«Ser de la cuenca es una forma de respirar»

Jorge Salvador, Aitana Castaño y Rafael Gutiérrez, en la Antigua Escuela de Comercio, en Gijón. / JOAQUÍN PAÑEDA
Jorge Salvador, Aitana Castaño y Rafael Gutiérrez, en la Antigua Escuela de Comercio, en Gijón. / JOAQUÍN PAÑEDA

Aitana Castaño presenta en Gijón su trabajo a medias con Alfonso Zapico, 'Los niños de humo' | Los cuentos, ilustrados por el dibujante y con textos de la periodista, retratan «un mundo que ya se perdió y nosotros conocimos»

PABLO A. MARÍN ESTRADA GIJÓN.

«Un libro que tiene el tacto del carbón, el sonido de un teléfono que siempre suena a deshora y el olor a humo de los niños de la cuenca». Así describió el librero Rafael Gutiérrez Tascón el volumen de relatos 'Los niños de humo' (Pez de Plata) de la periodista Aitana Castaño (Ciañu, 1980) que ayer se presentó en la Antigua Escuela de Comercio en un acto apoyado por el Aula de Cultura de EL COMERCIO y que abrió su colega Pachi Poncela leyendo uno de los textos. La autora langreana llenó el salón de actos con una nutrida representación de esa «media Asturias que la sigue en las redes sociales» -en palabras del responsable de La Buena Letra-, o en sus crónicas de «periodista de caleya» -como ella misma se define-, para arroparla en la puesta de largo de esta obra ilustrada por el dibujante Alfonso Zapico que ya va camino de su segunda edición y que aúna realidad y ficción, drama y humor para retratar «un mundo que muere o que ya se perdió y que nosotros conocimos», señaló la escritora.

Castaño recordó sus conversaciones con el ilustrador asturiano afincado en Angouleme de las que surgió el proyecto del libro y en las que este apuntaba que «somos la primera generación de les cuenques que no tien un trabayu relacionado con la mina» y afirmó que este libro «es una deuda que saldamos con la gente de allí», aunque no se trata de una obra de carácter localista, sino que «cuenta historias de la vida corriente que cualquiera podría entender y emocionarse». Muchas de estas -una decena de los 37 relatos- son reales, como la que da título al volumen: «En una exposición de fotos del tren El Vasco alguien me contó que a los guajes de Mieres que viajaban en él a Oviedo se les conocía porque olían a humo» y otras de ese universo propicio a la fantasía cercana al realismo mágico y siempre teñido de humor, porque «los de allí somos como los argentinos, llevamos ya 50 años de crisis», aseguró la autora, haciendo gala de esa coña hullera.

El propio volumen recrea el mundo de la mina desde su índice dibujado por Zapico como el corte en galerías de un pozo o la lampistería con la que se cierra conteniendo un glosario para los lectores ajenos a esa realidad. Los mismos cuentos basados en historias verídicas se enmarcan en líneas de entibación para diferenciarlos de los otros, que aún ficción «todos tienen un anclaje en la realidad», matizó Castaño.

Historias como la de 'Xicu', que recuerdan a los deportados de las huelgas del 62, las fosas comunes o a esos teléfonos que sonaban -cuando no había móviles- para transmitir el drama en el tajo. Otras se quedaron fuera, como la de la foto de grupo de su abuelo Jesús Castaño 'El Chuchu' -que la periodista lucía en una camiseta- con compañeros de trabajo un lunes de agosto de 1942: «Lo del lunes no ye casualidad, que los lunes iben a trabayar con la ropa limpia».

El lenguaje de ese mundo juega un papel esencial porque ser de las cuencas es para Aitana Castaño «una manera de respirar y hablar». El asturiano está muy presente en cada línea, aunque declaró haber escrito el libro en castellano «por el cariño que-y tengo a la llingua asturiana. Soy partidaria de la oficialidad, pero no me sentía capacitada para escribir en ella». Como colofón, la periodista se arrancó a echar una cantarada: 'Carbonera', con la que acabó metiéndose definitivamente al público en su bolsillo.

 

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