«Los años ochenta fueron violentos e implacables con el débil, no los idealizo»

Kiko Amat presenta su quinta novela en Gijón. /  EUGÈNIA BROGG
Kiko Amat presenta su quinta novela en Gijón. / EUGÈNIA BROGG

Mañana presenta su quinta novela, 'Antes del huracán', en el Toma 3 de Gijón, de la mano del músico Igor Paskual Kiko Amat Escritor

GUILLERMO MAESEGIJÓN.

Kiko Amat (San Baudilio del Llobregat, 1971) narra con estilo irreverente y descarado la historia de Curro: Un niño que lucha por superar los traumas de su vida y el yugo familiar en los 80 y que en el 2017 harto de ser un enfermo mental planea huir del manicomio. Una historia que explora los caminos entre la rareza y el delirio. Se titula 'Antes del huracán' y lo presenta mañana, de la mano del Aula de Cultura de EL COMERCIO y con presentación del músico Igor Paskual en el Toma 3, a las 21 horas.

-Con 'Antes del huracán', ¿cree que hay una progresión en su carrera literaria?

-Hay una elevación del estilo, decidí subirlo pero sin convertirlo en críptico. Quise deshacerme de una serie de tics literarios que llevaban conmigo desde los inicios, aunque mi universo literario siempre será el mismo: clase obrera semiviolenta, del delta de Barcelona, años 70 y 80 y niños raros y dañados.

-Es un autor autodidacta que no ha acudido a ninguna escuela de escritura, ¿cómo preparó esta novela que narra el complejo mundo de un niño y un demente?

-Ni a escuela de escritores ni casi a ninguna (ríe), no llegué a terminar el bachiller. Desconfío de las novelas que requieren una documentación excesiva, el mundo en el que hablo en esta novela es mi mundo. En mi pueblo natal había uno de los manicomios más grandes de España, era normal vivir entre enfermos mentales y lo mismo con familias que se encaminaban hacia la catástrofe. En esta novela tan solo he tratado de poner en funcionamiento la memoria.

-¿Le resulto difícil dibujar la personalidad e inquietudes de Curro?

-Crear su mirada con la serie de catástrofes que le suceden fue una de las cosas más complicadas de la novela. Es peligroso que el niño sepa demasiado, no me gustan las novelas irritantes donde jóvenes de diez años reflexionan como señores.

-Dice que en su pueblo convivían con los enfermos en el día a día, ¿recuerda cuáles eran sus reflexiones en su infancia sobre ellos?

-Primero pensaba en que «toda esta gente fueron niños» y después me planteaba sobre cuál era el punto en el que te ganabas la categoría de loco, sobre cuándo se rompía esa pequeña membrana que nos separa de la cordura.

-La narrativa oscila en dos épocas, una de ellas es la de los 80. ¿Cuál es su radiografía de aquellos años?

-No la idealizo, es más, todo lo contrario y creo que es una de la razones por las que no me he hecho rico. Abunda la mirada rosácea hacia el pasado y mis libros no son nada nostálgicos. No quiero destruir la memoria de aquellos años, pero en mis novelas lo pinto como yo lo viví; una década violenta e implacable con el débil y el raro.

-¿Todos tenemos un punto de Curro en nuestra vida?

-Creo que sí. Te lo digo burdamente, yo no estoy loco certificado, ni siquiera me he medicado para ello, pero para plasmar la personalidad de Curro solo tuve que rebuscar en mis carencias y en mis pequeñas demencias no certificadas. A partir de ahí, les pegué una patada de hipérbole para elevarlas, pero en el fondo el germen es el mismo.

-Humor inglés, humor negro, hay espacio para el humor en su texto, ¿lo usa como medicina?

-Lo es, nos enfrentamos a la desazón, la pesadumbre y tristeza con humor, en mi caso negro, grotesco y salvaje. Tim O'Brien, escritor americano, dice que «la risa y el humor no sirven para evadirse de la tristeza sino para enfrentarte a ella» y yo he intentado que en mis libros sea así, que las partes más tristes y terribles sean explicadas con humor negro, salvaje o sangriento.

-¿Qué ambiciona para el futuro?

-Mi prioridad es seguir escribiendo.

Quiero dejar un legado de al menos diez novelas y ahora estoy con una nueva que tendrá mucho gamberrismo y ultraviolencia. Me lo estoy pasando muy bien escribiéndola.

-¿Tiene buen público en Gijón?

-Desde mi segunda novela siempre he tenido la sensación de un potente seguimiento allí, voy a mi «gol sur». De mi vieja guardia de lectores, hay muchos en Gijón.