Cinco años de soledad

Gabriel García Marquez murió el 17 de abril de 2014, a consecuencia de su recaída en un cáncer linfático. /  DANIEL MORDZINSKI / EFE
Gabriel García Marquez murió el 17 de abril de 2014, a consecuencia de su recaída en un cáncer linfático. / DANIEL MORDZINSKI / EFE

Los homenajes y el anuncio de que su obra maestra será llevada al cine enmarcan el aniversario de la muerte de García Márquez

CÉSAR COCA

Gabriel García Márquez falleció el 17 de abril de 2014 en Ciudad de México, tras recaer en el cáncer linfático que le habían diagnosticado y tratado quince años atrás. El escritor había desaparecido mucho antes. Como el personaje de Jeremiah de Saint-Amour, con cuya muerte comienza 'El amor en los tiempos del cólera', se había puesto a salvo de los tormentos de la memoria. No con un sahumerio de cianuro de oro, sino como víctima del alzhéimer que poco a poco devoró sus recuerdos. Cinco años después de su desaparición, se multiplican los homenajes y las noticias en torno a aspectos de su obra, pero se mantienen algunos enigmas.

Un novelista se alimenta de sus recuerdos. En el caso de García Márquez, son vitales los de la infancia: su niñez en Aracataca; los relatos mágicos de su abuela y las experiencias del abuelo que esperaba una carta que le reconociera una pensión; los amores de un padre radiotelegrafista y una madre hija de buena familia a quien trataron de alejar de su pretendiente; las profesoras de música que le suministraron una mentira piadosa cuando le dijeron que el piano estaba averiado y no podrían darle clase; los barcos de ruedas que navegaban por el río Magdalena.

Cuando en 2006, en la que sería su última entrevista, anunció que había dejado de escribir, dio una pista sobre los males que le aquejaban: no se trataba del cáncer del que le habían tratado y que él atribuyó a sus muchos años fumando tres cajetillas diarias «de tabaco bárbaro». El problema era que tenía solo 79 años pero se estaba quedando sin recuerdos. Como confesó a un político amigo suyo en un encuentro que tuvieron poco después, podía suceder que en un momento de la conversación no recordara su nombre o, si no había olvidado el nombre, no supiera quién era. El alzhéimer como sustituto del cianuro.

Durante estos cinco años, sus lectores se han alimentado de reediciones de sus libros y de la publicación de pequeños textos que no habían tenido una difusión masiva: básicamente notas periodísticas y discursos. Además, no ha cesado la publicación de libros de recuerdos de amigos y allegados así como ensayos que abordan su obra desde todas las perspectivas imaginables. La compra de sus archivos por el Harry Ransom Center y la posterior donación a la Universidad de Texas puso en diciembre de 2017 a disposición de quien esté interesado 27.500 documentos (manuscritos, galeradas, cartas, fotografías) entre los que se encuentran también algunos inéditos.

Precisamente sobre los inéditos se mantienen algunas incógnitas. Se sabe que el Nobel colombiano había terminado un relato del que existen varias versiones y que es conocido con el título 'En agosto nos vemos'. La idea inicial de Gabo era que formara parte de un libro que girara en torno al amor y que agrupara varios textos a caballo entre el cuento largo y la novela corta, lo que los franceses llaman 'nouvelle'. Uno de los relatos cobró vida propia (seguramente cuando el mismo autor fue consciente de que no podría terminar su proyecto). Es su última novela: 'Memoria de mis putas tristes'. No ha trascendido si 'En agosto nos vemos' tiene una versión definitiva ni si hubo más textos para ese volumen.

Lo mismo sucede con las memorias. En los archivos de Texas hay un documento de 32 páginas destinado al segundo volumen. Nunca ha sido publicado. Pero tampoco se sabe si hay más, porque la familia no lo ha aclarado. García Márquez anunció al publicar 'Vivir para contarla', que serían tres volúmenes, uno de los cuales estaría destinado a narrar sus relaciones con un puñado de dirigentes políticos.

En algún momento, sugirió que ese libro no vería la luz hasta que no murieran sus protagonistas. Se suponía que Fidel Castro era uno de los más relevantes. Cuando el líder cubano falleció, en noviembre de 2016, no pocos pensaron que quizá fuera el momento. Pero, o bien es preciso seguir esperando o quizá simplemente el libro no existe porque no le dio tiempo a abordar ese proyecto.

Mientras se aclaran esas dudas, si tal cosa ocurre, se suceden los homenajes. Barcelona, donde vivió a raíz del éxito fulgurante de 'Cien años de soledad', entre 1967 y 1975, organiza una semana con numerosos actos que recuerdan su estancia en la ciudad. El año próximo se celebrará también allí un festival de periodismo del estilo del que se organiza en Medellín, a cargo de la Fundación Gabriel García Márquez de Nuevo Periodismo Iberoamericano.

Rodaje cuestionado

Nadie ha criticado homenajes, reediciones ni publicaciones con textos menores del colombiano. En cambio, el anuncio del rodaje de una serie para Netflix a partir de 'Cien años de soledad' ha hecho que se enciendan muchas alarmas.

Los productores ejecutivos de la serie serán Rodrigo y Gonzalo García Barcha, hijos del escritor. Pero nadie olvida que el Nobel recibió suculentas ofertas para llevar su novela al cine y se negó siempre. El escritor, que siguió cursos de guion en Italia en los años sesenta, firmó algunos textos para el cine, pero tuvo muy poca suerte en las numerosas adaptaciones realizadas por otros. Pese a estar dirigidas por cineastas de prestigio, las más célebres de todas ellas, 'Crónica de una muerte anunciada' (Francesco Rossi) y 'El amor en los tiempos del cólera' (Mike Newell), quedan muy lejos de la calidad de los originales. Solo 'El coronel no tiene quien le escriba' (Arturo Ripstein) respira el mismo aire de la novela. Los grandes novelistas no suelen tener una segunda oportunidad en la pantalla.