«Es una desfachatez la forma en la que la administración despacha la pobreza»

La escritora Sara Mesa.
/MARÍA GIL
La escritora Sara Mesa. / MARÍA GIL

La autora comparece esta tarde en el Ciclo Palabra del Niemeyer, donde hablará de su carrera y de su último obra, 'Silencio administrativo' Sara Mesa. Escritora

JOSÉ L. GONZÁLEZ GIJÓN.

Sara Mesa nació en Madrid (1976), pero desde niña reside en Sevilla. Se nota en el acento de esta mujer que triunfa como escritora de ficción y que se lanzó meses con una historia real en la que narra su odisea ayudando a una mujer que vive en la calle a acceder a la renta mínima. Su título, 'Silencio administrativo'.

-¿Cómo surgió este proyecto?

-Conocí a una mujer en la calle y traté de ayudarla para que obtuviera las prestaciones a las que supuestamente tenía acceso. Tras vivir la experiencia me sentí en la obligación de contar esa bajada a los infiernos.

-En este libro se mete en la piel de un cronista. ¿Fue complicado?

-Me di cuenta desde el primer momento de que era más una crónica que un ensayo. Estudié periodismo y acompasa bien una crónica con una narración, lo que pasa que en este caso es una narración de un hecho comprobable. Si lees el libro, ves que cuento una historia y esos recursos narrativos sí que los tengo. De ahí saco unas conclusiones, algo que se sale de lo normal en mí.

-¿Cómo se acercó a su protagonista?

-La vi varias veces pidiendo en la calle y me llamó la atención, tiene una discapacidad visual. Era un invierno inusualmente frío en Sevilla y me paré a hablar con ella no sé por qué. A diario ves a gente así y no te paras, pero en este caso es como si algo me llamara. Me acerqué a preguntarle si había ido al Ayuntamiento, a Cáritas a preguntar por las ayudas.

-Cuando decide ayudar a esta mujer, ¿qué se encuentra?

-Lo primero que pensé es que esta mujer no tendría los papeles y que ayudándola los conseguiría sin problemas. Lo que me encontré fue lo que es Kafka, que todo es un gran montaje, una gran mentira. Son muy pocas las personas que acceden a esta ayuda, se ponen unos requisitos demenciales, se pone una cantidad de papeleo increíble, lo que no se le pide a nadie se le exige a la gente que menos tiene. Todo está montado para que un montón de solicitudes decaigan por el camino, los plazos se incumplen. Al final es una carrera de obstáculos que muy pocas personas consiguen superar.

-¿Quién tiraba de quién?

-Tiraba yo. Ella es una persona que cumplió con todo lo que se le pidió. Hizo lo que hace nadie, esperar colas, pedir citas, hay requisitos que son bastante humillantes. Ella tuvo el máximo de colaboración, no faltó a una cita. La animé a ir a los sitios, porque ella ya había ido y le habían dicho que no tenía derecho porque no estaba empadronada, por ejemplo, cuando hay una norma desde 2015 que dice que tienes derecho a estar empadronado aunque no tengas una casa. Una persona que no va bien vestida, que quizá no sabe expresarse, es muy fácil quitársela de encima.

-¿Fue para usted un desengaño?

-Total. Iba con la idea de que ser pobre en España es durísimo, pero no tanto. Sobre todo, lo que no tenía ni idea es la desfachatez con la que la administración se despacha el problema. Es un problema muy serio, un porcentaje muy grande de población está en riesgo de pobreza y de eso casi no se habla. Es una cosa que se ha asimilado así y no se mete en la actualidad política.

-¿Por qué cree que no hay voluntad de arreglar el problema?

-Las personas que padecen este problema no son rentables, no dan nada a cambio. Lo explica Adela Cortina, tenemos rechazo al pobre, no se le da lo que merece porque él no te da nada a cambio. Además, hay todo un sistema burocrático que se alimenta de ello, asociaciones, ong's que viven de subvenciones y de todo esto. Hablas con asociaciones reivindicativas o con todo el colectivo que defiende una renta básica y te van a decir lo mismo, que el sistema está montado como una rueda. Es por desinterés, no porque no hay dinero. El sistema está pensado para fallar. Es como hacer unas oposiciones para pobre.

-¿Tiene ganas de volver ficción?

-Sí, soy escritora de novelas y cuentos. No es contradictorio, la literatura es un buen lugar para plantear otras posibilidades, hacer crítica social.