«España y Cataluña compiten por quién la tiene más larga, y no lo puedo entender»

Antes de ser poeta y músico, Balmes trabajó en márketing. /
Antes de ser poeta y músico, Balmes trabajó en márketing.

El vocalista 'indie' publica un libro de poemas sobre el amor, la libertad... Paisajes alejados de la actualidad política: «Me fastidia mucho la banalidad que nos rodea»

MÓNICA BERGÓS GIJÓN.

Sus conciertos agotan entradas en pocas horas. Suenan en los 40, en anuncios de televisión, en bandas sonoras de cine... y aun así ellos siguen reivindicando su carácter 'indie'. Santi Balmes, vocalista y letrista de Love of Lesbian, publica ahora un libro de poemas vinculado a 'Poeta Halley', el último álbum de la banda barcelonesa con el que han vuelto a conseguir el Disco de Oro. En las páginas de 'Canción de Bruma' (Principal de los Libros) reflexiona sobre el amor, la libertad, el paso del tiempo. También imágenes llenas de fantasía, apuntes para canciones y poemas que no llegaron a ser musicados.

¿Cómo es Bruma, esa ciudad interior de la que escribe?

Está llena de personajes antagónicos. Viven varios personajes dentro de mí, y yo hago de moderador. Como un equilibrista que lucha contra oleajes muy distintos.

¿Ha visitado 'el país de los seres libres' al que hace referencia en su libro?

De alguna manera sí. Estuve a punto de no llegar. Al final tuve la grandísima suerte y la constancia para dedicarme a la que era mi vocación. Pero durante algunos años estuve frustrado intentando combinar dos vidas que no tenían nada que ver.

¿Cuáles?

Tuve varios trabajos en departamentos de marketing y en compañías aéreas, que compaginaba con la música. Por otro lado, también hablo de libertad en un sentido más amplio. La profesión no es prioritaria. Es un tema de apertura mental, de ser autónomo con tus decisiones, y eso es mucho más profundo que dedicarse a una u otra cosa.

En la página 242 del libro explica cómo se fraguó la colaboración con Serrat en la última canción de 'Poeta Halley', donde él recita unas estrofas.

Se dieron una serie de casualidades. Su hija Candela estuvo en uno de nuestros conciertos.

Ella es muy fan de Love of Lesbian.

Sí... y le preguntamos si nos podía facilitar el email de su padre. Aquella semana esperando que contestara fue como esperar las notas de la selectividad. Y luego grabar con él fue increíble. Es uno de mis grandes ídolos.

Hay quien acusa a Love of Lesbian de haberse convertido en 'mainstream'.

Es mentira. Pero al 'indie' le pasa como a la izquierda, está muy dividido. Cuando alguien sale un poco del redil o rompe la burbuja de una sala de 500 personas se le empieza a señalar como si fuera del Frente Popular de Judea. «Disidente, disidente», te dicen, como pasaba en 'La vida de Brian', de los Monty Python. El movimiento 'indie' son cuatro gatos en realidad. Y luego está el ejército romano, que es el 'mainstream', que van todos a una como Fuenteovejuna.

Pero la banda suena en los 40.

Pero sólo unas siete veces habremos sonado. Si escuchas la cadena, ves que se está dando apoyo a Beyoncé y a Katy Perry, y a cualquier fabricante de hits que parecen siempre el mismo.

En uno de sus poemas define a España como una «dulce ratonera, un camposanto ideal para las ideas muertas».

Me fastidia mucho esa demora para tratar los temas importantes de este país. Esa actitud de post siesta que hace que políticamente llevemos años de retraso, cuando podríamos estar a la cabeza en temas como el cambio energético. Ese inmovilismo, esa manera de no escuchar. Lo ves en los programas de televisión, en las tertulias.

¿Se impone la mediocridad?

Más que la mediocridad, diría que la frivolidad, la banalidad. Se le mete cachondeo a todo y las cosas importantes no se acaban debatiendo.

¿Cómo vive el choque de trenes Cataluña-España?

Consternado por las dos partes. No puedo entender esa manera de competir por ver quién la tiene más larga. 'No te voy a dejar hacer el referéndum, pues yo lo voy a hacer'. En realidad, es un carácter muy ibérico por las dos partes. El hispanista Ian Gibson habla de una República Federal Ibérica. Sería ideal y contentaría a muchos. Tendríamos que ir a parar ahí. Sin rupturas traumáticas, pero dejando que cada pueblo se desarrolle como quiera.

En Cataluña se le pregunta siempre por qué no canta en catalán.

Soy catalanoparlante, pero la cultura pop y literaria la tengo en castellano. Cada lengua me activa un hemisferio distinto, unos recuerdos emotivos distintos. De adolescente, el catalán era la lengua con la que hablaba con mis abuelos, mientras que el castellano lo utilizaba para ligar.

 

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