«Si Edgar Allan Poe sale de una zarza ardiendo y viene hacia mí, lo escribo»

Miguel Ángel Gómez. / E. C.
Miguel Ángel Gómez. / E. C.

El filólogo ovetense Miguel Ángel Gómez presenta el viernes 'Sombra', un poemario plagado de referencias metaliterarias y amor

DIEGO MEDRANO OVIEDO.

Miguel Ángel Gómez (Oviedo, 1980), filólogo y docente de Lengua y Literatura en Enseñanza Secundaria, lleva publicados en menos de un año cinco poemarios: 'Monelle, los pájaros', 'La polilla oblicua', 'Pabellón de ciervos', 'Lesbia, etc' y 'Nun me preguntes cómo pasa'l tiempo'. Ahora publica 'Sombra' (Ediciones Camelot), que presenta este viernes (20 horas) en la librería ovetense Santa Teresa, y anuncia otros dos ya contratados ('Canciones acusadoras', 'Abismo').

-¿Es fiebre o enfermedad?

-Es mi enfermedad, decía sin perder la apostura Andrés Calamaro. Escribo porque «el dolor va a terminar». Un poema es una colección de palabras: una mosca con una sola ala y un hombretón cerrando la mano en un puño, unos ojos marrones con la codicia de una india, un rostro delgado y ávido... Y así.

-La obsesión amorosa ocupa buena parte del poemario, pero la reflexión metaliteraria se combina con la anterior. ¿Es así?

-El amor siempre está en mis libros, pero hay todo un tirar para adelante buscando la música de un gran piano de cola cerrado. 'Sin tu amor' es uno de los poemas que yo prefiero, un guiño fulgurante a 'If not for you' del 'New morning', de Bob Dylan. A ver... mi decálogo del escritor debería aumentarlo para acercarlo al 'Dodecálogo de un cuentista', de Andrés Neuman. La alfombra de sus sílabas es tan gruesa que casi me llega a los tobillos.

-Siguen los animales, tal vez conceptuados como estados de ánimo o modelos a seguir ('Las hienas', 'Ah pájaro', 'El ciervo') muy presentes en sus versos.

-En una ocasión sentí que alguien me abandonaba en un rincón en penumbras del bosque. Me quedé frío como el vientre de un sapo. Los ciervos y los pájaros dijeron: «¡Cielos! ¿Qué ha ocurrido? ¡Estás sangrando!». Sus voces sonaban sedantes e hipnóticas. Se convirtieron en mi Ejército de Salvación, menos las hienas que me persiguen frenéticas.

-Alusiones múltiples a la Beat Generation (Kerouac, Snyder, Ginsberg) hacen del texto una especie de viaje al precipicio.

-Las ratas tullidas me critican, tienen la boca como un horno. Nunca me he considerado un poeta de género sino de géneros, al estilo Stanley Kubrick en el cine. Si Edgar Allan Poe sale de una zarza ardiendo y viene hacia mí, lo escribo. Si llegan los poetas aulladores de la Beat Generation a mi entorno luminoso y espacioso, lo cuento. Me siento en un laberinto interminable, como Alicia con el Sombrerero Loco. Trabajo muchas horas en lo que me gusta, pero sin perder los sueños que tuve con 14 años.

-El erotismo ya desde el inicio ('A ti') sitúa al espectador en un marco, el del deseo, que es también el de la velocidad y el autoconocimiento.

-El deseo tiene alas, puede volar cuando aterriza en un almohadón del suelo mientras sigo a Madame Butterfly. Mi erotismo es leve, pero se ha ido incrementando con la publicación de 'Lesbia, etc.' como premio Cálamo de poesía erótica. En septiembre formaré parte de una antología que tiene como trasfondo el erotismo, con prólogo de Josefa Parra. Me da mucha cuota de ilusión.

-Lo cotidiano, cafés o botellas de vino, cajetillas de tabaco o teclas de ordenador, es un modo abrasador de estar en el presente.

-De todos los tiempos, el presente es el más bonito. Mis padres, mi hermano, mi novia, mi gente cercana, son personas especiales, no la mitad de algo. Pienso, por ejemplo, en la portada de 'Sombra', de Federico Granell, que se ocupó de la parte artística del libro. Su sombra me parece familiar, perdida hace tiempo, como el rostro de un pariente muerto hace mucho, como un viejo sueño, como un fragmento de una canción olvidada que se desliza por encima del agua. Tiene el máximo de emoción. Solo se llega a eso a través de la honestidad.

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