«Gijón no tiene nada que envidiar a otros lugares como escenario literario»

María Luisa Prada, ayer, en Gijón./
María Luisa Prada, ayer, en Gijón.

La novelista asturiana acaba de publicar 'Los secretos de Abril', novela que transcurre alrededor de los Premios Príncipe de 2013

ALBERTO PIQUEROGIJÓN.

Es ya su novena novela, desde que en 2004 editara 'Vivir al sol', lo que significa que María Luisa Prada ha venido entregándose en cuerpo y alma a la escritura a partir de su primera comparecencia narrativa y que ahora ha desembocado en 'Los misterios de Abril' (KRK, 2016), una obra con gran presencia escénica asturiana, recorriendo muchos rincones de Gijón y Oviedo, que se sumerge en los misterios de las identidades personales creando una atmósfera de intriga, sustanciada por profundos sentimientos.

-¿Cambian mucho las perspectivas desde una primera novela a la que ahora nos entrega?

-Sí, claro, se modifican mediante la práctica y la experiencia. Además, la trama de 'Los misterios de Abril' me toca muy de cerca. Se inicia en el incendio del camping de Los Alfaques, en 1978, al que yo pensaba ir aquellos días, lo que evitó la visita de un familiar. Pero me había quedado pendiente escribir sobre aquel suceso tan tremendo. Y en 2013, cuando concedieron el Premio Príncipe de Asturias al CERN, se concatenaron una cosa y la otra. Supe que tenía el principio y el final de la novela.

-¿Y cuál es el vínculo entre acontecimientos tan dispares?

-No se conoce el modo en el que funcionan en la cabeza de un escritor estas asociaciones. La relación con Los Alfaques deriva de que la mayoría de las personas que allí falleció era de origen alemán, al igual que la investigadora del CERN que incorporo como una de las protagonistas. La conexión se estableció de esa manera singular.

-Asturias está muy presente en la obra, casi podría decirse que es un personaje más, en particular Gijón...

-En parte, la novela se acerca al género del 'thriller', y siempre he pensado que Gijón es una ciudad que no tiene nada que envidiar a aquellas en las que se desarrollan obras de estas características. Es un escenario literario magnífico. Pero, además, está lo que suele decir Socorro Suárez Lafuente, que la literatura descubre lugares y los puebla. Oviedo es 'La Regenta'. O La Mancha, 'El Quijote'. Con toda la modestia que corresponde, a mí me encantaría que los lectores buscaran en Gijón los personajes de 'Los misterios de Abril'. Hay quien me ha comentado que, por la forma en la que está escrita, ya se proporcionan los exteriores para una película.

-Esa aproximación al 'thriller' se observa en la estructura novelística, que crea una intriga permanente. ¿Le resultó dificultosa esa elaboración?

-La verdad es que no, que no le di demasiadas vueltas, la historia fue surgiendo. Después, hay que matizar, desde luego.

-En una de las citas que introducen el libro, reproduce la que escribió Nietzsche: «Todo aquello que está escondido el tiempo lo sacará a la luz». Sin embargo, las líneas novelísticas parecen defender lo contrario...

-Lo que puede decirse es que a veces vale más no tocar las cosas. Y, en todo caso, si acaban saliendo a la luz, que no es necesario extenderlas y propagarlas.

-¿El azar es un elemento importante de la historia que relata?

-Sin duda. El mismo hecho de que yo no estuviera en Los Alfaques en una fecha en la que pensaba trasladarme allí, ya es una contingencia azarosa. Creo que el azar se muestra a menudo en la vida y que en ocasiones, ante esfuerzos similares, los resultados que obtienen una persona y otra son bastante diferentes.

-Sin desvelar nada fundamental a los lectores potenciales, en la novela se plantea una doble identidad. ¿Es asimismo una pregunta acerca de quiénes somos en realidad?

-Sí, una reflexión acerca de las identidades que nos sostienen. Un episodio básico de la novela habla de un caso que conocí personalmente, el de una amiga francesa que, tras sufrir un accidente, comenzó a hablar en inglés, idioma que desconocía. Pero es que también otro pasaje se orienta hacia esos misterios, el del estudio del ADN que se hizo a los alumnos en algunos colegios catalanes, según el cual se demostró que muchos de ellos no se correspondían con el ADN paterno...

-¿Qué sentimientos le quedan a la autora cuando pone el punto final a una novela?

-Son sentimientos contradictorios. De un lado, me da pena porque has compartido muchos días y desvelos con esos personajes, estando a solas con ellos, perfilándolos. Y tienes que decirles adiós, porque ya han dejado de ser tuyos. Pero, asimismo, se produce la alegría del trabajo hecho y la confianza de que tus personajes irán a parar a buenas manos, las de los lectores.

-¿Algún proyecto nuevo?

-Estoy esperando la conexión...

 

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