Camilleri se lleva a Montalbano a la tumba

El escritor Andrea Camilleri fotografiado en su casa de Roma en 2008. /  EFE
El escritor Andrea Camilleri fotografiado en su casa de Roma en 2008. / EFE

La muerte del autor italiano, a los 93 años, abre la puerta a la publicación del último libro de la saga de su célebre comisario

DARÍO MENORROMA.

En algún cajón de las oficinas en Palermo de la editorial Sellerio hay un libro que ya puede publicarse. Ahí lleva esperando desde 2015 después de que su autor reescribiera una versión previa de unos años antes. El volumen será a buen seguro una bomba editorial porque culminará una de las más exitosas sagas de novela negra, con millones de ejemplares vendidos en todo el mundo en 30 idiomas diferentes. El último libro sobre las peripecias de Salvo Montalbano, titulado 'Riccardino', puede por fin ver la luz porque el inolvidable comisario siciliano está desde ayer 'huérfano' de su padre literario. Andrea Camilleri, uno de los más grandes novelistas contemporáneos italianos, falleció a los 93 años en el hospital Santo Spirito de Roma, donde llevaba un mes ingresado, debido a un paro cardíaco. Su fallecimiento provocó la esperada catarata de declaraciones de afecto y admiración en Italia, un país que siente adoración por sus creadores.

Considerado uno de los máximos exponentes de la novela negra en el mundo por los treinta volúmenes sobre Montalbano, Camilleri escribió hace unos años el último capítulo de la saga, con el que terminaba para siempre con el comisario. No quería cederle el personaje a ningún otro escritor porque no deseaba que le sobreviviera. «No tengo ninguna intención. Se viene conmigo», contó en una entrevista con este periódico publicada hace dos años. «En 2006 me vino a la mente cómo terminar en un modo que fuese de personaje literario, sin que muriese o se jubilase. Como tenía ya 79 años, me asusté y pensé que era mejor escribirlo de inmediato por si llegaba el Alzheimer o algo similar. Desde entonces yace en los cajones de la editorial Sellerio. Saldrá cuando me canse de Montalbano o ya póstumo».

Camilleri al final no se cansó nunca del atractivo policía, que debe su nombre al escritor español Manuel Vázquez Montalbán, y sus últimas aventuras verán la luz sin que su creador pueda hojearlas en una de las elegantes ediciones con las que Sellerio tiene habituados a su legión de lectores en Italia.

Inventor de palabras

El autor nunca perdió la curiosidad ni las ganas de trabajar. «No puedo dejarlo. Si me paro, muero», contaba ya nonagenario con su peculiar voz ronca, modelada por los cigarrillos Muratti que fumaba sin parar. Decía medio en broma que su familia le había prohibido que lo dejara, porque temía que muriera de inmediato si abandonaba el tabaco.

Sus últimos años no fueron fáciles debido a que un glaucoma lo dejó prácticamente ciego desde 2014, pero no dejó de escribir. Lo hacía dictándole los textos a una asistente. «Una vez superadas las primeras dificultades, he encontrado el modo de visualizar las palabras, que es algo extrañísimo. Es como si las viera formarse».

Esta limitación no le quitó finura a su prosa ni brillantez a su intelecto, que siguió luciendo hasta los últimos momentos para analizar la compleja situación italiana y europea. Siempre se consideró comunista y mostró tanta ilusión por la juventud como desprecio por los políticos de su país. «No me fío de ninguno. Han reducido la política a una pelea continua y han hecho muchas leyes sin arreglar el problema del desempleo y sin dar ninguna esperanza a los jóvenes. Esta política no es digna de su nombre, en realidad debería ser algo elevado e importante. Los únicos que pueden renovarla son los los jóvenes», confesó.

Recuperador de términos lingüísticos propios de su Sicilia natal y en otras ocasiones incluso inventor de palabras, Camilleri no acababa de entender la unánime admiración que generaba su personaje más conocido y el enorme éxito del que gozaban las adaptaciones televisivas. «Temo que venga un día la gente debajo de la ventana de mi casa gritando: '¡Montalbano santo súbito!», contó en una de sus últimas apariciones públicas. Modeló el comisario no tanto a su imagen y semejanza, sino echando mano inconscientemente de una de sus figuras de referencia. «De mí Montalbano tiene poquísimo. En su carácter refleja en cambio bastante de mi padre. No lo descubrí yo, sino mi mujer. Y cuando me lo dijo lo pensé y vi que era verdad».

Otra referencia de sus libros era el gran escritor siciliano Leonardo Sciascia, amigo personal suyo y el primer literato del país que osó centrar en la mafia un libro, el imprescindible 'El día de la lechuza'. Camilleri, en cambio, no se atrevía casi a escribir del crimen organizado porque le daba miedo presentar a los capos como si fueran héroes románticos al estilo de 'El Padrino'. Prefería rascar en sus recuerdos sobre episodios de crónica negra de hace décadas y ubicarlos en su amada Sicilia, la misma en la que desaparecerá Montalbano en su libro póstumo.