Ignacio del Valle: «Los artistas somos muy frágiles y egocéntricos»

Ángel de la Calle, Ignacio del Valle y Luis Rubio Bardón, en el Ateneo Jovellanos de Gijón donde presentaron 'Índigo mar'. /
Ángel de la Calle, Ignacio del Valle y Luis Rubio Bardón, en el Ateneo Jovellanos de Gijón donde presentaron 'Índigo mar'.

El escritor asturiano presentó en el Ateneo Jovellanos de Gijón 'Índigo mar' con el patrocinio del Aula de Cultura de EL COMERCIO

ALBERTO PIQUERO GIJÓN.

Interrumpiendo la prestigiosa y exitosa serie novelística que tiene por protagonista a Arturo Andrade y que en el caso de 'El tiempo de los emperadores extraños' fue adaptada al cine con el título de 'Silencio en la nieve', Ignacio del Valle (Oviedo, 1971) vuelve a sorprender a los lectores acudiendo a otros derroteros narrativos, sumergiéndose en una obra, 'Índigo mar', que traslada a una isla a la que llega un escritor con todos sus fantasmas mientras amenaza una tormenta.

Ayer fue presentada en el Ateneo Jovellanos, introducida por el vicepresidente de la institución, Luis Rubio Bardón, y por el codirector de la Semana Negra Ángel de la Calle, quien también estableció un fructífero diálogo con el autor. El acto estuvo patrocinado por el Aula de Cultura de EL COMERCIO.

Cuatro fuentes de inspiración reconoció Ignacio del Valle en la germinación de la novela. A saber, 'Solaris', de Stanislaw Lem; 'La invención de Morel', de Bioy Casares; la película 'Tierra', de Julio Medem -«interpretada por uno de mis mitos eróticos, Silke», señaló- e Iván Bunin, el escritor ruso, por lo que se refiere «a colores y atmósfera».

Hay sexo en las páginas de 'Índigo mar', lo que favoreció algunas licencias humorísticas durante la conversación. «En todo caso, si es sexo autobiográfico, no he hecho nada que no haya hecho todo el mundo», bromeó.

La estructura fundamental de la novela, sin embargo, atiende a las reflexiones que giran en torno al oficio de la propia escritura literaria, «sus tensiones, nudos, miedos, desasosiegos y ambiciones». Siempre previniéndose para no incurrir en aridez, «porque hay que hacer entretenido incluso a Leibniz (filósofo alemán del XVII/XVIII)».

Está presente asimismo la soledad. Y a ese propósito, Ignacio del Valle habló de «la esquizofrenia de los escritores, que nos sentimos los amos del calabozo (de la obra) y casi semidioses, gobernando sin incertidumbre; mientras que la vida nos somete a incertidumbres. El modo de resolverlo es mediante el análisis y la creación». Abundando en la definición de los artistas, sumó su condición de «muy frágiles», motivo que originaría «un caparazón de egocentrismo -que no de egoísmo- y de vanidad».

Ángel de la Calle advirtió en la lectura que ha hecho del libro «los miedos de la clase media española». Y estableció vínculos metafóricos entre la tormenta que va a asolar el espacio isleño, «venida de muy lejos», y la crisis general que atraviesa el mundo y Asturias.

Ignacio del Valle ya prepara una nueva novela de historias cruzadas y un ensayo en el que volverá a la trastienda del oficio artístico.