El archivo personal de José Hierro ya es de todos

El poeta recibió el Príncipe de las Letras en 1981 de manos del hoy rey Felipe VI. /  E. C.
El poeta recibió el Príncipe de las Letras en 1981 de manos del hoy rey Felipe VI. / E. C.

Los herederos del primer Premio Príncipe de las Letras hicieron ayer efectiva la donación en la Biblioteca Nacional

PACHÉ MERAYO GIJÓN.

Fue el primer Premio Príncipe de Asturias de las Letras de una historia que, ahora con nombre de Princesa, ya cuenta 38 años. Fue también José Hierro Nacional de Literatura, Nacional de Poesía en dos ocasiones, de la Crítica en tres, Premio Cervantes y Premio Reina Sofía de Poesía, pero sobre todo un gran lector y acopiador de libros, que guardaba cartas, manuscritos y documentos históricos de todo tipo, entre los que se encuentra hasta una novela inédita, 'La vida es el fin'. Un auténtico tesoro que hoy es ya de todos. Ayer sus herederos, viuda, hijos y nietas, lo donaron a la Biblioteca Nacional.

Se trata de un conjunto de más de 3.500 documentos de distinta naturaleza entre los que se encuentran más de 600 manuscritos, así como una variada correspondencia con otros escritores y poetas, como por ejemplo el asturiano Ángel González, con el que compartío varias tardes de verano, o Gerardo Diego, al que vino a rendir homenaje a Gijón, en 1996. Y es que Hierro abrió un vínculo con este Norte aquel 1981 en que el jovencísimo heredero de la Corona, hoy Rey, le entregaba el que estaba destinado a ser uno de los premios más importantes de las letras. De hecho acudió a cuantos encuentros de poesía le invitaban, a dar charlas a bachilleres y hasta a hacer de jurado en un concurso de pintura (Bienal La Carbonera, 1999). No hay que olvidar que una de las pasiones de Hierro, más allá de la escritura, era el arte. Ejerció como crítico durante años y fue ese el primer trabajo que tuvo. Los recuerdos de todo aquello estarán también en su archivo personal recién donado, al que se suma su biblioteca integrada por alrededor de 2.000 ejemplares que recopilan ediciones de sus poemarios, sus obras de referencia y libros de algunos de sus amigos, como una copia dedicada de la obra de Vicente Aleixandre 'La destrucción o el amor'.

Hierro, que murió en 2002, había nacido en Madrid (1922), pero se sentía muy cercano a Santander, donde pasó su juventud y donde cursó estudios de perito industrial, que la guerra civil interrumpió. La misma guerra que le llevó a la cárcel, cuya estancia marco sus versos para siempre.

Vivió también en Valencia, pero pronto regresa al Norte para trabajar como crítico de arte. Dirigió varias puublicaciones de la Cámara de Comercio y de la Cámara Sindical Agraria hasta 1952, año en el que regresa a su Madrid natal para fundar la revista 'Proel' y reanudar su carrera de escritor. Trabajó en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas y en la Editora Nacional. Además, colaboró en las revistas poéticas 'Corcel', 'Espadaña', 'Garcilaso', 'Juventud creadora', 'Poesía de España' y 'Poesía Española', entre otras.

Trabajador lento y minucioso, era tremendamente supersticioso y no podía escribir en su propia casa, por lo que numerosos cafés de Madrid fueron testigos directos de la creación de su obra. Perteneciente a la poesía desarraigada de la generación de posguerra, ahora el gesto de su familia permitirá no solo conservar todo su legado y difundirlo, sino enriquecer la investigación de la poesía de su generación.

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