«Para escribir hay que tener una cierta obsesión»

El escritor Pedro de Silva. /  PALOMA UCHA
El escritor Pedro de Silva. / PALOMA UCHA

El expresidente asturiano presenta hoy en la Escuela de Comercio de Gijón su última novela, 'La moral del comedor de pipas' Pedro de Silva Escritor

M. F. ANTUÑA GIJÓN.

Lo suyo es pasión por escribir. Pedro de Silva (Gijón, 1945) ha tocado todos los palos literarios y se adentra ahora en una nueva aventura de difícil definición. 'La moral del comedor de pipas' (Trea) es una novela filosófica, antisistema, salvaje y divertida. Hoy se presenta en la Escuela de Comercio a las 19.30 horas.

-Diez años sin publicar una novela. ¿Por qué ahora?

-He escrito novela, pero no he publicado por varias razones, una de ellas que a veces le doy demasiadas vueltas a las cosas.

-¿Cómo ha sido el retorno?

-Ya se lo diré a la vuelta. A mí el género novela me interesa mucho, y dentro de ella me ha gustado siempre probar distintos registros. Puedo decir que me ha proporcionado mucho placer escribirla. Y si consigo que se divierta la gente, perfecto.

-¿Hay que tener moral hasta para comer pipas?

-El título tuvo un papel importante, a veces te viene a la cabeza una frase redonda y eso tira del producto. Pero a lo que se refiere es a la moral de la gente que no se da importancia.

-¿Esconde mucha filosofía?

-Tiene bastante. Diría que, por este orden, es una novela muy salvaje en todo, divertida y un poco filosófica.

-Y presenta una propuesta de calado ético...

-Eso dice el editor, pero tiene que ser el lector el que juzgue. Siempre que hablamos del bien y el mal, hablamos de moral. La novela es la lucha a muerte de su protagonista contra los momos, contra unos seres que representan un poco lo que somos. He escrito una novela y no un ensayo para no tener que definir esa moral, para que esté presente en el relato.

-¿Es más fácil llegar así?

-Es completamente distinto. En la novela manejas un material que se llama vida, aunque sea fantástica, y en el ensayo manejas un material que se llama conceptos.

-Pero los conceptos están en la vida.

-Los conceptos hacen pie en la vida, pero la vida es otra cosa, es mucho más rica, fascinante y arriesgada.

-Después de algo tan duro como 'El rector', ¿era necesario hacer este juego entre fantasía y realidad?

-Soy bastante promiscuo en los géneros. Y eso desde un punto de vista editorial no es bueno. Dispersar es contrario a identificarte con una masa de lectores, pero esta es mi vida literaria, es lo que he hecho siempre, viene a petición de mi propia curiosidad. Una historia, real o imaginada, tiene que provocarte sugestión para que puedes transmitirla.

-¿Si usted lo pasa bien, lo pasa bien el lector?

-Esa es la gran duda. Yo me he divertido y todavía me divierto leyéndola.

-Al grano. ¿De qué va la cosa?

-Luca, el protagonista, no ha leído nunca un libro, le parece algo con aspecto de sándwich incomestible. Es un personaje disparatado y delirante que está en lucha contra los momos.

-¿Alguna lectura política?

-No. Él es un rebelde que conectaría con la primera rebelión del hombre, que fue la de los ángeles rebeldes.

-¿No se habrá hecho antisistema? ¿No tendrá algo que ver con Luca?

-Nada. Yo creo que la búsqueda del autor en sus obras es un juego legítimo y seductor que yo practico, porque la literatura surge del afán de disimulo del autor, pero hay novelas, como esta, en las que no.

-¿No tiene ningún momo al que quiera fulminar?

-Soy pacífico e incluso pacifista, pero esas son pasiones secretas.

-¿Se vive mejor en la ficción que en la realidad?

-En la ficción se vive bien y mal, no leemos para sentirnos bien, a veces lo hacemos para sentirnos mal. Pero en la ficción se vive y a veces en la realidad no se vive, por eso vale la pena leer libros.

-¿Busca refugio en la literatura en estos tiempos confusos?

-No más que en otros. No creo que la literatura sea para evadirte de la realidad, sino para meterte en otra.

-Le gusta probar. ¿Lo próximo?

-No hay nada deliberado, en un momento determinado con 'El rector', la figura de Alas me sedujo, me enamoró hasta obsesionarme; ese es el estado en el que hay que escribir, con una cierta obsesión. Hay que dejarse llevar por las seducciones.

-¿Tiene la siguiente novela lista?

-Estoy con una novela larga que tengo que acortar, pero creo que antes que esa se publicará otra. La vocación de escritor consiste en escribir; el castor construye diques y el escarabajo pelotero hace bolas de estiércol, y no es mejor una cosa que otra, pero hay que aceptar tu destino.