Jorge Volpi, en el nombre del padre

El escritor Jorge Volpi./
El escritor Jorge Volpi.

El escritor mexicano continúa la larga tradición del duelo por el progenitor perdido en ‘Examen de mi padre’, donde une la biografía, el ensayo y la divulgación

ÁLVARO SOTOMadrid

De Jorge Manrique a Karl Ove Knausgård, escribir de la muerte del padre es una tradición literaria de largo y ancho recorrido. A ella se suma ahora el mexicano Jorge Volpi (1968), que publica Examen de mi padre (Alfaguara), un volumen en el que la biografía del progenitor se confunde con un ensayo sobre México, un tratado médico o un libro de música. «Siempre me ha gustado esa mezcla de géneros y cuando decidí escribir sobre mi padre, no solo quería hablar de él, sino sobre todos los temas que le importaban: la medicina, la cultura, el arte, la historia... Y acabó siendo un libro sobre el cuerpo, sobre el cuerpo social y sobre mí», cuenta el celebrado autor, una de las voces más respetadas de las letras hispanas actuales.

De esta manera, el retrato del padre se torna también en un retrato del propio Volpi, que por primera vez en su carrera se adentra en el espacio de la autobiografía. «Hasta ahora, en mis obras, había vestido la autobiografía como ficción, pero al escribir de un momento tan importante en mi vida, me di cuenta de que debía desnudarme, ser totalmente sincero sobre cómo veía a mi padre y sobre cómo me veo a mí mismo», explica.

¿Y cómo era su padre? «Muy conservador, católico, de educación muy estricta, pero al mismo tenía la flexibilidad que le daba ser un buen hombre», asevera Volpi. También era un «perfeccionista extremo», algo «muy desgastante para su familia, los que le hemos rodeado». Su mujer, la madre de Volpi, estaba sometida a un examen constante. Los hijos, también. «Él aspiraba siempre a la perfección y su ejemplo me sirvió a mí para tratar de ser perfecto en algunas cosas, pero también para darme cuenta de que en otras uno no tiene que serlo».

Y más sobre su carácter. Repudiaba al PRI, odiaba el tráfico de influencias, se retorcía de asco ante la corrupción que asolaba su país... Que fuera un inconformista se convirtió al final en una paradoja que acabó golpeándole por el lado de sus vástagos. Porque este «virus» del inconformismo se lo transmitió a sus hijos, y Jorge Volpi sonríe cuando rememora cómo funciona esta «dinámica natural». «La primera víctima de ese virus es quien te lo da, así que mi padre tuvo que soportar el inconformismo de sus hijos». La relación de los Volpi fue buena, pero también, «un combate», y ponerlo sobre el papel es una manera de prolongarlo.

Si no se escribe, el recuerdo se escapa como agua entre los dedos. «Así funciona la memoria», constata Volpi. «El cerebro no está hecho para recordar fielmente, sino para quedarse solo con patrones del pasado que sirvan para hacerte una imagen en el futuro. Los recuerdos adelgazan con el tiempo y el olvido es una herramienta natural del cerebro, la pérdida de información no es un error. Si uno no hace el ejercicio de recordar, lo que hace es olvidar».

La condición de cirujano del padre permite a Volpi escribir sobre la historia de la medicina; la afición de Volpi padre a la música le ofrece la oportunidad de divagar sobre los gustos melómanos del progenitor. «El ejercicio poco usual de dedicar tres horas al día durante un año a pensar en mi padre de una manera sistemática permite tener una imagen de él más completa y más profunda», afirma el autor de, entre otras, obras como La paz de los sepulcros, El temperamento melancólico, El jardín devastado o En busca de Klingsor, con el que consiguió el premio Biblioteca Breve.

La presencia de México como un elemento más del paisaje del libro permite al escritor diseccionar la historia y la política de su país. «Tenía ganas de contar el vínculo de una persona con su tiempo y recordar el México que vivió y vio mi padre, el México que esperaba haber vivido, mucho más próspero, más equitativo y más justo, y el México que le tocó vivir, tan lleno de problemas», explica Volpi.

La realidad, con la llegada de Trump al poder en Estados Unidos, supera los augurios más pesimistas. «A todos los problemas internos de justicia, desigualdad, violencia y corrupción ahora le sumamos una amenaza externa que no habíamos imaginado en un siglo. Estamos viviendo un momento terrible, mucho más de lo que nos damos cuenta. Lo de Trump me recuerda a los primeros años del nazismo. En el país hay frustración, rabia con Trump, rabia con nuestro gobierno, que no ha sabido enfrentarlo, y miedo a lo que le pueda ocurrir a los millones de mexicanos que viven en Estados Unidos», concluye.