«Somos buenos y malos en función de la circunstancia»

Marta Robles, en Gijón. /JOAQUÍN PAÑEDA
Marta Robles, en Gijón. / JOAQUÍN PAÑEDA

La escritora Marta Robles hablará el miércoles en el Filarmónica de su última novela en un acto auspiciado por el Aula de Cultura de ELCOMERCIO

PABLO A. MARÍN ESTRADA

Marta Robles (Madrid, 1963) lleva más de tres décadas ejerciendo el periodismo en diferentes medios y es autora de una quincena de libros, entre la biografía, el ensayo o la ficción. Sobre ellos y sobre su última novela 'La mala suerte' (Espasa) hablará el próximo miércoles en el Filarmónica, abriendo el ciclo de Tertulias del Teatro Campoamor en un acto apoyado por el Aula de Cultura de EL COMERCIO. La escritora nos adelanta algo de lo que le gustaría compartir con sus lectores en ese encuentro.

–Su última novela 'La mala suerte', es su segunda incursión en el género negro, una especialidad a la que tardó en llegar…

–Desde niña tuve interés por la novela policiaca. Mi generación se crió con los libros de Enid Blyton y los misterios que resolvían sus protagonistas. Más tarde descubrí a Poe y el género negro pasó a ser algo consustancial a mi vida. Tardé porque soy muy respetuosa y mis primeros libros eran más cercanos a mi actividad cotidiana, hasta que en 2001 publiqué mi primera obra de ficción. Desde entonces en cada novela había algo de trama negra. En 'Luisa y los espejos', al final hay un trhiller pasional muy negro. Ahí estaba el germen de estas dos novelas.

–Y llegó Tony Roures…

–En efecto. Busqué un personaje que pudiera vehicular mis historias y tal vez por mi trayectoria periodística y vital que tuviese algo que ver con ella. Apareció Roures, un ex corresponsal de guerra. Yo no lo he sido, muy a mi pesar, pero siempre he sentido una gran admiración por ellos. Me ha resultado muy grato porque ve la realidad de una manera diferente a la del resto de los mortales: sin juzgar, sabiendo que los hombres somos buenos y malos dependiendo de la circunstancia que nos toque vivir.

–Un detective curtido en la condición humana y por eso sin vocación de justiciero, ¿no?

–Me parecía interesante un personaje que parte de que la realidad no es tan simple como decir 'esto es blanco y esto es negro', hay diferentes tonalidades de gris y esa es la verdadera sabiduría de la vida. El género policiaco actual transciende la perspectiva original del enigma que había que resolver y punto, ahora hay un compromiso moral y un análisis del mal, una radiografía de la propia sociedad. Las novelas negras son una manera de observar con lupa la vida y saber cuándo, cómo y por qué hay personas que cuando están al límite se convierten en héroes y muchas más que pueden convertirse en alimañas.

–'La mala suerte' parte de la desaparición de una chica, un drama con el que nos golpea con demasiada frecuencia…

–Las desapariciones suceden en todas las sociedades y lo más terrible es que de todos esos miles de casos solo unos pocos se resuelven. Y algo aún más terrible es que en muchas ocasiones las personas más cercanas tienen algo que ver con esa desaparición, con lo cual automáticamente las personas del entorno de la víctima se convierten en sospechosas cuando no en culpables a los ojos de la sociedad. A su dolor se suma ese juicio paralelo. Es una doble tragedia que a veces sufren toda la vida.

–Otro asunto esencial de la novela es la maternidad…

–En realidad, la desaparición de Lucía Peña es la excusa para hablar del tema transcendental de esta novela que reside en dos preguntas: ¿qué estamos dispuestos a hacer para conseguir ser padres o madres? Y ¿ser padres o madres es un acto de generosidad o de egoísmo? Es un tema que siempre me ha preocupado y que no había verbalizado hasta hace poco. En 'A menos de cinco centímetros' presento a Roures como un hombre al que acaba de abandonar su mujer porque ella deseaba tener hijos y él no. Ya estaba latente eso que desarrollo en 'La mala suerte'.

–Como escritora y periodista, conoce el valor de las palabras. ¿Qué opina de que se polemice sobre el llamado lenguaje inclusivo e incluso sobre términos como 'violencia de género'?

–Respeto el lenguaje inclusivo, pero creo que debe nacer de la evolución del lenguaje y esta tiene que ver con la evolución de la sociedad. No me gusta que se desvirtúe poniéndolo más al servicio de los políticos que de la gente. Tengo la sensación de que algunos se sienten más satisfechos por decir 'nosotros y nosotras' que por buscar una solución real a un problema tan terrible como el de la violencia de género. Su obligación es hacer que las leyes y la Constitución salgan a la calle y se logre que los hombres y mujeres tengamos los mismos derechos y oportunidades. Es decir: que el feminismo consiga lo que siempre ha buscado y no ninguna otra cosa.