«Me gusta poder llegar a cualquiera, incluso a quien no lee habitualmente»

El ovetense Sergio C. Fanjul. /
El ovetense Sergio C. Fanjul.

Sergio C. Fanjul. Periodista, escritor y poeta

P. A. MARÍN ESTRADA OVIEDO.

«Por el este amanece en el smartphone/ y ella abre un ojo para clavarlo en la pantalla». Así comienzan los versos que abren el libro 'Pertinaz Freelance' (Visor), de Sergio C. Fanjul, con el que consiguió un accésit en el Premio de Poesía Jaime Gil de Biedma. Ovetense de 1980 y astrofísico de formación, además de periodista divulgativo, su autor defiende una poesía clara y directa -sin desdeñar el esmero y la profundidad- capaz de llegar a cualquiera, incluso a quien no lee por costumbre.

¿El poeta es un freelance?

La poesía no da para comer, en todo caso seríamos unos freelance amateurs.

¿Un francotirador? ¿Un cazador solitario?

En mi caso, los poemas no surgen tras una reflexión muy sesuda o de un trabajo imaginativo como en la novela, sino más bien como un rayo, un flash, una idea. Aunque luego hay que trabajarla bastante, los hallazgos no sabes de dónde vienen. El poeta tiene bastante de cazador de instantes y de lo poético, que no solo está en los versos, puede estar en una novela o en una pintura.

En su libro juega bastante con los nuevos conceptos de la política actual, la tecnología, internet, las redes sociales...

Esto de usar palabras contemporáneas le parecía bastante raro a un señor que publicó una reseña en un periódico de León. Decía que «hay palabras muy de moda como 'salario mínimo interprofesional', 'click'...» (Risas). ¡Yo no sé en qué mundo vive ese señor! Utilizo estos términos porque intento hacer una poesía muy cotidiana. A veces pienso que la poesía está muy alejada de la realidad, en una especie de campana de cristal, y vivimos rodeados de todas estas cosas: el email, los teléfonos móviles, las redes. Cada uno que haga la que quiera, a mí me gusta que salgan.

Por seguirle el juego, ¿la poesía verdadera busca algo más que el retuiteo?

Claro que debe ir más allá del retuit, debe ir directa al espinazo, no al rebote, sino a meterse dentro. En cualquier caso compartir algo que te llega con los demás está bien y nada hay más bello y honesto que un retuit en un mundo como el de las redes sociales, lleno de egolatría.

El humor es otro de los recursos que emplea. ¿Hay demasiada seriedad en la poesía actual?

Me sale así, no es que me obceque mucho en que sea divertida. De hecho, a veces intento que no haya tantos chistes para que me tomen más en serio (Risas). En este tipo de poesía recordaría a nuestro paisano Ángel González, cuya obra está llena de ironía y de cosas que te hacen sonreír, aunque sea una sonrisa amarga.

La huella de González aparece en sus versos o la de Celaya, Blas de Otero... En los suyos también hay política y crítica social. ¿Hay un frente populista en su línea poética?

Uno de mis libros anteriores, 'La crisis', es claramente populista en sentido político, casi un panfleto, hay poemas muy prosaicos que hablan de la crisis, los de arriba y los de abajo... En cuanto a las formas, tampoco me disgusta la idea de poesía popular, incluso populachera (Risas). Y algunos amigos que no leen habitualmente este género me han dicho: «Esto no es como lo de los demás, se puede leer». Vamos, que los puede entender cualquiera, no hace falta tener la vista educada como para leer a John Ashbery.

Nada de retóricas...

A mí me gusta que mi poesía, sin renunciar a la profundidad, pueda llegar a personas que no son lectores habituales y que la entiendan, no solo en cuanto al lenguaje, sino a que habla de cosas que le conciernen y no de cosas metafísicas o herméticas.

¿Cuál sería la receta de ese poema ideal?

Hay mucha literatura urbana, en plan Bukowski, imitadores o seguidores suyos, suele estar muy poco trabajada. Mi ideal sería llegar a un punto en el que el lenguaje sea reconocidamente poético, las imágenes también, y que a la vez apoye los pies en la vida cotidiana.

Hablaba de quienes no leen habitualmente. ¿Cómo les convencería de que la poesía sirve para algo?

Sirve para concentrarse, vivimos rodeados de tantos estímulos que nos dispersan: Facebook, poder ver miles de películas o de series en el móvil... que resulta difícil la concentración. La poesía nos invita a concentrarnos en algo, a una meditación. Su ventaja es que tiene un formato breve perfectamente compatible con los ajetreos del mundo actual.

Por continuar acordes con los tiempos, ¿qué nombres actuales agregaría a un posible grupo en red de autores de los que se siente afín?

Mercedes Cebrián acaba de publicar un libro con el que conecto mucho. Otros nombres que agregaría: Pablo García Casado, Fruela Fernández, Agustín García Mallo, Manuel Vilas...

Es usted astrofísico. ¿Qué le ha aportado esa formación al oficio de escritor, tal vez valorar lo poco que somos?

Pues sí, a una cierta metafísica. En libros anteriores se preguntaba por qué existían los electrones, etcétera. Me ha aportado el asombro por la eternidad y la inmensidad del cosmos, por supuesto la pequeñez del ser humano, el misterio de la naturaleza. Como poeta, me ha aportado bastante vocabulario el mundo de la ciencia: siempre queda bonito dejar por algún verso una partícula elemental o mencionar el Bosón de Higgs (Risas).