Ildefonso Falcones: «Barcelona está viviendo un proceso de involución»

Ildefonso Falcones./Efe
Ildefonso Falcones. / Efe

El escritor viaja a la convulsa capital catalana de principios de siglo XX en su nueva novela, 'El pintor de almas'

Álvaro Soto
ÁLVARO SOTOMadrid

Los tres años que ha dedicado Ildefonso Falcones (Barcelona, 1959) a levantar su nueva novela han sido también los más duros de su vida. En este periodo ha sido diagnosticado de cáncer, ha fallecido un hermano suyo y Hacienda le ha reclamado 9 años de cárcel y 3 millones de euros de multa en los tribunales. «Sigo peleando porque considero que es un proceso injusto», afirma el escritor, que viaja a la convulsa Barcelona de 1901 en 'El pintor de almas' (Grijalbo).

El libro retrata de la paradójica capital catalana de principios del siglo XX. Allí prende la revolución proletaria mientras la burguesía se enriquece a manos llenas, y entre los dos mundos se encuentra Dalmau, el protagonista, un joven obrero que gracias a su habilidad con los pinceles consigue tocar, pero no traspasar, las puertas de las casas de los oligarcas.

«En esa Barcelona modernista los burgueses viven en la opulencia y los trabajadores comienzan a darse cuenta de que pueden intervenir en la política a través de la protesta y las huelgas», cuenta Falcones, que retrata una ciudad en la que la pobreza asoma en cada rincón: «En una capital de medio millón de habitantes había unos 10.000 'trinxeraires', niños abandonados por sus familias que mendigaban o robaban para sobrevivir y que dormían en la calle al lado de los hornos de las fábrica. Y las niñas se iniciaban en la prostitución a los nueve años para tener algo de dinero».

Saltando del pasado al presente, Falcones cree que la Barcelona actual «vive un proceso de involución» y está perdiendo «la creatividad y la magia». «Yo lo pienso cuando veo a muchos jóvenes que se manifiestan por la independencia: no saben que los títulos universitarios que están estudiando no vandrán de nada en ningún sitio. Estamos en un mundo de promesas falsas. Barcelona ha sido siempre un reflejo de París y Nueva York y ahora se busca la endogamia y exaltar la cultura propia olvidando la universalidad», argumenta el autor de 'La catedral del mar' (2006), uno de los mayores éxitos editoriales de la literatura en español en la historia.