«Escribir novelas es más difícil que subir a los Alpes»

Simón Elías. /  E. C.
Simón Elías. / E. C.

Alpinista, guía de montaña y aventurero, presenta su libro 'Las ventajas de ser antipático' en La Buena Letra de Gijón con el Aula de Cultura de EL COMERCIO Simón Elías Escritor

MANUEL ASTUR GIJÓN.

La literatura tiene una gran capacidad para reinventarse y su historia está llena de rebeldes, artistas y aventureros que no quisieron hacer caso a lo que se consideraba correcto. Aún es pronto para juzgar si la obra de Simón Elías (Logroño, 1975) formará parte de los cánones del futuro, pero no para afirmar que él es uno de estos animales extraños, orgullosos y rebeldes tan necesarios. Alpinista profesional, guía de montaña, nudista, viajero y aventurero, lector apasionado, erudito en mil materias empeñado en convertir su vida en su mejor obra y escritor nada común, este logroñés descarado y lenguaraz acaba de publicar su segundo libro 'Las ventajas de ser antipático. Tribulaciones de un aventurero desnudo' (Pepitas de Calabaza, 2018), que presentará en Gijón esta tarde a las 20 horas en la librería La buena Letra con el apoyo del Aula de Cultura de EL COMERCIO, y en Oviedo el sábado a las 19 horas en el Local Cambalache.

-¿Hace planes de futuro o se sorprende a sí mismo?

-Planifico mi tiempo, ya que mi profesión de guía de montaña lo requiere, y más si quiero escribir algún libro de vez en cuando. Pero también me dejo llevar por la aventura diaria e intento sorprenderme a mí mismo haciendo cosas nuevas incluso en lo cotidiano.

-Mientras leía el libro no dejaba de pensar en ese boxeador y poeta de su propia existencia que fue Arthur Cravan, así que no me sorprendió cuando finalmente escribió sobre él. ¿Le ofendería que le compararan con él?

-Es un gran honor que pongan mi nombre junto al de Cravan. Es un tipo que admiro y del que he leído todo lo que he podido encontrar. Desgraciadamente, no escribió mucho, pero eso ayuda a agrandar el mito.

-¿Quiso ser primero alpinista, aventurero o escritor?

-Yo creo que soy las tres cosas y esa mirada pluridisciplinar es la que hace que tenga cosas que contar.

-En algunos momentos me ha recordado a Eliot Weinberger, en su utilización de lo fragmentario, del 'collage' o, si lo prefiere, de la sinfonía para alcanzar la armonía. ¿Es algo meditado o deja que su escritura fluya y que los datos, las historias y los saltos surjan?

-En general, lo que me sale mal es premeditado y lo que me sale bien es más bien fruto de la casualidad. En este libro sabía que quería mezclar temas, hacer una especie de fanzine postpunk, donde meter todas esas cosas que me interesan de lo oscuro, de lo antipático, de lo anómalo. Y si ha salido bien, insisto, es gracias al azar.

-¿Todo lo que cuenta ocurrió? ¿O hay algo de autoliteratura?

-Todo lo que cuento ocurrió y soy fiel a ello, ya que el libro estaba planteado como una gran 'performance' en la que me lanzaba a la primera línea de fuego a vivir aventuras. Literatura de la acción. Pero hay una mirada determinada que dirige el libro y que puede hacer que incluso las cosas más reales parezcan sacadas de una novela.

-Se suele pensar en los alpinistas como en hombres muy machos y serios poco dados a la experimentación; sin embargo dejando de lado las veces que se desnuda por placer a lo largo de la narración, la visión que da de la montaña es mucho más divertida, loca e incluso sexuada. ¿Es usted o los clichés nos ciegan?

-Yo creo que tienes razón en cuanto a que la montaña es un ambiente un poco abigarrado y conservador (en cuanto a la obsesión del montañero por la montaña), pero yo busco ese lado cómico, el tropezón, la tarta que nos golpea en el rostro, en resumen: lo estúpido en medio de una aparente épica.

-El libro está plagado de citas de otros libros. ¿Lee en las épocas de descanso o carga con ese peso extra en las expediciones y en los viajes?

-Leo siempre. En los viajes, en los refugios, en mi casa, en la cola del dentista. Siempre llevo un libro encima.

-¿Escribe porque quiere contar lo que ha vivido o escribe para contárselo a usted mismo?

-Escribo porque quiero entretener, porque quiero que mis lectores pasen un buen rato, como cuando cuentas una historia en un bar y quieres que tus amigos se diviertan. Es la motivación más básica del contador de historias: servir de entretenimiento.

-¿Qué es más difícil, subir una montaña de los Alpes o escribir una novela?

-Yo creo que escribir una novela es mucho más difícil. También mucho más largo y trabajoso. Montañas en los Alpes puedo subir una cada día, pero un libro lleva esfuerzo prolongado y años de trabajo.

-¿Qué opina de que el Princesa de los Deportes de este año se lo hayan dado a unos alpinistas?

-No le presto demasiada atención a los premios ni a los alpinistas. Yo voy a la montaña porque me gusta estar allí, no para cumplir un horario ni superar un reto. Últimamente, me interesa más la mirada del pastor sobre el paisaje que la del deportista.

-¿Preferiría que le dieran el Princesa de los Deportes o el de las Letras?

-Yo prefiero tomarme unas cañas con los amigos o compartir un trozo de salchichón sobre una piedra en un glaciar. La vida es el mejor de los regalos, y vivirla es el gran premio.

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