El cardenal Omella ve en los 109 beatos claretianos un «ejemplo de perdón en tiempos convulsos»

Un momento de la ceremonia de beatificación de los 109 mártires claretianos, en la Sagrada Familia. /  S. C.
Un momento de la ceremonia de beatificación de los 109 mártires claretianos, en la Sagrada Familia. / S. C.

La Sagrada Familia acoge la beatificación de los religiosos asesinados en la Guerra Civil. «Murieron dando testimonio de entrega a Dios», subrayó el director del Codema

OCTAVIO VILLA GIJÓN.

La familia claretiana, que en Asturias cuenta con el Colegio del Corazón de María, en Gijón y con las parroquias del mismo nombre en Gijón y en Oviedo, vivió ayer un día a la par glorioso y de contenido dolor. Fue con motivo de la ceremonia de beatificación de los 109 religiosos de la orden claretiana que sufrieron martirio durante la Guerra Civil. Los 109 nuevos beatos pertenecían a las comunidades de Cervera-Mas Claret y Solsona (60), de Barcelona (8), de Sabadell (8), de Lleida (11) y de Vic -localidad natal del fundador de la orden, San Antonio María Claret- y Sallent (15).

El acto se celebró en la basílica de la Sagrada Familia en Barcelona, bajo la presidencia del cardenal arzobispo de Barcelona, Juan José Omella, quien instó a «que el testimonio de estos jóvenes que mueren implorando la paz nos ayuden a vivir generosamente nuestra fe también en estos momentos de nuestra historia. Que nos ayude el Señor a ser portadores de paz, reconciliación, amor y respeto a todas las personas favoreciendo siempre ámbitos de diálogo, de conocimiento mutuo y entendimiento, y que la sagrada familia de Nazaret nos ayude a vivir siempre como hermanos, como miembros de una sola familia». Omella puso a los nuevos beatos como ejemplo de «reconciliación en tiempos convulsos» así como de «firmeza de fe, perdón y amor».

El prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos del Vaticano, el cardenal Angelo Amato, que pronunció la homilía, recordó el grito de toda Barcelona tras los atentados de agosto en Las Ramblas y Cambrils, el 'No tinc por!' (No tengo miedo) y lo vinculó a la actitud de los beatos: «Nada puede herir al hombre porque tiene un potente antivirus, que es su vocación a la vida y no a la muerte».

Amato recordó la historia de algunos de los mártires que encabezan el grupo beatificado ayer: el sacerdote Mateu Casals, el estudiante Teófilo Casajús y el hermano Ferrán Saperas. Su «único delito», según Amato, fue «ser católicos».

En la ceremonia participó una delegación asturiana de la orden, con el director del Colegio del Corazón de María, Simón Cortina, a la cabeza, junto al párroco de Gijón, Juan Lozano; el exdirector, Alfredo García, y el padre Pedro Belderrain, langreano y superior provincial de la provincia de Santiago, que incluye a Asturias. Cortina subrayó que los beatos «murieron dando testimonio de entrega a Dios y perdonando a sus verdugos. Pudieron salvar la vida renegando de su fe y creencias y no lo hicieron».