que él conoce de cerca y utiliza en sus textos, aunque «no tanto», reflexiona, compartiendo razón con Gallo. De hecho, asegura que «a veces las cosas que ocurren en la realidad» -y pone en la mesa varios casos, como el del crimen de Isabel Carrasco, la presidenta de la Diputación leonesa, o el de la peregrina norteamericana muerta en pleno Camino de Santiago, que siguió muy de cerca- «parecen tan fuera de lugar que si las contáramos tal y como han sucedido parecería que estamos faltando a la verosimilitud». Y eso «es el abc de la novela negra». Para cumplir con él, lo que hace este policía, criminólogo y reputado escritor es moldear sus atmósferas ácidas con «cierta dosis de esperanza». La vida, dice Magaz, «es una novela negra» y el «hombre un ser que lleva dentro un carnívoro depredador». Una realidad, cruda donde las haya, que certifican la mayoría de quienes cargan contra la realidad con palabras.